Corbetta, P. (2007). Metodología y técnicas de investigación social. España: Mc Graw-Hill. Pp.
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Capítulo 6. La técnica de las escalas
La técnica de las escalas tienen el objetivo de sistematizar y medir determinadas variables de
naturaleza cualitativa que son relevantes y significativas en investigación con enfoque social, que
por su origen subjetivo se convierten en un desafío para revelar su valor empírico y por lo tanto, su
validez científica (interna y externa). Cabe señalar, que en las Ciencias de la Educación se han
implementado como recurso para medir habilidades y capacidades asociadas a la diversidad de
inteligencias, así como a temas relacionados con la facilidad o dificultad para el aprendizaje.
También es una herramienta utilizada para el estudio de instituciones o fenómenos de interacción
social.
Para ello, las escalas como un instrumento de recogida y análisis de datos, requiere precisar las
categorías generales y específicas, así como sus indicadores, recuperando los criterios
intersubjetivos que se pretenden obtener. El instrumento de manera interna debe reunir cualidades
de coherencia, claridad y significatividad, para todos los sujetos que se involucren durante el
proceso de indagación. Es decir; la construcción de la afirmación, así como las variables de
estimación que de acuerdo con la puntuación de respuestas “(…) según un baremo (…) va de 1 a 4
(1 para el mínimo de eficacia y 4 para el máximo), se suma la puntuación total, el valor mínimo de
las preguntas es un 9, y el valor máximo 35. La escala está formada por la suma de las puntuaciones
obtenidas en cada una de las afirmaciones, que son sus elementos. (Corbetta, 2007, pp. 211-212)
Es menester señalar que en estudios de esta naturaleza, el reto es la fundamentación de
procedimientos de recogida de datos del orden probabilístico, dado que uno de los rubros
cuestionados es la producción de variables cuasicardinales, que ponen en duda la fiabilidad y validez
de los resultados empíricos y por ende, la validez teórica y metodológica.
En éste apartado Corbetta (2007) refiere que una escala está constituida por una batería de
preguntas, en donde se sugiere que las opciones de respuesta se encuentren sistematizadas de
manera creciente o decreciente, con el fin de que el entrevistado encuentre sentido y coherencia
comprensiva al momento de realizar el instrumento.
El autor refiere en su constructo que existen al menos tres posibilidades diferentes en que se pueden
presentar las respuestas: las que son semánticamente autónomas, en donde cada reactivo tiene un
significado intrínseco y no requiere establecer relaciones con otros ítems para ser comprendido.
En un segundo caso, aparecen otras respuestas con autonomía semántica parcial, debido a la
generalidad o amplitud del margen de interpretación que puede ofrecer cada variable, como poco,
mucho, etcétera. También incluye las escalas de intervalos de posicionamiento, en donde
prevalecen las referencias de posicionamiento de significado polar (alternativas contrarias).
Durante el discurso Corbetta (2007) advierte una serie de controversias que presentan las baterías
de preguntas de naturaleza semántica, entre las cuales se cuestiona la fidelidad de los registros por
la presencia de seudo-opiniones, y aunque existen diversas posiciones sobre la pertinencia de
integrar una opción neutra, finalmente desde su experiencia recomienda la incorporación de ellas
como un buen recurso, es mejor precisar un “No sé” que un “Tengo duda” por ejemplo.
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Otros criterios en debate, son la cantidad de preguntas que se deben de incluir, así como las formas
en que deben presentarse los intervalos de respuesta, ya que existen diversidad de experiencias
que sugieren escalas o rangos mínimos de 1 a 7 y otros que abarcan del 1 al 100; unos autores
ponderan la orientación de pocas preguntas, desde una, o muchas; en particular el peso significativo
continúa en función de los criterios o indicadores incluidos en los rangos o escalas, que puede ser
binario, o de posiciones de cuatro o cinco opciones como en el caso de las Escalas Likert, o de
posiciones dicotómicas o por contraste de Guttman. (Corbetta, 2007, pp. 17-18)
Para darle mayor precisión a lo antes mencionado, Corbetta (2007) incluye en su análisis reflexivo,
escalas de varios elementos: Como es el caso de la escala de Likert (1932), la escala de análisis
factorial, el escalograma de Guttman (1944; 1950). (…)
La escala de Likert también llamadas “escalas aditivas” en las cuales las preguntas se encuentran
(…) representadas por una serie de afirmaciones, para cada una de las cuales el
entrevistado debe decir si está de acuerdo y en qué medida. [Inicialmente] se
proponían siete alternativas: totalmente de acuerdo, de acuerdo, en parte de
acuerdo, dudoso, en parte en desacuerdo, en desacuerdo, totalmente en
desacuerdo. Después se han reducido a cinco, a veces incluso a cuatro, con la
eliminación de la categoría intermedia. (…) se trata de preguntas con respuesta
de autonomía semántica parcial. [El cual consta de] cuatro fases: a) formulación
de las preguntas, b) aplicación de las preguntas a una muestra de sujetos, c)
selección de las preguntas y determinación del grado de coherencia de la escala,
y d) control de la validez y unidimensionalidad de la escala. (Corbetta, 2007, p.
219-20)
Durante este proceso Likert, recomienda lo siguiente: realizar un análisis exhaustivo de las
categorías, afirmaciones y la escala que se va a recomendar, para que sea posible recuperar las
propiedades estimadas en los objetivos de investigación. Recomienda que la ruta metodológica sea
de lo general a lo particular, y que debe ser monitoreada su validez a través de la aplicación de
muestras pequeñas, y la validación de otros expertos, a fin de que al aplicarse a la muestra
representativa, puedan obtenerse los datos significativos que se procuran durante el trabajo de
campo. Por otro lado, esta condición minimiza la presencia de errores que desde la perspectiva
probabilística debe considerarse como un factor clave para el éxito o fracaso de un instrumento: a
lo que denomina coeficiente alfa. Al respecto Likert, citado en Corbeta (2007, p. 244), refiere que
deben ser considerados los:
(…) criterios para valorar la coherencia interna global de una escala: alfa de
Cronbach, que se basa en la matriz de relación entre todos los elementos y su
número. Su fórmula es: a= __nr___
1+r(n-1)
Donde n es el número de elementos de la escala, y r es su correlación media. (…)
alfa no es un coeficiente de correlación; suele tomar un valor positivo, entre 0 y
1; cuanto más alto es su valor, mayor es la coherencia interna de la escala”. En
contraste, Nunnally (1978, 245) “(…) sugiere un valor mínimo de 0,70 como
criterio de aceptabilidad de una escala. Un alfa inferior a este valor significa que
los elementos de la escala tienen poco en común, o que su número es demasiado
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bajo. (…) Alfa aumenta a medida que aumenta el número de elementos de la
escala y su correlación media. (Corbeta, 2007, p. 244)
Entre otros aspectos relevantes sobre los criterios de validez, Corbetta (2007, pp. 225-227) sugiere
la escala de análisis factorial, dado el carácter unidimensional de estos instrumentos. Al respecto
señala que: “El objetivo del análisis factorial es reducir una serie de variables relacionadas entre sí
a un número inferior de variables hipotéticas (factor o variables latentes) independientes entre sí.
El punto de partida para el análisis es la matriz de correlación entre las variables observadas, y el
objetivo es explicar estas correlaciones mediante la existencia de factores subyacentes”.
Respecto al escalograma de Guttman, Corbetta (2007, pp. 227-228) señala que aparece como una
alternativa a las debilidades demostradas de la escala de Likert, ésta consiste en:
(…) una sucesión de elementos que presentan una dificultad creciente, de
manera que si ha respondido afirmativamente a una pregunta, se debe haber
respondido también afirmativamente a todas las que preceden en grado de
dificultad. De ahí el nombre de escalograma o escala acumulativa (por contraste
con el nombre de escala aditiva, atribuido a la técnica Likert, en la que todos los
elementos de la escala tienen el mismo grado de dificultad). Asignando la
puntuación 1 a la respuesta afirmativa y 0 a la respuesta negativa y sumando las
puntuaciones de cada individuo sobre todos los elementos, obtenemos la
puntuación total sobre la escala para cada sujeto.
Por tanto podemos saber, no solo a cuantas preguntas, sino también a qué
preguntas concretas ha dado una respuesta afirmativa. Esta posibilidad de
deducir las respuestas a cada una de las preguntas a partir de la puntuación de
la escala es una característica típica del escalograma de Guttman, que también
se designa con el término reproducibilidad (a partir de la puntuación se puede
reproducir las respuestas a cada pregunta).
Corbetta (2007), en su texto señala que el escalograma de Guttman, sólo incluye respuestas de
contraste como (si/no) (de acuerdo/en desacuerdo), (a favor de/ en contra de), asimismo que
durante su proceso de formulación se conciben tres o cuatro fases a partir de la creación de las
preguntas, su aplicación a una muestra de sujetos, el análisis de los resultados con la eliminación de
los elementos que indican demasiados errores, la definición de un índice global de aceptación de la
escala y, una eventual fase de validación de la misma.
Al respecto, destaca que la contribución esencial de este trabajo, consiste en la identificación de los
errores al momento de realizar el análisis de los resultados, con el fin de destacar todas aquellas
respuestas que no corresponden a las secuencias advertidas en el modelo.
Este enfoque se enriquece mediante la técnica de Edwards, cuyo procedimiento sugiere “(…) la
tabulación de respuestas en dos columnas y las filas de la matriz se ordenan de manera que las
preguntas de la escala estén de izquierda a derecha según el número de respuestas positivas
recibidas, y los casos estén ordenados de arriba abajo según la puntuación total recibida”. Toda vez
que se han identificado los errores por contraste, es posible valorar el grado de escalabilidad de los
reactivos y por lo tanto, estimar el coeficiente de reproductibilidad para valorar la proporción de
respuestas correctas e incorrectas. Corbetta (2007, p. 229-230)
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Según Guttman, citado en Corbetta (207, p. 231, 231): “El coeficiente de reproducibilidad de la
escala es la medida de los coeficientes de reproducibilidad de cada uno de los elementos
(proporción de respuestas correctas/respuestas totales de cada elemento). Esto implica que el
coeficiente puede estar inflado debido a una distribución de las respuestas muy asimétrica”, por lo
que para aumentar el grado de efectividad es recomendable evitar la elaboración de reactivos que
mantengan una tasa elevada de respuesta garantizada ya sea de aceptación o de rechazo, por ende,
incluir otros que puedan ofrecer criterios estadísticamente independientes y diferenciados;
particularmente cuando se trata de centros de interés subjetivos como el estudio de los
comportamientos, etcétera. Ya que en su opinión, es la vía de acceso más plausible para que las
ciencias sociales o estudios de naturaleza cualitativa puedan responder a modelos probabilísticos y
considerar mayores escalas o rangos de validez y confiabilidad.
Otra de las técnicas a las que Corbetta (2007) hace alusión en su texto es la relativa al diferencial
semántico, cuyo origen es desde los paradigmas de la psicología estadounidense, y que guarda un
enfoque particular, en relación a los instrumentos descritos con anterioridad. El motivo principal de
estos instrumentos es la búsqueda de significados que los sujetos sociales pueden percibir como
parte de la interacción intersubjetiva con otros objetos y que se manifiesta en la representación de
comportamientos, interpretaciones que dan sentido a la representación social de las cosas, los
hechos, fenómenos en que los individuos se ven inmersos.
Sin embargo, advierte algo altamente significativo:
Cuando los sujetos estudiados son personas inteligentes, con formación y con
excelentes dotes de expresión verbal, esta forma de conocer los significados a
partir de la descripción que ellos nos ofrecen, puede ser válida y lo bastante
sensible: esas personas son capaces de expresar, mediante una descripción
verbal, los elementos distintivos y determinantes de lo que ese concepto
significa para ellos. Pero con individuos que no tienen esta capacidad de
expresión verbal, este sistema puede ser muy limitado: las descripciones
emitidas de manera espontánea pueden resultar demasiado pobres. Además,
resulta difícil comparar entre sí todas las descripciones obtenidas con estos
procedimientos tan subjetivos. (Osgood, citado en Corbeta, 2007, p. 234)
Ante tal situación es recomendable, profundizar en el carácter subjetivo de la interpretación que
cada persona realiza, para establecer un carácter diferencial semántico, que permita comprender
las asociaciones que establece el entrevistado. En este sentido, la vigilancia de la característica de
los participantes, puede establecer la especificidad de los conceptos incluidos en el instrumento,
controlar las escalas e intensidad y considerar los atributos que surgen durante la investigación y
que no fueron contemplados inicialmente, pero que pueden tener mayor significado para los
participantes. Por esta razón se sugiere, que los participantes durante el proceso de aplicación
respondan de manera directa al reactivo, sin reflexionar mucho en la respuesta.
Un rasgo particular de este tipo de instrumentos, es la cantidad de reactivos y variables que pueden
presentar, éstas pueden fluctuar desde los 40 a los 400 ítems, todo dependerá del objeto de estudio.
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Fnalmente, Corbetta (2007), incluye la técnica conocida como el test sociométrico, que tiene mayor
énfasis en el estudio de las dinámicas de grupo, o conocimiento de los fenómenos en masa social,
sin embargo, el carácter de análisis de datos, remite al estudio individual de los participantes. Este
modelo fue incorporado al estudio del campo educativo, interesado en las formas de relaciones
interpersonales generalmente en los procesos pedagógicos.
En su formulación más sencilla, el test sociométrico consiste en un cuestionario
compuesto por unas cuantas preguntas, que giran en torno al tema de la
preferencia o rechazo por el resto de los individuos de un grupo. La elaboración
de los datos es tan sencilla como la aplicación del cuestionario. Se construye una
matriz cuadrada, en cuyas partes izquierda y superior se sitúa la lista de los
componentes del grupo, y se registran las preferencias o rechazos en las casillas
correspondientes a cada pareja. (Corbetta, 2007, p. 241)
A partir de lo mencionado, vale agregar que este enfoque aporta un espectro de análisis teórico y
empírico de rasgos, características y cualidades de la personalidad de los sujetos, a partir de los
cuales se generan condiciones de aproximación a las características de los grupos, e interpretar
conductas, comportamientos, percepciones, etcétera que son característicos de determinados
grupos socioculturales.
A manera de cierre, es menester señalar que la integración de esta diversidad de instrumentos en
la obra de Corbetta (2007), tiene un valor altamente significativo para quienes se interesan en la
construcción de conocimiento nuevo, así mismo permite desde las Ciencias Sociales y en particular
desde las Ciencias de la Educación, sostener procedimientos metodológicos que ofrecen la
oportunidad de sistematizar con criterios de validez y confiabilidad los estudios de naturaleza
mayormente subjetiva y que por añadidura, son cuestionados por las comunidades científicas. Con
ello ofrece Corbetta (2007) con este trabajo, un respaldo científico y metodológico particularmente
a los investigadores noveles que, a través de sus aportaciones pueden encontrar pretextos de
análisis para sostener, argumentar y fundamentar criterios que son indispensables para la vigilancia
epistemológica de los objetos de estudio y ciencia en cuestión.