Pöppel, Hubert. Bibliografía y Antología Crítica de las Vanguardias literarias. Bolivia.
Colombia. Ecuador. Perú. Madrid: Iberoamericana; Frankfurt am Main; Vervuert,
1999. 225 pp.
Vanguardia en los Andes
Reseña
Aymará de Llano
CE.LE.HIS. (Centro de Letras Hispanoamericanas)
Universidad Nacional de Mar del Plata
Se trata de una edición original por el material incluido y el tipo de organización
del tomo que es parte de una serie –nueve en total- sobre las vanguardias en el Mundo
Hispánico. A la manera vanguardista, los cinco prefacios introducen al lector
especializado en una escritura experimental, no convencional para este tipo de
publicaciones, ya que buscan comunicar información pertinente a través de la imitación
de los manifiestos de vanguardia. En el último de estos textos preliminares, el autor nos
advierte sobre las dificultades halladas a la hora de la búsqueda del material. Hace
especial hincapié en el desarrollo desigual de la producción vanguardista de los cuatro
países tratados. Es en Perú en donde más se evidencia la incidencia de los grupos de
vanguardia, se verifican, aunque con reservas, en el Ecuador y hay poca comprobación
en Colombia y Bolivia.
En cuanto al tomo en cuestión, además de esos prefacios -comunes en lo formal
a todos los tomos de la serie aunque con variantes en el tipo de referencia bibliográfica-,
aparece una sección bibliográfica que se subdivide en varias partes: la primera dedicada
a las vanguardias latinoamericanas en general y, luego, las referidas a cada país:
Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú. El recorrido es exhaustivo y acopia tanto la
producción por autor como la referencia de bibliografía crítica sobre las vanguardias; el
índice se encuentra subdividido para América Latina en: “antologías”, “visiones de
conjunto” y “crítica”; para los países en particular en: “antologías”, “visiones de
conjunto”, “crítica”, “revistas, grupos y antologías de la época” y “autores”. Finalmente,
una antología crítica -once artículos publicados anteriormente en tomos de homenajes,
revistas académicas y/o capítulos de libros-. Se completa esta edición con un índice
onomástico y un listado de los colaboradores y su lugar de pertenencia académica.
Observamos un material muy completo para estudiar esta región geo-cultural y un
índice que orienta la búsqueda bibliográfica.
Dos de los artículos están dedicados a Bolivia, sus autores son Alberto Julián
Pérez y Oscar Rivera-Rodas. En el primero se hace una aproximación desde lo
continental, pasando por la poesía latinoamericana, hasta llegar a la vanguardia
boliviana. Desde ese enfoque, la aparición tardía de las vanguardias se presenta como
problemática para la crítica ya que no aparece hasta fines de la década del cuarenta con
poetas como Gustavo Medinacelli y Julio de la Vega. Como surge anacrónicamente
respecto de otros países americanos, durante ese espectro temporal amplio se desarrolla
el Modernismo. Tampoco se le prestó atención a la poética del Realismo Socialista, que
recién se hace presente en la década del sesenta con la obra de Pedro Shimose. El
segundo artículo, “La modernidad y sus hermenéuticas poéticas. Poesía boliviana del
siglo XX”, completa la serie sobre Bolivia tomando un período extenso -el siglo XX-;
recorre el “desmantelamiento de las descripciones tradicionales de la realidad” (97) y la
“supresión de los referentes” como operatorias poéticas especialmente en la escritura de
Antonio Avila Jiménez (1898-1965). Se trabaja el “silenciamiento del discurso” en este
poeta como fenómeno de la desrealización iniciada por el vanguardismo.
Los tres artículos dedicados a Colombia pertenecen a Armando Romero, Álvaro
Medina y Gilberto Loaiza Cano. En ellos hay una gradación que va de lo general y
panorámico desde el siglo XIX al XX, pasando por todos los grupos vanguardistas para
llegar a centrarse en un grupo, los “Arquilókidas”. En el primero, Romero hace un
recorrido desde lo político social y desde los antecesores de la vanguardia. Anota, así,
que no se puede prescindir de José Asunción Silva como poeta del siglo XIX muy
cercano a la sensibilidad poética contemporánea. Luego pasa por el grupo “El
Centenario”, cuya denominación se debe a que sus integrantes comenzaron a publicar
hacia 1910, fecha del centenario de la independencia, y también aborda la producción
de dos poetas modernistas, Porfirio Barba Jacob y Luis Carlos López, quienes iniciaron
la renovación. Así llega a “los Nuevos”: Tejada, Vidales, Mar, Zalamea, De Greiff entre
otros y a las revistas que iniciaron y contribuyeron al cambio –“Piedra y cielo”,
“Cántico”-, centrándose en la revista “Mito”, que califica como “el hecho más
importante de las letras colombianas de la década del 50” (115), porque desmitificó la
vida cultural de Colombia y posibilitó la apertura a distintas tendencias. El segundo
artículo se dedica a hacer un panorama de toda la vanguardia en Colombia partiendo de
los poetas agrupados en distintas revistas de poesía. De manera que se reseña la
actividad de Panida y Voces al mismo tiempo que se hace alusión a Luis Carlos López,
León de Greiff, Ramón Vinyes y Luis Vidales. En el último, Loaiza Cano se dedica
especialmente a los Arquilókidas, que representa el rechazo acérrimo al universo de
intelectuales de las generaciones precedentes. Reunió a grupos enfrentados
ideológicamente pero “tenían en común el hecho de haber iniciado el camino de la
renovación crítica y literaria” (134).
Humberto Robles en “La noción de vanguardia en el Ecuador. Recepción y
trayectoria (1918-1934)” traza su perspectiva de los caminos vanguardistas desde 1918
hasta el 34, seccionándolos en tres períodos: 1918-1924, 1925-1929 y 1930-1934. Su
análisis también hace pie, como en artículos anteriores, en las revistas literarias de la
época. Intenta “rectificar la parcialidad y el aparente equívoco con que se ha leído la
historia literaria de toda esa época” (139). Advierte que en su país “no siempre es lícito
hablar de Vanguardia, sino de noción de Vanguardia” (139). Esto lo hace para
diferenciar la Vanguardia histórica de las manifestaciones posteriores, que él estudia
hasta el 34, cuando se rescata la figura de algunos vanguardistas marginados como
Pablo Palacios. El artículo de María del Carmen Fernández estudia la senda trazada por
las revistas: Hélice, Llamarada de corte nativista y Savia. Establece las relaciones
pertinentes entre la primera y Pablo Palacios quien publicó, como único narrador del
grupo, los cuatro relatos de la colección en sus cuatro únicos números.
Mirko Lauer en “Máquinas y palabras: la sonrisa internacional hacia 1927”
desarrolla las problemáticas relaciones entre modernidad y tradición en el Perú. Según
esta lectura hubo desencuentros entre palabra e imagen y esto se manifiesta en una
vanguardia tardía en su país. Sin embargo destaca la fuerza de los movimientos
provinciales –ejemplifica con Alberto Hidalgo y César Vallejo- como “fecundo vivero
de posibilidades de desarrollo cultural” (170). Las formas y experiencias pre-capitalistas
locales entraron en diálogo con lo que Lauer llama “síndrome capitalismo-máquina-
rebeldía”, (171) que representan a los sectores vanguardistas. Luego estudia los
movimientos que sostuvieron y sostienen los valores de la ‘tradición’: el indigenismo;
así mismo establece las relaciones de contrapeso en ambos.
También se dedica a Perú Jorge Kishimoto Yoshimura en “Narrativa peruana de
vanguardia”. Después de trazar un panorama de la narrativa y la poesía peruana en las
primeras décadas del siglo XX, apoyándose en otros críticos -el peruano, Antonio
Cornejo Polar, y el español, Luis Monguió-, se centra en las polémicas vanguardistas
entre: Vallejo, Magda Portal, Gamaliel Churata desde su Boletín Titikaka y también
desde Amauta, Serafín Delmar y Alberto Hidalgo. James Higgins estudia a “José Carlos
Mariátegui y la literatura de vanguardia”. Revisa rápidamente el proceso de la literatura,
tal como lo plantea Mariátegui, luego examina la tradición y las prácticas
revolucionarias para arribar, en forma sistemática pero breve, a los vanguardistas Carlos
Oquendo de Amat, César Moro y Martín Adán, aunque se refiere a otros con menos
detenimiento.
Cierra el apartado sobre Perú y el tomo, José Carlos González Boixó con su
artículo “César Vallejo y la vanguardia poética”. La senda seguida en el estudio se
centra en la repercusión de las obras de Vallejo siguiendo su vida en cuanto a viajes y
formas de insertarse en el ambiente de los intelectuales de la época. Vallejo era casi
desconocido en España hasta finales de los cuarenta. En 1949, la editorial Losada lo
vuelve a publicar porque ya sus primeras ediciones estaban agotadas. Relaciona el tono
trágico y doliente de sus poemas con afecciones corporales y psíquicas, con la miseria y
la soledad que pobló su vida en Perú y en Europa. Luego trata la dificultad del lector no
especialista para entender su poesía por la falta de “claves de interpretación” (202).
Trabaja sobre la crítica de Vallejo a las vanguardias y, en especial, respecto del
surrealismo. Así como, las opiniones sobre el arte y la participación política del artista.
Finalmente, comenta las polémicas entre André Coyné y Juan Larrea en el año 1967 a
partir de las opiniones de César Vallejo sobre el surrealismo en su “Autopsia del
superrealismo”.
Estamos ante una obra que acopia información y facilita el camino de todo
docente y/o investigador a la hora de aproximarse a las vanguardias iberoamericanas –
utilizamos este adjetivo porque, además de Latinoamérica, los tomos recogen Cataluña,
España y Portugal-. Ya tenemos ciertos clásicos que abrieron el campo de estudio con la
compilación de manifiestos, cartas y proclamas de la vanguardia latinoamericana (Cfr.
Hugo Verani, Nelson Osorio y Roberto Schwartz). En este caso el material es otro y, al
profundizar en cada por región, permite otra tipo de práctica y un destino distinto.