EL TRABAJO COMO ACTIVIDAD TRANSFORMADORA
Si el ser humano, según se apuntó en el segundo apartado, tiene una naturaleza histórica, social y
dinámica, esta naturaleza se evidencia en las prácticas transformadoras que mediante el trabajo
lleva a cabo para producir / reproducir su existencia. En el trabajo el ser humano no sólo se refleja
a sí mismo, sino que se autoconstituye como lo que es, y lo hace a partir de la puesta en
funcionamiento de su inteligencia y su voluntad. Sobre el papel del trabajo en la constitución del
ser humano Engels planteaba que, “El trabajo es la fuente de toda riqueza, afirman los
especialistas en economía política. Lo es, en efecto, a la par que la naturaleza, proveedora de los
materiales que él convierte en riqueza. Pero el trabajo es muchísimo más que eso. Es la condición
básica y fundamental de toda la vida humana. Y lo es en tal grado que, hasta cierto punto,
debemos decir que el trabajo ha creado al propio hombre.” (Citado en Barquero, 1993: 19) (9)
Además de esto, el trabajo como actividad revestida de intencionalidad, transforma directa e
indirectamente el medio (natural y social) Transforma el medio natural cuando interviene y
modifica el ambiente según la conveniencia del ser humano - y en muchas ocasiones
inconvenientemente - Asimismo sucede con el medio social, una acción directa ejercida sobre
otras personas repercutirá mediante la reproducción de esa acción por parte de otros en la
constitución del todo social. En este caso es válido destacar que no es posible la neutralidad en el
entramado relacional de los seres humanos. En el trabajo el ser humano pone en juego su ser de
forma integral, puesto que, echa mano a las tenencias propias, a saber, su corporeidad,
inteligencia y su facultad autorreguladora como gestor de normas morales y comportamiento
virtuoso (o vicioso).
EL TRABAJO Y LAS TENENCIAS DEL SER HUMANO Para el desarrollo de este apartado, se parte de la
división de los niveles del tener del ser humano que realiza L. Polo y que Christine Wanjiru
desarrolla en su obra “Ética de la profesión docente” Se toma en cuenta esa división por ser la más
congruente con el planteamiento aquí propuesto. No obstante, se amplían algunos conceptos
expuestos por la autora, y se difiere de otros. Resumidamente la propuesta conceptual de la
filósofa de marras se plantea así: 1. Nivel corpóreo: Entendido como la capacidad de hacer y de
apropiación que tiene el ser humano según su cuerpo. Guarda un carácter instrumental, externo,
práctico y utilitario, esto último en sentido socializante de la capacidad. 2. Nivel intelectivo o
racional: Hemos de entender éste como una capacidad inmanente de apropiación mediante la
acción contemplativa (reflexiva) Se denomina inmanente porque ésta es poseída en la acción
misma, en el darse cuenta de su posesión. 3. Nivel moral: Capacidad de actuar según la adquisición
actitudinal. Tener en sí mismo una capacidad adquirida pero formando parte integral de la
persona. El ser humano es responsable de sus acciones y en el caso de aquellas acciones que
propenden hacia el bien común, engendran un comportamiento virtuoso que acrecienta a la
persona desde su interioridad. (Wanjiru, 1999:143-154) (10)