Antropología I PDF
Antropología I PDF
Ladaria
INTRODUCCIÓN
A LA
ANTROPOLOGÍA
TEOLÓGICA
evi
EDITORIAL VERBO DIVINO
Avda. de Pamplona, 41
31200 ESTELLA (Navarra)
1993
Nota preliminar
logia teológica, publicada por primera vez en 1983. La nue- Bibliografía básica
va reflexión sobre los mismos temas, transcurridos ya algu-
nos años, ha dado lugar, no a una revisión sustancial, pero
tal vez a modificaciones de matiz y a diferentes acentuacio-
nes. En la medida en que sean acertadas, se han de agrade-
cer a los autores de las nuevas publicaciones sobre la mate-
ria y al estímulo constante de los alumnos de la Pontificia
Universidad Gregoriana.
más directamente esta cuestión, que nosotros podemos dar revelación cristiana no pretende en m o d o alguno ser la úni-
básicamente por conocida. A nosotros nos corresponde dar ca fuente de conocimientos sobre el hombre. Más todavía,
respuesta a otra pregunta: si es Dios el que se revela en su presupone expresamente lo contrario. Sin perder nada de la
Hijo Jesús, ¿qué sentido tiene hablar de lo que la revelación especificidad teológica, la reflexión cristiana sobre el hom-
cristiana nos dice sobre el hombre? Es evidente que éste es bre se ha de enriquecer con los datos y las intuiciones que
el destinatario de la revelación; ¿cómo puede entonces ser proporcionan la filosofía y las ciencias humanas. Pero to-
su objeto? El concilio Vaticano II, en un texto de impor- dos estos contenidos han de ser contemplados bajo una luz
tancia capital, sobre el que tenemos que volver a lo largo de
nueva y más profunda: la de la relación del hombre con
nuestra exposición, ha señalado que Cristo, en la revelación
Dios. Esta es la dimensión última y más profunda del ser
del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre
humano, la única que nos da la medida exacta de lo que
al propio hombre y le da a conocer su altísima vocación
somos: el objeto privilegiado del amor de Dios, la única
(cf. GS 22). En cuanto destinatario de la revelación, el
criatura de la tierra que Dios ha querido por sí misma (Va-
hombre es objeto de la misma. En cuanto destinatario del
ticano II, Gaudium et Spes, 24) y que ha sido llamada en lo
amor del Padre, el hombre llega a saber hasta las últimas
más profundo de su ser a la comunión de vida con el p r o -
consecuencias quién es él mismo. La verdad revelada es
pio Dios u n o y trino.
verdad de salvación. Es precisamente esta verdad la que nos
dice quién es el hombre, al darnos a conocer a qué está Esta relación con Dios, siempre mediada por Cristo,
llamado; hay que presuponer una coherencia básica entre que la revelación nos da a conocer, se nos presenta en una
nuestro ser y nuestro destino si no queremos que éste apa- forma articulada, no simplemente de un m o d o global en el
rezca como algo meramente exterior a nosotros mismos, que no quepa distinguir aspectos o puntos de vista. Más
que no nos plenifica interiormente. En cuanto destinatario aún, para tener una visión completa del hombre desde la fe
de la revelación salvífica, el hombre es, por consiguiente, cristiana es necesaria la distinción entre los aspectos funda-
también, en este modo derivado, objeto de la misma. Desde mentales de nuestra referencia a Dios. Creo que son tres las
este punto de vista tiene sentido la denominación «antro- dimensiones básicas que debemos tener en cuenta:
pología teológica». También por ello se explica la preten-
sión del cristianismo de ofrecer una visión original del 1. La dimensión más propia y específica de la a n t r o -
hombre, conocida en la fe, y, por tanto, objeto del estudio pología teológica es la que hace referencia a la relación de
teológico. Esta visión deriva de lo que la fe nos dice sobre amor y de paternidad que Dios quiere establecer con t o d o s
Dios y sobre su Hijo Jesucristo hecho hombre por noso- los hombres en Jesucristo su Hijo. Volviendo al texto del
tros. Vaticano II (GS 22) al que nos referíamos al comienzo de
estas reflexiones, Jesús manifiesta el h o m b r e al p r o p i o
La propia revelación cristiana, que nos habla de Jesucri- hombre en la revelación del misterio del Padre y d e su
tos como el Hijo de Dios encarnado y de nuestro encuen- amor. El hombre ha sido llamado, «por la gracia», p o r fa-
tro con él en la fe, presupone un conocimiento y una expe- vor divino, a la filiación divina, a participar en el Espíritu
riencia de lo que es ser hombre como sujeto libre y respon- Santo en esta relación que es propia sólo de Jesús. E s t a es
sable de sí. D e lo contrario no podríamos tener ningún ac- la definitiva y última vocación del hombre y de todo h o m -
ceso a Jesús ni al misterio de su encarnación. Por ello la bre, la divina (GS 22, 5). Somos amados por Dios e n su
12 I. INTRODUCCIÓN GENERAL I. INTRODUCCIÓN GENERAL 13
Hijo y estamos llamados a participar plenamente de su vida diversa medida según las circunstancias) bajo el signo del
en la consumación escatológica. pecado, de la infidelidad a Dios propia y de los demás. El
amor de Dios, que nos ha creado y nos quiere hacer sus
2. Pero esta llamada y esta «gracia» presuponen nues- hijos, no ha encontrado en el hombre una adecuada res-
tra existencia como criaturas libres. Nosotros no tenemos puesta de aceptación, sino, ya desde el principio, no sólo la
en nosotros mismos la última razón de ser de nuestra exis-
indiferencia, sino el positivo rechazo. La antropología teo-
tencia. Existimos porque se nos ha dado este don, por la
lógica ha de considerar al hombre en su ser de pecador;
bondad de Dios que libremente quiere darnos el ser. Es
sobre todo se ha de ocupar de lo que la tradición teológica
verdad que Dios nos ha creado para podernos llamar a la
llama el «pecado original».
gracia de la comunión con él. Pero esto no significa que
nuestro ser creatural no tenga una consistencia propia, Contemplar al hombre en su relación con Dios desde
siempre en referencia total al Dios de quien todo lo recibi- cualquiera de estos tres puntos de vista no significa consi-
mos. Más aún, esta consistencia es necesaria para que pueda derarlo aislado de la humanidad y de la relación con los
realizarse esta llamada, que se dirige a nosotros mismos. demás. Ya por su condición creatural, el hombre está lla-
Por otra parte, la condición creatural del hombre no ha si- mado a vivir en sociedad. El pecado original es una mues-
do conocida en primer lugar con Cristo, sino que estaba ya tra elocuente, unque en el sentido negativo, de la solidari-
suficientemente clara en el Antiguo Testamento, la conocen dad humana. Por último, la gracia y el favor de Dios se
otras religiones que se inspiran, al menos en parte, en este vive y experimenta sobre todo en la comunión de la Iglesia.
último (el Islam), y en principio, incluso, podría ser cono-
cida filosóficamente. ¿Por qué, entonces, esta dimensión Hay que notar además que estas tres dimensiones que
creatural ha de ser estudiada por la teología cristiana? ¿No definen nuestra relación con Dios no pueden ser colocadas
podría considerarse un dato previo, adquirido ya? No po- en el mismo plano. La simple enumeración de todas ellas
demos contentarnos con esto, porque la perspectiva desde sin ninguna aclaración no sería totalmente correcta. Las dos
la que en la teología se ha de estudiar la creación y consi- primeras son de orden positivo, responden a la constitu-
guientemente la condición creatural del hombre es nueva, ción del hombre, al designio de Dios sobre él. La tercera
está marcada por Cristo desde el primer instante. N o existe dimensión ha sobrevenido históricamente, y es, además, de
otro hombre sino el que desde el primer momento ha sido orden negativo, algo que no debería ser, que es destructivo
creado a imagen y semejanza de Dios; y todo ha sido crea- del ser del hombre. Pero se trata de una dimensión real,
do por medio de Cristo y camina hacia él. La condición que pertenece existencialmente a nuestra condición huma-
creatural del hombre es un determinante fundamental y to- na, y que por tanto no puede ser dejada de lado. N o ten-
tal de su ser, y ha de ser teológicamente considerado en su dríamos una visión completa de nuestra relación con Dios
propia consistencia en cuanto orientado de hecho a la co- si no la tuviéramos en cuenta. Más aún, nuestra misma con-
munión personal con Dios de la que a la vez es el presu- sideración del hombre como «agraciado» de Dios y objeto
puesto necesario. de su amor sería insuficiente, porque un aspecto esencial,
según el Nuevo Testamento, del amor de Dios manifestado
3. En tercer lugar, el hombre creado por Dios y lla- en Cristo, es precisamente el del perdón misericordioso, el
mado a la comunión con él se halla siempre (aunque en de la aceptación del pecador, de su «justificación».
14 I. I N T R O D U C C I Ó N GENERAL I. I N T R O D U C C I Ó N GENERAL 15
N o hace falta insistir en que estas tres dimensiones o m u n d o que nos rodea es también criatura de Dios. En este
aspectos básicos de nuestra relación con Dios no se refieren m u n d o creado por Dios vive y actúa el ser humano. La
a tres hombres, sino a uno solo. Más útil será notar que no reflexión sobre la creación en general, aunque en rigor p o -
nos hallamos tampoco ante tres etapas sucesivas, que pue- dría hacerse en otro contexto, se halla en íntima relación
dan delimitarse cronológicamente, llamadas simplemente a con la antropología; ya en los primeros capítulos del Géne-
superarse una tras otra en el camino de la vida personal o sis aparece esta conexión. Por ello parece apropiado, y así
de la historia de salvación. Es evidente al menos que nues- se hace con frecuencia en los manuales y en la enseñanza,
tra condición creatural es u n dato permanente; dejar de ser incluir en el ámbito de nuestra disciplina también el estudio
criaturas significa volver a la nada. de esta cuestión. Así se ha hecho tradicionalmente, como
veremos en el siguiente apartado.
Más complejas son las relaciones entre la gracia y el pe-
cado. Aquí sí cabe en principio señalar u n hito de trans- La existencia cristiana en la fe, esperanza y caridad, las
formación, sea en la «historia salutis», sea en la vida de ca- virtudes teologales, es también parte integrante de la antro-
da hombre. C o n su muerte y resurrección Cristo ha venci- pología teológica. Dadas las dimensiones de este volumen
do el pecado y la muerte, y nuestra inserción en él por el no podremos dedicar a este punto una atención específica,
bautismo es un acontecimiento decisivo en la historia per- pero lo tendremos en cuenta sobre todo al considerar la
sonal de cada cristiano. Pero no podemos decir que hasta la historia de los tratados que nos ocupan.
venida de Cristo al m u n d o ho hubiera gracia, ni que a Por último, también la escatología está en conexión con
quienes entonces vivieron no les afectara la voluntad salví- la antropología teológica. Significa el estado de plenitud de
fica universal de Dios, como tampoco que el pecado y sus la humanidad agraciada por Dios. También nos ocupare-
consecuencias se hayan eliminado del todo después de la mos brevemente de ella, aunque, junto a las conexiones con
Pascua, o que desaparezcan completamente en el hombre la antropología, hay que poner de relieve las que tiene ade-
después de su b a u t i s m o . La experiencia cotidiana nos más con la cristología y la eclesiología.
muestra lo contrario: la historia del pecado prosigue en el
mundo, y en el hombre justificado y amigo de Dios persis-
te también el signo del pecado, al menos en sus consecuen-
cias y en el interrogante ante el destino final (lo que no
2. B R E V E S A P U N T E S H I S T Ó R I C O S
significa desconocer la esperanza). Estos tres aspectos que
definen la relación del hombre con Dios se hallan por tanto
unidos, aunque de manera diversa, en cada hombre y en La Patrística y la Edad Media
todos los momentos de la historia.
N o tratamos en las páginas siguientes de exponer la
El estudio del hombre bajo el punto de vista de la rela- evolución de la doctrina cristiana sobre el hombre. Para
ción con Dios, articulada en el modo que brevemente he- ello no bastaría, evidentemente, el poco espacio que pode-
mos expuesto, constituye el objeto fundamental de la an- mos dedicar a esta cuestión. Se trata sólo de explicar algu-
tropología teológica. H e m o s hablado de la condición crea- nos rasgos fundamentales acerca del m o d o de exponerse es-
tural del hombre. Pero no sólo él, sino también todo el ta enseñanza en los diferentes períodos históricos y cómo
16 I INTRODUCCIÓN GENERAL I INTRODUCCIÓN GENERAL 17
se ha ido convirtiendo en una disciplina teológica dentro de la primitiva escolástica'. Desde el momento en que empie-
la dogmática. Es claro que las dos cosas no pueden fácil- za a sentirse esta necesidad de sistematización de los conte-
mente separarse. El modo de exponer una doctrina depen- nidos de la doctrina cristiana a los efectos de su enseñanza,
de en gran medida de la doctrina misma. En este sentido, al encontramos verdaderos tratados específicamente consagra-
hacer la historia de la disciplina teológica diremos también dos a las materias que ahora se agrupan bajo la denomina-
algo de los contenidos esenciales de la misma. ción de «antropología teológica». Esto no quiere decir que
esta distribución haya sido siempre la misma. Acontece
Si, por ejemplo, desde tiempos antiguos en la Iglesia en- más bien lo contrario, como tendremos ocasión de ver a
contramos obras que llevan como título v. gr. De Trinitate, continuación. Pero a la vez tendremos ocasión de compro-
no podemos decir exactamente lo mismo de la materia que bar cómo, a pesar de los cambios que se han verificado, los
ahora nos ocupa si consideramos la 'antropología teológica' esquemas acuñados por los grandes pensadores de la Edad
como un todo. Pero sí hallamos desde el comienzo de la Media han ejercido gran influjo a lo largo de los tiempos y,
teología cristiana reflexiones sistemáticas sobre los prime- en gran medida, lo siguen ejerciendo en la actualidad.
ros capítulos del Génesis; pensemos en el De Principiis de
La antropología teológica, al menos en sus nociones
Orígenes, o De hominis opificio de Gregorio de Nisa. Ade-
fundamentales, se ha tratado en la sistemática de la Edad
más de las exposiciones en torno a la creación (p. ej. De
Media en relación con la creación. El De sacramentis chris-
Genesi ad litteram), hallamos también en los títulos de al-
tianae fidei de Hugo de San Víctor, está estructurado con
gunas obras de san Agustín referencias a problemas concre-
un claro sesgo antropológico. La primera parte de la obra,
tos que ahora estudiamos (p. ej. De natura et grada, De
que estudia las «opera conditionis», trata de por qué ha si-
gratia Christi et de peccato originali, etc.). Es evidente que,
do creado el hombre, cómo ha sido creado, cómo ha caído.
respondan o no los títulos de estas obras a los de nuestros
La segunda parte, sobre las «opera restaurationis», respon-
actuales tratados, las diferencias entre unas y otros son
de a la pregunta de cómo ha sido reparado el hombre, y se
enormes. La enseñanza cristiana sobre el hombre en las di-
centra sobre todo en la redención de Cristo; los temas an-
ferentes dimensiones de su relación con Dios ha sido, sin
tropológicos de esta segunda parte de la obra son más difí-
duda, una parte importante en el desarrollo doctrinal de los
ciles de sistematizar. Hugo influyó en Pedro Lombardo,
primeros siglos de la Iglesia. Pero sería ingenuo buscarla
cuyas Sentencias fueron a su vez muy determinantes en la
solamente en las obras cuyo título nos recuerda de algún
sistemática de la teología medieval. Las materias que nos
modo la actual distribución de las materias teológicas. En
toca considerar se encuentran básicamente en el libro II,
los comentarios a diferentes libros de la Escritura, en las
que trata de la creación (después de haber tratado de Dios
obras que tienen como objeto la lucha contra las herejías,
en el 1. I). Se comienza con la creación de los ángeles, los
se ha ido forjando una antropología que no pierde nada de
seis días de la creación según el Génesis, creación del hom-
su interés por el hecho de que la temática no siempre apa-
bre, el estado del paraíso, la tentación y el pecado d e los
rezca explicitada en los títulos de las obras.
Desde el Símbolo a la Summa; con esta breve frase se ha 1
A. GRILLMEIER, Vom Symbolum zur Summa Zum theologiegeschichtli-
intentado resumir la evolución de la teología y sobre todo chen Verhaltms von Patnstik und Scholasttk, en Mit Ihm und m Ihm Cbristo-
del método de la misma entre el final de la edad patrística y logische Forschungen und Perspektwen, Herder, Freiburg 1975, 585-636.
18 I. INTRODUCCIÓN GENERAL I. INTRODUCCIÓN GENERAL 19
primeros padres. Esto da ocasión a tratar de la gracia y el al alma (no el alma intelectiva creada directamente por
libre albedrío para pasar después al pecado original. La an- Dios, sino la sensitiva, q. 118) y al cuerpo (q. 119).
tropología queda así sustancialmente inserta en la protolo-
El prólogo de la prima secundae señala que, después de
gía. Con todo, ya en el libro I se había tratado, en la línea
haber tratado de Dios y de lo que ha hecho según su vo-
agustiniana, de la Trinidad en el alma. Todavía en el libro
luntad, será el hombre, imagen suya, el objeto de la exposi-
III se estudiarán en relación con la cristología las virtudes y
ción, en particular en cuanto es principio de sus actos por-
dones del Espíritu Santo. El final del 1. IV se dedicará a la que posee el libre albedrío. Para ello hay que empezar por
resurrección. el estudio del fin del hombre, la felicidad perfecta que no se
Bastante más compleja es la distribución de nuestras alcanza más que con la visión de la esencia divina (q. 4, a.
materias en la Summa teológica de santo Tomás. Las no- 8). Se trata después del medio para llegar a este fin, los ac-
ciones fundamentales de la antropología se encuentran en tos humanos, de su bondad o maldad. Los principios de
la parte I; se trata en este lugar del hombre en cuanto es estos actos ocupan a continuación la atención de santo To-
criatura de Dios. Y así la antropología viene después de los más.
tratados sobre la creación de las criaturas espirituales, los Estos principios son de dos clases, intrínsecos al hom-
ángeles, y de las corporales, siguiendo el orden de los seis bre o extrínsecos a él; los primeros son los hábitos, las vir-
días. El hombre, en cuanto es a la vez criatura espiritual y tudes, pero también los hábitos malos, los vicios y pecados.
corporal, viene a sintetizar toda la obra creadora de Dios. En este contexto se trata del pecado original, punto que
En el desarrollo de la antropología se trata primero del al- tendrá especial importancia en los tratados modernos (qq.
ma a partir de la q. 75 (su unión con el cuerpo, sus poten- 81-83); el pecado original es un modo especial de causar el
cias y operaciones, la creación primera del hombre en pecado en otro, «per originem»; pero en la II II, qq. 163-
cuanto al alma). Se comienza luego en la q. 91 con el cuer- 165, volverá a tratar del pecado de los primeros padres, en
po humano, la creación del varón y de la mujer, para termi- conexión con el vicio de la soberbia (contrario a la modes-
nar en la q. 93 con el fin de la creación del hombre, en tia), ya que para nuestro autor en aquélla consistió el pri-
concreto su condición de imagen y semejanza de Dios. En mer pecado. Siguiendo con la I II, después del pecado ori-
muchos de estos puntos las cuestiones filosóficas predomi- ginal se trata de los pecados capitales, es decir, de aquellos
nan en gran medida sobre las teológicas. pecados que son, como el de los primeros padres, origen de
Después del estudio de la creación del hombre, que lle- otros. A continuación se pasa a los principios extrínsecos
va consigo el estudio de su constitución, la primera parte del obrar del hombre, que son la ley y la gracia. Esta últi-
de la Summa prosigue con la exposición del estado y con- ma, de la que en los tiempos posteriores se ocupará con
dición del hombre creado en primer lugar, el «estado origi- tanta abundancia en prolijos tratados, tiene en la Summa
nal» (qq. 94-102). El estudio de k creación se completa con una extensión más bien modesta (qq. 109-114), sobre la ne-
el del gobierno del mundo, por parte de Dios, y la acción cesidad de la gracia, su esencia, divisiones de la gracia, su
de las criaturas, primero los ángeles (y demonios) y luego primer efecto que es la justificación, el mérito). Los proble-
los hombres (qq. 113-119); entre estas acciones del hombre mas dogmáticos y morales se encuentran entremezclados
interesa especialmente la propagación (traductio) en cuanto en estos capítulos.
20 I. INTRODUCCIÓN GENERAL I. INTRODUCCIÓN GENERAL 21
Y lo mismo ocurre en la II II, que se ocupa, según el en las virtudes y en los dones ocupa la mayor parte de esta
prólogo, de las cuestiones morales en particular, después de sección. Después de los sacramentos, la séptima y última
la «consideración general de las virtudes y de los vicios». parte del Breviloquio se ocupa del juicio final. Ciertamente
Las virtudes teologales y cardinales y los vicios a ellas no puede no apreciarse la estructura de esa obra, sin duda
opuestos ocupan la casi totalidad de esta parte. Quedan al más cercana a la de los modernos tratados que la Summa.
final de la misma unas breves cuestiones sobre los estados Pero también aquí aparece con claridad la dispersión de las
particulares. La moral, tal como se constata en la Summa, enseñanzas sobre el hombre.
abrazaba entonces materias tratadas ahora con frecuencia
en la dogmática.
No hallamos cuestiones directamente antropológicas en La época postridentina
la tercera parte. Pero debemos notar que en el propósito de
santo Tomás, no llevado a término como es sabido, al estu-
Los problemas fundamentales que afectan a nuestra ma-
dio de la cristología y de los sacramentos debería seguir el
teria fueron objeto de aguda discusión en los tiempos de la
del fin de la vida inmortal al cual se llega, mediante Jesu-
Reforma y de las controversias que siguieron al concilio de
cristo salvador, en la resurrección.
Trento (Bayo, controversia de auxiliis, jansenismo...). N o
Una obra de características diversas de las de la Summa, es extraño, por tanto, que muchos de estos temas adquieran
el Breviloquium de san Buenaventura, trata de la creación actualidad, a la vez que obligan a un replanteamiento de la
en la parte 2, inmediatamente después de haber estudiado la sistemática teológica. Se independizan los estudios sobre la
Trinidad. Después de la creación en general y de la crea- gracia en los tiempos mismos del concilio de Trento (cf. p.
ción de los ángeles, se trata del hombre y de su producción ej. Domingo de Soto, De natura et gratia, París 1545). Y
como cuerpo y como espíritu. La parte 3 se ocupa del pe- van tomando mayor importancia, también en relación con
cado; comienza con el pecado de los primeros padres si- los problemas del momento, las cuestiones de la justicia
guiendo la narración del Génesis, para tratar después de la original, la elevación al orden sobrenatural afinando en la
corrupción y transmisión del pecado original. Sigue el estu- distinción entre naturaleza y gracia, etc. En las obras siste-
dio de los demás pecados. La parte 5 (después del estudio máticas de conjunto, para las cuales el orden de la Summa
de la encarnación) se ocupa de la «gracia del Espíritu San- de santo Tomás es determinante ya que con frecuencia se
to». N o deja de ser interesante tanto la colocación sistemá- conciben como comentarios a esta última, las pocas páginas
tica como el título de esta parte, para alguno 2 el más signi- dedicadas a la gracia en la Summa del Aquinate se multipli-
ficativo «tratado» de la gracia de la Edad Media. La gracia can notablemente.
es don de Dios, es ayuda para el mérito y es remedio con-
tra el pecado. Con orden y terminología distintas se tratan Es el caso de la obra teológica de Francisco Suárez, que
los mismos temas de fondo que en santo Tomás. La gracia podemos citar aquí como ejemplo. Después de los tratados
dedicados a Dios uno y trino viene el estudio «de Deo
creaturarum omnium effectore»; primero vienen los ánge-
les, y después las obras de los seis días de la creación. Den-
2
Cf. K. RAHNER, Gnadentheologie, en LThK 4, 1011. tro de ellas, obviamente, adquiere especial importancia la
22 I. INTRODUCCIÓN GENERAL I. INTRODUCCIÓN GENERAL 23
creación del hombre, considerada en el estado concreto en del tratado de los ángeles en el vol. II (París 1853). El vol.
que según el Génesis se realiza, es decir, en el estado de VII (1880) se ocupa de los pecados, la gracia, la justifica-
inocencia, en el que habría continuado el hombre si no hu- ción y el mérito; en el contexto de la gracia se trata del
biera sobrevenido el pecado. La constitución del hombre se estado de la justicia original.
estudia a continuación con más detalle en el tratado «de
anima». Predominan en él las cuestiones filosóficas y en
concreto epistemológicas. El mismo título expresa la con- Del s. XIX al concilio Vaticano II
cepción antropológica subyacente. El tratado de los vicios
y pecados, último de los dedicados a la voluntad y a los Dentro de la teología del siglo pasado debemos hacer
actos humanos, se cierra con una disputación dedicada al una alusión a la Dogmática de M. J. Scheeben, que, aunque
pecado original, que continúa así desgajado de la protolo- quedó incompleta, contiene, con excepción de la escatolo-
gía. La concepción antropológica que privilegia claramente gía, los tratados que son objeto de nuestro estudio. Tam-
al alma sobre el cuerpo se pone igualmente de relieve en el bién aquí, después de los tratados de Dios uno y trino, se
tratado «de ultimo fine hominis», el último de los dedica- trata (libro III) de Dios en su relación al mundo, es decir,
dos a la antropología; abundan en este tratado las alusiones de la creación. Y siguiendo el orden ya tradicional, se em-
a la escatología, aunque referidas casi exclusivamente al al- pieza por los ángeles, para pasar después al Génesis. El
ma. hombre ocupa, también siguiendo los pasos de los teólogos
precedentes, un lugar privilegiado en el conjunto del trata-
En la línea de santo Tomás, el tratado de la gracia sigue do sobre la creación. A continuación se trata del orden so-
al de la ley; son los principios del obrar humano. Pero las brenatural, ya que a él está destinada la creatura racional.
escasas páginas dedicadas a este tema en la Summa se con- El libro IV, y aquí hay que señalar una evolución notable
vierten ahora en varios gruesos volúmenes; los prolegóme- respecto a cuanto hasta ahora hemos visto, pasa a conside-
nos a la doctrina de la gracia (la libertad, el conocimiento rar el pecado, concebido en cuanto contrario al orden so-
que Dios tiene de las acciones libres, los diferentes estados brenatural, a que se acaba de dedicar una gran parte del
del hombre antes y después del pecado) dan paso a la expo- libro tercero. Después de la teoría general del pecado se
sición acerca de la necesidad de la gracia, de los auxilios de trata de la historia del mismo, primero del pecado de los
esta última que consisten en la acción o en la moción divi- ángeles y después del de los hombres. Aquí entra la doctri-
na, de la esencia de la gracia habitual, de la justificación, del na del pecado original, que recibe una atención proporcio-
aumento y la conservación de la gracia, etc. Siguen las vir- nalmente bastante mayor que en las obras a que con ante-
tudes teologales; es interesante el hecho de que en el trata- rioridad nos hemos referido. Los libros III y IV forman así
do de la fe se incluye prácticamente la eclesiología. Es de un bloque de orientación marcadamente protológica. El
notar que todavía aquí el tratado de gracia precede a la cris- tratado de la gracia (vol. VI) sigue ya aquí a la cristología y
tología. soteriología. Aunque algunas referencias a la gracia se ha-
Una disposición semejante hallamos todavía en los llan ya en el libro III, aquí es estudiada ésta sistemática-
Dogmata theologica de Petavio, en los Salmanticenses, etc. mente como la realización en cada hombre de la salvación
En los Wirceburgenses se habla De Deo creatore, después merecida por Cristo. Ha cambiado el enfoque que veíamos
24 I. INTRODUCCIÓN GENERAL I. INTRODUCCIÓN GENERAL 25
en los autores anteriores: no se trata sólo de un principio sentido teológico del tratado de la creación, con esta rela-
del obrar del hombre, sino de la realización en éste de la ción no aclarada con la filosofía, queda también confuso.
obra de la salvación. Aparece así con más claridad la rela- Esta estructura básica se mantuvo en las obras con este
ción de la gracia a Cristo. mismo título, aunque se deja de hablar de la concepción
Nos encontramos ya en este momento con doble blo- inmaculada de María una vez que se han desarrollado los
que de materias antropológicas destinado a hacer fortuna tratados de mariología. Dos necesidades concretas se van
en las épocas posteriores. El primero incluye la creación, sintiendo en relación con la estructuración de este tratado:
elevación y pecado, y el segundo la gracia. N o parece que por una parte, una más clara definición de los campos de la
haya especial preocupación por armonizarlos internamente. filosofía y la teología, y por tanto una orientación más de-
Es curioso notar que, en alguna ocasión, dentro del tratado cisivamente teológica e histórico-salvífica de los problemas
De Deo creatore el primero de estos dos conjuntos es estu- protológicos. Por otra, se desea una mayor integración de
diado bajo el título de de homine, incluyéndose en él la la creación con la elevación. El Dios que ha creado el mun-
escatología 3; la gracia no entraría directamente bajo este tí- do es el Dios uno y trino, y lo ha creado para colocar en él
tulo. En la neoescolástica del siglo pasado aparece el trata- al hombre elevado al orden sobrenatural; de la humanidad,
do De Deo creante et elevante. El primero en dar este títu- por otro lado, ha de formar parte Jesucristo, el Hijo de
lo a una obra parece haber sido D. Palmieri, en 1884 4. Dios encarnado. Por ello M. Flick proponía el cambio del
nombre habitual por el de de primordiis salutis humanae 5.
La parte dedicada a la «elevación» incluye el primer pe-
cado de los ángeles y sobre todo de los hombres (pecado El tratado de gracia, consolidado ya desde más antiguo,
original), y también la inmaculada concepción de María. En recibe con mucha frecuencia en este período el título de
el prólogo de la obra aparece claramente la distinción entre gratia Christi. Se pone así de relieve el origen y la causa del
el método utilizado en cada una de las dos partes que se don de la gracia hecho al hombre. Pero debemos subrayar
unifican en el mismo tratado, y, consiguientemente, la falta que es «la gracia», concebida como entidad sobrenatural,
de unidad interna de éste: en la parte sobre el Dios creador, don de Dios, adherente al hombre, o el auxilio divino para
ya que se trata del orden natural, se presuponen muchas obrar bien lo que primariamente interesa 6. Indirectamente,
cosas estudiadas ya en la filosofía. N o puede suceder así en el hombre mismo en cuanto destinatario del don divino es
el De Deo elevante, por obvias razones. Con ello es inevi- también objeto de interés.
table la impresión de que la elevación al orden sobrenatural Esta fragmentación de las materias teológicas que se re-
es un añadido extrínseco a la naturaleza del hombre. Y el fieren directamente al hombre era constatada en el año
1957 por K. Rahner, en un artículo que lleva precisamente
3
por título «Antropología teológica» 7. Es el nombre de una
Cf. J. PERRONE, Praelectiones theologicae, Vol. V, Taurini-Mediolani
1866.
4
Cf. M. FLICK, La struttura del Trattato «De Deo creante et elevante»: 5
Gregorianum 36 (1955) 284-290, al que debo también algunas de las indicacio- Cf. M. FLICK, art. cit., 289. Con ciertas variantes, en esta línea van los
nes que siguen. Algunas notas sobre la evolución durante el último siglo de los títulos de dos obras sobre la materia de M. FLICK y Z. ALSZEGHY: LOS co-
tratados que nos ocupan (tomando sobre todo como punto de referencia la mienzos de la salvación, Sigúeme, Salamanca 1965; l primor di della salve zza.
6
teología española), en L. F. LADARIA, El hombre como tema teológico, «Estu- Cf. LADARIA, art. cit., 945-952.
7
dios Eclesiásticos» 56(1981) 935-953. Anthropologie, theologische A., en LThk I, 618-627. En la bibliografía se
26 I INTRODUCCIÓN GENERAL
I INTRODUCCIÓN GENERAL 27
disciplina todavía en aquel momento inexistente, pero cuya tropología teológica uno de los puntos más inmediatos de
elaboración se va sintiendo como necesaria: «La construc- aplicación 9. La teología ha de preguntarse siempre por las
ción propiamente dicha de la antropología teológica aún no estructuras del sujeto teológico, del hombre, coafirmadas a
se ha producido. La antropología está todavía repartida en priori en toda afirmación teológica, en todo contenido ma-
los diferentes tratados sin una elaboración del fundamento terial conocido a posteriori. Con ello no se quiere decir que
sistemático de toda ella en su conjunto. La antropología en el hombre pueda, por el simple análisis trascendental, de-
el sentido aquí indicado es todavía una tarea no realizada ducir los contenidos de la fe. Pero a la luz de ellos puede
de la teología, naturalmente no en el sentido de que las descubrir que en él existen a priori las condiciones para el
afirmaciones concretas y de contenido de tal antropología conocimiento de dicho objeto, y que estas condiciones ex-
deban ser halladas todavía por vez primera -se trata, por presan ya algo sobre este último. El hombre está por ello
supusto, de afirmaciones de la revelación sobre el hombre-, desde siempre, en virtud de sus estructuras antropológicas,
sino en el sentido de que la teología católica aún no ha des- abierto a la posible revelación y llamada de Dios. Pero hay
arrollado ninguna antropología acabada a partir de un pun- una diferencia entre el ser de creatura y esta llamada divina
to de arranque originario» 8. Este punto de partida no pue- a la comunión, la gracia. Esta diferencia se puede y debe
de ser para Rahner más que ia conciencia del hombre cris- expresar sin acudir a una noción previa de «naturaleza pu-
tiano de saberse personalmente interpelado por Dios, con ra», sino que la naturaleza sería la constitución del hombre
la palabra de su autocomunicación absoluta, libre y gratui- que se presupone para que pueda escuchar la palabra, y que
ta, en su propia vida. Ha de ser un punto de partida ya hace que el rechazo de esta última sea verdaderamente un
teológico, y que ha de tener presente que el hombre se en- rechazo y no simplemente una negación de la esencia hu-
cuentra siempre en el «existencial sobrenatural», es decir, mana. A partir de esta noción de naturaleza como capaci-
no puede prescindir del hecho de que en su autoconciencia, dad de recibir la gracia, piensa K. Rahner que se ha de en-
aunque de forma no necesariamente temática, está presente tender cuanto se refiere a la espiritualidad, trascendencia,
la llamada de Dios a la comunión con él y la oferta de su inmortalidad, libertad del hombre, etc.
gracia (que, por supuesto, en cada caso concreto puede ser
aceptada o rechazada). Resulta coherente con este punto de partida y su des-
arrollo el que K. Rahner vea como un punto que ha de ser
El desarrollo de este punto de partida debería comenzar especialmente estudiado el de la relación de la antropología
con la condición creatural del hombre como un sujeto ca- con la cristología. En efecto, si el hombre ha de entenderse
racterizado por su apertura frente a Dios. El método tras- como el ser interpelado históricamente por Dios, sabemos
cendental de K. Rahner encuentra precisamente en la an- que esta interpelación se da sobre todo en Jesucristo, que es
9
citan algunos títulos significativos; así L. JANSSENS, Tractatus de homme, Ro- K. RAHNER ha explicado en muchas ocasiones el contenido y el alcance
ma 1918-1919; A. STOLZ, Anthropologia dogmática, Friburgo 1941; J. R. G E I - de su método; cf. por ejemplo Reflexiones fundamentales sobre antropología y
SELMANN, Die theologische Anthropologie ]. A. Mohlers, Friburgo 1955. Se protología en el marco de la teología, en MySal II, 454-468. Nos volveremos a
trata del tercer artículo dedicado a la antropología, después de la bíblica y la referir a este artículo al tratar de la sistemática de MySal. Sin duda, muchas de
filosófica. las intuiciones concretas de K. Rahner han tenido gran influjo en la teología
posterior. Con todo, no parece que su método trascendental haya sido muy
Art. at., 622. seguido.
28 I. INTRODUCCIÓN GENERAL I. INTRODUCCIÓN GENERAL 29
para la fe cristiana el Hijo de Dios hecho hombre. ¿Qué del hombre a la comunión con Dios en Cristo, y consi-
significa para nosotros, para la misma definición del ser hu- guientemente la relación entre cristología y antropología, el
mano, el hecho de que el Hijo de Dios se ha hecho hom- eje en torno al cual se quiera realizar esta nueva articula-
bre? Sólo a partir de la cristología, además, se pueden en- ción.
tender algunas cuestiones fundamentales que se refieren al
hombre, p. ej. la gracia divinizante y la resurrección. La
antropología teológica, para K. Rahner, deberá esclarecer El concilio Vaticano II
estas cuestiones fundamentales, y, en torno a ellas, organi- y la teología actual
zar el estudio de todos los problemas concretos.
El concilio Vaticano II, como es sabido, no ha dedicado
El autor no ha explicado en el breve artículo a que nos
expresamente ningún documento al hombre. Pero es igual-
referimos la estructuración concreta de todo el material de
mente claro que la constitución pastoral Gaudium et Spes
la antropología. Pero en el artículo sobre la teología de la
sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo nos ofrece, so-
gracia en el mismo diccionario 10, propugna que en el trata-
bre todo en su comienzo, un valioso compendio de antro-
do correspondiente no se ha de hablar en abstracto de la
pología; en efecto, ya en GS 3 se nos dice que el punto
«gracia», sino del hombre agraciado; sólo así se llega a la
capital de la exposición será «el hombre uno y entero, con
concreción de la teología bíblica sobre la gracia. Se trataría
cuerpo y alma, corazón y conciencia, mente y voluntad».
entonces de la antropología del hombre redimido y justifi-
Dado que los problemas del mundo que la Iglesia quiere
cado; el punto de partida, también en relación con lo que se
iluminar constituyen «el gozo y la esperanza, la tristeza y
decía respecto de la antropología en general, sería la auto-
la angustia de los hombres de nuestro tiempo» (GS 1), y
comunicación al hombre del Dios trino; dicha autocomuni-
que el concilio constata profundos cambios, desequilibrios,
cación constituye la esencia última de la gracia, es el acto
aspiraciones e interrogantes en nuestro mundo (cf. GS 4-
fundamental de Dios en Cristo hacia lo no-divino. Otros
10), es lógico que se quiera responder presentando a Cristo
temas fundamentales que se habrían de desarrollar serían la
como clave, centro y fin de toda la historia humana, y fun-
justificación y el desarrollo existencial y actual de la «re-
damento de las realidades inmutables que están más allá de
cepción de la gracia» en Cristo.
todo lo que cambia. Así, a la luz del que es imagen del
No vale la pena, porque no es éste nuestro intento aho- Dios invisible y primogénito de toda criatura (cf. Col 1,15),
ra, descender a la exposición de los pormenores del progra- quiere el concilio ilustrar el misterio del hombre y coope-
ma de K. Rahner. Se trata sólo de mostrar cómo, en los rar a la búsqueda de una solución a los problemas más im-
años que precedieron inmediatamente al concilio Vaticano portantes del momento (cf. GS 10).
II, se expresaba esta necesidad de agrupar en modo articu- El cap. 1 de la primera parte de la constitución, que lle-
lado los contenidos teológicos que se refieren al hombre. Y va por título la dignidad de la persona humana, expone en
es significativo el hecho de que sea precisamente la llamada forma breve y actualizada las verdades fundamentales sobre
el hombre: su creación a imagen de Dios; el pecado por el
10 que abusó de su libertad ya desde el comienzo de la histo-
K. RAHNER, Gnadentheologie, en LThK IV, 1960, 1010-1014; cf. tam-
bién la voz Gnade IV. Systematik, ibíd. 991-998. ria, y por el que perdió la armonía en su relación con Dios,
30 I. INTRODUCCIÓN GENERAL I. INTRODUCCIÓN GENERAL 31
consigo mismo, con los demás y con toda la creación; la nos dice el concilio, nos da a conocer también lo que so-
constitución del hombre en la unidad de alma y cuerpo; la mos nosotros, la dignidad de nuestra vocación; en este con-
dignidad de su inteligencia y de su conciencia moral; la texto, esta última no puede ser más que la filiación divina a
grandeza de su libertad; el misterio de la muerte y su ilumi- imagen de la de Jesús. Así se señalará precisamente al final
nación en la resurrección de Cristo; la vocación humana al de GS 22. Parece, por consiguiente, que Jesús revela al
diálogo con Dios como aspecto más sublime de su digni- hombre su propia condición en cuanto se muestra como
dad, que da ocasión para el tratamiento de los problemas Hijo unigénito del Padre. En él aparece la humanidad per-
del ateísmo y de la actitud de la Iglesia ante él (cf. GS l i - fecta. Adán es figura del que había de venir. Sólo en el
l i ) ; son preferentemente cuestiones protológicas, con refe- Adán último, Jesús, se pone de manifiesto el designio de
rencias también al último destino humano y a la escatolo- Dios sobre el hombre. Por esta razón el misterio del hom-
gía. Pero la aportación más importante y original del conci- bre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado.
lio a la antropología teológica no está tanto en estos breves Sólo a la luz del paradigma de nuestra humanidad podemos
desarrollos cuanto al principio que, en conexión con todo saber lo que estamos llamados a ser nosotros. N o t e m o s que
lo que se indicaba ya en el número 10, se establece al co- se habla de Jesús como del «hombre perfecto». N o se trata
mienzo de GS 22: sólo de que sea «perfecto hombre», en el sentido de h o m -
«En realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece verda- bre completo, como desde antiguo ha afirmado la Tradi-
deramente en el misterio del Verbo encarnado. Porque Adán, el ción. El concilio Vaticano II ha añadido, creo, u n nuevo
primer hombre, era figura del que había de venir (cf. Rom 5,14), matiz: esta humanidad completa es perfecta, es decir, es
es decir, Cristo nuestro Señor. Cristo, el último Adán, en la mis- ejemplar, paradigmática. En otras ocasiones repite el C o n -
ma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta cilio la misma afirmación acerca de la «perfección» de la
plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la subli-
midad de su vocación. Nada extraño, pues, que todas las verda- humanidad de Cristo (GS 38, 45). Y es sobre todo especial-
des hasta aquí expuestas encuentren en Cristo su fuente y su mente clara la afirmación de GS 41: «quien sigue a Cristo,
corona. el hombre perfecto, se hace él mismo más hombre». El cre-
El que es imagen de Dios invisible (Col 1,15), es también el cimiento en Cristo significa, por consiguiente, crecimiento
hombre perfecto, que ha devuelto a los hijos de Adán la seme- en humanidad. El ser cristianos no nos aparta del ser h o m -
janza divina, deformada por el primer pecado. Porque en él la bres, sino que nos ayuda a serlo con más plenitud.
naturaleza humana ha sido asumida, no absorbida, ha sido eleva-
da también en nosotros a sublime dignidad...» Me he detenido un poco en la exposición de esta doctri-
na conciliar, porque considero que esta intuición acerca de
N o se trata, como se ve, de u n desarrollo de contenidos la antropología teológica debe iluminar de modo decisivo
teológicos referidos al h o m b r e , sino, sobre todo, de un toda nuestra disciplina. N o se puede decir que los docu-
principio que deberá ser fundamental en el desarrollo de la mentos conciliares hayan desarrollado en todo m o m e n t o
antropología teológica. Acabamos de ver cómo ya en el con total consecuencia y coherencia las afirmaciones de la
m o m e n t o preconciliar se expresaba esta p r e o c u p a c i ó n . constitución pastoral Gaudium et Spes. Sería probablemen-
Aquí se nos da una primera respuesta: Jesús es el revelador te ingenuo esperar lo contrario. La significación de Jesús
del Padre y de su amor; precisamente por ello se manifiesta para la antropología parece centrarse más en lo escatológi-
a sí mismo como el Hijo. Pero en esta misma revelación, co que en lo protológico; en este sentido queda un amplio
32 I. INTRODUCCIÓN GENERAL I. INTRODUCCIÓN GENERAL 33
margen de investigación y búsqueda a la teología católica. mentó de la historia de salvación; sólo a partir de Cristo y
Pero a mi juicio, el concilio ha señalado una vía para la del Nuevo Testamento tiene sentido hablar en concreto del
construcción de una antropología teológica completa y la estado original. En este sentido, la doctrina de la creación
consolidación de la disciplina en una forma unitaria; ésta es «protología», es decir, es doctrina de la actual condición
no puede ser más que la relación con Jesús, que si es el creada del mundo como presupuesto que hace posible la
primogénito de entre los muertos lo es también de la crea- historia de la salvación que va a tener en Jesús su centro y
ción (cf. Col 1,15.18), y que si es el Adán último es tam- su clave (cf. vol. 4, p. 30). La insistencia en la idea de la
bién aquel del que el primer Adán es figura (cf. 1 Cor creación como presupuesto de la alianza y en la doctrina
15,45-49; Rom 5,14) ". neotestamentaria de la creación en Cristo, que se coloca
N o se puede minimizar el alcance de esta intuición fun- también en el pórtico del estudio protológico, contribuye a
damental del concilio Vaticano II, enraizada, por lo demás, situar todo el conjunto en un contexto cristológico. Las
en la más antigua tradición cristiana. Este principio ha teni- materias concretas que se desarrollan en esta parte son: la
do mucho influjo en la teología posconciliar y, en mayor o creación como origen permanente de la salvación (in-
menor medida, ha determinado la renovación de los trata- cluyendo el desarrollo teológico de la fe en la creación y la
dos que giran en torno al tema antropológico. Pero con cuestión del «sobrenatural»), la antropología en un sentido
ello no se quiere decir que haya uniformidad de opiniones estricto (el origen del hombre, su constitución como uni-
en todas las cuestiones y en la misma sistemática de la an- dad de cuerpo y alma, su carácter social, su acción en el
tropología teológica. Este mismo concepto dista todavía de mundo, trabajo, etc.), el hombre imagen de Dios en rela-
ser completamente aceptado. Notables obras teológicas ción con la teología del estado original, la teología del pe-
posconciliares están lejos de ofrecer un tratamiento unita- cado en general y del pecado original en particular, los án-
rio de todas las materias que tienen al hombre por objeto. geles y demonios.
El volumen tercero de MySal trata de la cristología; y al
Así ocurre, por ejemplo, en la conocida dogmática Mys-
final del volumen cuarto, dedicado fundamentalmente a la
terium Salutis, que se define a sí misma como «manual de
eclesiología, se halla el tratado titulado «La acción de Dios
teología como historia de la salvación». En su volumen se-
por la gracia» (yuxtapuesto a la eclesiología pero diferen-
gundo, después de tratar de Dios, se estudia «El comienzo
ciado de ella, aunque la colocación indique que se quiere
de la historia de la salvación» u. El artículo introductorio,
evitar un tratamiento individualista de la teología de la gra-
de Karl Rahner (cf. nota 9), recoge muchas de las ideas so-
cia, cf. vol IV/2, p. 575). Después de una introducción his-
bre la antropología teológica a que nos hemos referido. La
tórica se trata de la predestinación, la justificación y del ser
relación con la cristología comienza ya en el primer mo-
nuevo en Cristo. Dentro de este capítulo, una sección se
titula «El hombre en gracia. Ensayo de antropología teoló-
11
gica». Traigo a colación este detalle para hacer notar cómo
Sobre la antropología del Vaticano II, cf. L. LADARIA, El hombre a la
luz de Cristo en el concilio Vaticano II, en E.. LATOURELLE (ed.), Vaticano II. aparece de nuevo la denominación «antropología teológi-
Balance y perspectivas. Veinticinco años después (1962-1987), Sigúeme, Sala- ca», referida ahora a un epígrafe concreto de una exposi-
manca 1989, 705-714; y el estudio exhaustivo de Th. GERTLER, Die Antwort
der Kirche auf die Fnge nach dem Menscbsein, St. Benno Verlag, Leipzig 1986.
ción mucho más amplia, por más que este epígrafe pueda
12
Notemos la semejanza con los títulos de las obras citadas en la nota 5. tener un carácter recapitulador. Es de notar que falta en
34 I. INTRODUCCIÓN GENERAL I. INTRODUCCIÓN GENERAL 35
MySal un tratamiento sistemático de las virtudes; sólo en su imagen, constituido en un estado de perfección, caído de
un breve apartado de cinco páginas dentro del tratado de la este estado por el pecado, restaurado en Cristo por la nue-
gracia. La división de nuestros tratados es la normal en la va creación, etc. Por otra parte se hace destacar el cristo-
sistemática anterior al concilio. La razón es la línea de la centrismo que ha de caracterizar la disciplina. Este cristo-
historia de la salvación que se sigue, ahora tal vez más centrismo aparece ya en la creación primera, pero sobresale
conscientemente, pero que no estaba ausente en las obras principalmente en la nueva creación. «El fenómeno huma-
escolásticas precedentes. El volumen V de Mysterium Salu- no recibe... su inteligibilidad plena a la luz del Verbo que lo
tis dedica su segunda y última parte a la escatología. Aun produce, del Verbo en cuya perfección participa, del Verbo
con vinculaciones claras con la antropología, este tratado hacia cuya unión va caminando» (p. 21).
reivindica una autonomía legítima y conveniente. Haremos
unas breves consideraciones sobre este punto al final de es- No es de extrañar, teniendo en cuenta estas dos caracte-
te volumen. rísticas, que la obra se divida en dos partes, «el hombre
bajo el signo de Adán» y «el hombre bajo el signo de Cris-
Otras series de manuales escolares de los años poscon- to». En la primera se trata del hombre creado por Dios,
ciliares ofrecen una sistematización semejante a la de My- destinado a ser su imagen, pero deformado por el pecado.
Sal 13. La segunda parte recoge la doctrina de la gracia. En efecto,
En el año 1970, los profesores de la Pontificia Universi- es en ésta donde se manifiesta con más claridad este «sig-
dad Gregoriana M. Flick y Z. Alszeghy publicaron sus no» de Jesús. Pero debemos tener presente que el paralelis-
Fondamenti di un'antropología teológica (Antropología mo entre los dos «signos» no es total. El signo de Cristo
teológica). Como los propios autores señalan en la presen- prevalece, porque «el pecado del primer Adán fue permiti-
tación, se trata de una refundición de las materias compren- do para que, por medio del segundo Adán, la vida divina se
didas en sus volúmenes anteriores II Creatore. L'inizio de- comunicase de una manera más perfecta» (p. 320). Por lo
lla salvezza (1961) e 77 vangelo della grazia (1966), (El demás, aunque las etapas de la historia de salvación estén
Creador. Los comienzos de la salvación; El evangelio de la claramente diferenciadas, en toda la historia y en cada
gracia) que intenta recoger los nuevos planteamientos teo- hombre concreto se da una cierta coexistencia de los dos
lógicos que han tenido al concilio Vaticano II como «eco y aspectos, pues por una parte el misterio de Cristo estuvo
promotor». Entre las varias características que, a juicio de eficazmente presente desde el principio de la vida de la hu-
los autores, ha de tener la antropología teológica, me pare- manidad, y, por otra, alcanzará su efecto total sólo en el
ce importante señalar dos. Por una parte la «historicidad»; orden escatológico (p. 320-321).
el Vaticano II, se pone de relieve, no ha descrito al hombre
en abstracto, en un orden ideal, sino en concreto, en las No es lo más importante en este intento el tratamiento
sucesivas etapas de su existencia, como creado por Dios a de la materia antropológica en un solo volumen. Más aún,
la misma abundancia de las cuestiones que se han de estu-
diar puede poner en guardia contra fusiones demasiado
precipitadas. Se trata, sobre todo, de la conciencia de que se
13
Así la Kleine Katholische Dogmatik de J. AUER y J. RATZINGER. Cf. los pueden agrupar en torno al hombre como objeto funda-
dos vols. de J. Auer citados en la bibliografía básica, que son el tercero y quin-
to de la serie. Entre los dos se sitúa la cristología. mental una serie de contenidos y disciplinas teológicas has-
36 I. INTRODUCCIÓN GENERAL I. INTRODUCCIÓN GENERAL 37
ta ahora dispersas. Aun desde esta convicción se pueden y templan con frecuencia en unidad. Sin prejuzgar esta cues-
se deben llevar a cabo estudios parciales. Parece que por lo tión, se han seguido publicando obras que recogen los con-
menos algunos planes de estudios de facultades teológicas y tenidos de los tratados tradicionales 17.
seminarios han adoptado una sistemática que trata de unir
Los tratados y manuales que hasta aquí hemos recogi-
las materias antropológicas en una cierta unidad, al lado de
do, incluso los que con más decisión mantienen una visión
los otros núcleos fundamentales de la dogmática, el cristo-
unitaria de la antropología teológica, siguen, básicamente,
lógico-trinitario y el eclesiológico-sacramental. Algunas
con la renovación de métodos y contenidos que han segui-
obras que, aun con notables diferencias, por su estructura y
do al concilio Vaticano II, el orden tradicional de las mate-
contenidos pueden ser situadas en la línea de M. Flick-Z.
rias. Pero, para completar nuestro panorama, debemos te-
Alszeghy, a que nos acabamos de referir, han visto la luz
ner en cuenta también las propuestas de renovación de las
en los últimos años u . En otras ocasiones, estudios que
mismas estructuras del tratado, con un orden y distribu-
abrazan sólo una parte de la materia no parecen perder de
ción sistemática diversa, más directamente inspirado en el
vista una perspectiva de conjunto. En algunas obras aparece
designio original que Dios tiene, en su Hijo Jesucristo, so-
como título o subtítulo «antropología teológica fundamen-
bre el hombre.
tal», sin que los contenidos sean exactamente coinciden-
tes 15; pero en todo caso se presupone que hay una relación Debemos detenernos en algunas de estas propuestas
intrínseca de las materias estudiadas con otros contenidos que surgieron en los años posconciliares. Así, C. Colombo
pertenecientes igualmente a la «antropología teológica». abogaba por una unificación de las materias, objeto de es-
Hallamos también este subtítulo en una obra que, dedicada tudio, en un tratado sobre el hombre, que debía seguir a
sobre todo a la teología de la gracia desde la perspectiva del los tratados de Dios y de Cristo. El orden tradicional debe
diálogo con la teología protestante, incluye asimismo un ser alterado para empezar con el plan de Dios sobre el
largo capítulo sobre el pecado original, como pórtico al tra- hombre, es decir, el hombre como elevado a la vida de la
tamiento de la gracia, y después de una introducción histó- gracia o, mejor todavía, al orden sobrenatural; la creación
rica 16. Como se ve, la denominación va adquiriendo carta es una exigencia de esta elevación, que el hombre no pier-
de naturaleza y las materias de los antiguos tratados se con- de por el pecado 18. Más detallado es el programa que algu-
nos años más tarde presenta L. Serenthá; después de haber
pasado revista a numerosos enfoques antropológicos de
14
Cfi L. F. LADARIA, Antropología teológica; I. SANNA; L'uomo vía fon- los últimos tiempos y de ofrecer en unas breves páginas
damentale della Chiesa; J. I. GONZÁLEZ FAUS, Proyecto de hermano. Visión los rasgos fundamentales de la historia de la disciplina,
cristiana del hombre.
15
Tengo presentes dos de reciente aparición, mencionados en la bibliogra- muestra algunas cuestiones generales de método y u n
fía del comienzo: G. GOZZELINO, Vocazione e destino dell'uomo m Cristo,
que recoge todos los contenidos del clásico de Deo creante et elevante, incluye
por tanto el pecado original y el tratado de los ángeles. J. L. Ruiz DE LA PEÑA,
Imagen de Dios. Antropología teológica fundamental, que trata sólo del ser del 17
Además de los indicados en la bibliografía básica, G. GRESHAHE, Ge-
hombre en sus diferentes dimensiones, sin entrar en el estado original, pecado, schenkte Freiheit. Einfuhrung in die Gnadenlehre, Herder, Friburgo, 1977; L.
etc. Se puede ver del mismo autor, Sobre la estructura, método y contenidos de BOFF, A graca liberadora no mundo, Vozes, Petrópolis-Lisboa 1976.
U antropología teológica, en Studium Ovetense 8 (1980) 347-360. 18
C. C O L O M B O , L'insegnamento della teología dogmática alia luce del
16
Cf. O. H. PESCH, Frei sein aus Gnaáe. Falta en cambio en este volumen Concilio Vaticano II, en la «Scuola Cattolica» 95 (1967) 3-33, especialmente
el estudio del hombre como criatura. 25-29.
38 I. INTRODUCCIÓN GENERAL
I. INTRODUCCIÓN GENERAL 39
proyecto o hipótesis de estructura del tratado. Me centraré del designio de Dios aparece en esta disposición mejor que
en esta última. en las otras que preceden. Tiene tal vez el inconveniente de
seguir menos el orden de la experiencia humana 20, de hacer
Ante todo está el problema fundamental de si el punto menos fácil el diálogo con quienes no comparten nuestra
de partida ha de ser el de la inserción del hombre en Cristo fe, respeta menos el progreso de la revelación, ya que sólo
(gracia) o el de la orientación hacia él (creación). La solu- en Cristo aparece lo que en el comienzo estaba en el de-
ción preferida por el autor es la primera, porque la creación signio divino. Por lo demás, es claro que no debemos caer
es un momento de la alianza. El nexo lógico habría de pre- en los defectos que con razón se reprochan a ciertos enfo-
dominar sobre el cronológico y, en este sentido, por tanto, ques de la teología tradicional; la creación es un tratado
comenzar por la teología de la gracia. Y en ésta, dos puntos teológico, no el atrio de los gentiles de que hablaba K.
deberían ser fundamentales: la predestinación, estudiada en Barth. La doctrina de la creación en Cristo, por Cristo y
su perspectiva cristológica, pero sin confundir la predesti- hacia Cristo ha de quedar clara desde el primer instante.
nación de Cristo y la de los hombres; y la justificación que
debe partir de la incorporación a Cristo y recuperar desde Las primeras partes del tratado han de abrir las perspec-
aquí los temas clásicos; en concreto se señalan el don del tivas hacia las partes finales y decisivas. Dígase lo mismo de
Espíritu (inhabitación, don increado), el don creado, la fi- la doctrina del hombre como imagen de Dios, cuyo conte-
liación divina, la remisión de los pecados. La segunda parte nido cristológico habrá de ser puesto de relieve. Otra razón
del tratado deberá desarrollar el tema de la historicidad hu- puede todavía abonar el orden tradicional: el hombre unido
mana. Se articularía concretamente a su vez en tres partes: a Cristo, en nuestra condición concreta, es siempre el peca-
la primera, sobre la historicidad y libertad en perspectiva dor perdonado. No hace falta identificarse con la doctrina
cristiana. La segunda, acerca de los aspectos concretos de de santo Tomás sobre los motivos de la encarnación para
esta historicidad y libertad, es decir, la capacidad de estar afirmar con toda decisión que Jesús nos redime del pecado
delante de Dios como «partner» de la alianza; también en (aunque no solamente) y que la vida en él implica la supe-
este contexto se trataría de la imagen de Dios. En tercer ración del mismo; la justificación es la justificación del im-
lugar vendría la dinámica de la historicidad y libertad, en pío, del pecador. De hecho, nuestra inserción en Cristo y
concreto: la solidaridad en el pecado y la impotencia de la nuestra filiación divina son posibles en virtud del amor mi-
libertad, en relación con el pecado original; la colaboración sericordioso de Dios por toda la humanidad. Que la doc-
del hombre a la justificación, preparación a la misma, gracia trina del pecado original preceda a la doctrina sobre la gra-
actual, etc., y, por último, la meta escatológica. Para termi- cia puede también tener esta ventaja, la de mantener este
nar se haría una reflexión en torno al problema del sobre- contacto inmediato con el orden «histórico» de los aconte-
natural; a partir de la participación del hombre en el miste- cimientos. Naturalmente también aquí se impone resaltar
rio de Cristo se llega a la consistencia de la naturaleza 19. que la llamada a la amistad con Dios que el hombre ha
rehusado y a la que ha sido infiel era ya gracia en Cristo y
Se ha de reconocer sin duda alguna que la centralidad
20
Cf. J. L. Ruiz DE LA PEÑA, Sobre la estructura, método y contenido*, de
" L. SERENTHÁ, Problemt di método nel rinnovamento dell'antropología
la antropología teológica (cf. nota 15), especialmente 350-351.
teológica, en «Teologia» 2 (1976) 150-183.
40 I. INTRODUCCIÓN GENERAL I. INTRODUCCIÓN GENERAL 41
por Cristo, y que sólo a partir de éste comprendemos el ambiguos en este punto) y cristocéntrica. Las preocupacio-
pecado en toda su realidad. De todas maneras, ninguna de nes que han llevado a estas propuestas son dignas de toda
estas razones es totalmente decisiva. La propuesta de L. Se- la atención; es necesario, sin duda, darles una respuesta en
renthá es perfectamente plausible y coherente y tiene a su la antropología teológica, cualquiera que sea el modo con-
favor, como hemos observado, razones de indudable peso. creto como ésta se articule.
De hecho no parece que la alternativa a que nos acaba-
Si queremos hacer un breve balance de la situación pre-
mos de referir haya sido muy seguida en los manuales apa-
cisa de la antropología como disciplina teológica en la ac-
recidos en los últimos años. Pero la obra de G. Colzani,
tualidad, a partir del panorama que brevemente hemos tra-
Antropología teológica. L'uomo paradosso e mistero, pare-
zado, podemos constatar una cierta tendencia a la consoli-
ce hacerse eco de algunas ideas del artículo a que nos aca-
dación de la disciplina concebida como un todo. Ello a pe-
bamos de referir. Tras dos partes dedicadas a la teología
sar de los estudios parciales que continúan apareciendo.
bíblica y a la historia de los problemas de la antropología,
Concebir la materia como un todo unitario no significa
que por su extensión son algo más que meras introduccio-
desconocer la pluralidad de cuestiones que encierra. N o
nes, el estudio sistemático empieza en la tercera parte, titu-
son deseables las síntesis precipitadas. Pero hemos señalado
lada «proyecto cristiano sobre el hombre»; en ella se inte-
también que esta tendencia hacia la integración de la «an-
gran la predestinación, la gracia concebida como comunión
tropología teológica» no es uniforme ni universal.
con Cristo, el estado original como cifra del ofrecimiento
de la gracia, la libertad de la persona, la participación a la En la hipótesis de la mayor integración de la materia, la
gloria de Cristo (como se ve, se introduce aquí un elemen- posición adecuada en la sistemática académica parece ser
to fundamental de la escatología). La cuarta parte trata de que haya que colocarla después de la cristología y del trata-
este proyecto cristiano confrontado con la historia: el peca- do de Dios. Es la significación universal de Cristo, en gran
do y el pecado original, la justificación del pecador, las vir- medida, lo que se estudia al considerar al hombre (y al
tudes, etc. 21 mundo con él) como criaturas de Dios. Y por otra parte,
El tiempo deberá decir si estos nuevos intentos de dis- cuanto hemos insinuado, y trataremos más adelante, del
tribución de las materias se impondrán en el futuro de esta sentido cristológico de la imagen de Dios, parece también
disciplina. Pero en todo caso vale la pena tener en cuenta favorecer que la cristología se haya estudiado con anteriori-
estas líneas de renovación, en particular la de los autores dad. La teología de la gracia presupone, además de la cris-
cuyo pensamiento acabamos de exponer, que se mueve en tología, la doctrina de la Trinidad. La «dependencia» de la
una dirección muy estrictamente teológica (lo cual es bien- cristología aparece más clara en la distribución que coloca
venido en tratados que, como la protología, han sido más en el centro del interés el tratado sobre la gracia. Es tam-
bién coherente que, en el caso en que no se vea esta unidad
de las materias antropológicas, la protología preceda a la
cristología y la gracia la siga, siguiendo el orden de la histo-
21
Una breve mención merece la obra de B. LAURET-F. REFOULÉ (eds.), ria de salvación. Tal vez sea menos claro el orden en rela-
Iniciación a la práctica de la Teología, 5 vols., Cristiandad, Madrid 1986, que ción con la eclesiología. Pero creo también conveniente que
trata muy brevemente y en forma dispersa de nuestras materias; lo más original
sea tal vez el cap. del vol. 3 sobre creación y escatología, debido a P. Gisel. ésta preceda, sobre todo si la escatología se contempla en
42 I. INTRODUCCIÓN GENERAL
22 1
Cf. J. L. Rurz DE LA PEÑA, Las nuevas antropologías, Sal Terrae, San- Sobre la creación, además de las obras y tratados generales, cf. J. L. R u i /
tander 1983. Interesantes también en este sentido los dos vols. del autor citados DE LA PEÑA, Teología de la creación, Sal Terrae, Santander 1986; P. Gisiii , La
en la bibliografía básica. création, Labor et Fides, Ginebra 21987.