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Influencias de Occidente, Bizancio e Islam

El documento describe la división del Mediterráneo durante la Edad Media en tres esferas de influencia: Occidente cristiano, el Imperio bizantino y el mundo islámico. Cada uno desarrolló su propia cultura e identidad, aunque también hubo intercambios. El Imperio bizantino se consolidó como un poderoso estado que contuvo la expansión musulmana. Más adelante, las cruzadas buscaron recuperar Tierra Santa para el cristianismo pero terminaron en fracaso.

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Influencias de Occidente, Bizancio e Islam

El documento describe la división del Mediterráneo durante la Edad Media en tres esferas de influencia: Occidente cristiano, el Imperio bizantino y el mundo islámico. Cada uno desarrolló su propia cultura e identidad, aunque también hubo intercambios. El Imperio bizantino se consolidó como un poderoso estado que contuvo la expansión musulmana. Más adelante, las cruzadas buscaron recuperar Tierra Santa para el cristianismo pero terminaron en fracaso.

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Occidente, Bizancio y mundo islámico durante la Edad Media

Durante la Edad Media el espacio alrededor del mar Mediterráneo se dividió en tres grandes zonas
de influencia: la Europa cristiana occidental, el Imperio bizantino y el mundo musulmán. Las
civilizaciones allí conformadas mantuvieron complejas relaciones, con momentos de intenso
conflicto y otros de encuentro y profundo intercambio cultural. Mientras Europa occidental vivía
una fragmentación del poder político, el deterioro de su comercio y el declive de la vida urbana,
Bizancio se consolidó como un poderoso imperio centralizado con capital en Constantinopla, con
su propia versión del cristianismo y una rica vida cultural y comercial.

Por su parte, el mundo musulmán, vinculado al auge y expansión de la religión islámica, vio crecer
su influencia mediante el comercio y desarrollo cultural, en el que prosperaron las artes y las
ciencias. Utilizaron saberes y conocimientos de otras culturas, los que fueron perfeccionados con
originalidad y complementados con desarrollos propios.

El mar Mediterráneo, un espacio dividido

Entre los siglos IV y VIII se registró una división del espacio en torno al mar Mediterráneo,
determinada por el surgimiento de nuevos centros de poder y áreas de influencia en torno a ellos.
El punto de partida fue la división del Imperio romano en el año entre Roma y Constantinopla,
mientras Oriente perduró más de mil años como una unidad política y cultural, Occidente
sucumbía y se fragmentaba en una serie de reinos de origen germánicos, dando forma
paulatinamente a una Europa occidental cuyo elemento unificador fue el cristianismo. Estas dos
grandes áreas políticas y culturales, durante el siglo VII, presenciaron la irrupción de un nuevo
actor, el islam, que luego de su surgimiento experimentó una rápida expansión por Asia y el norte
de África, cuestión que terminó por configurar un dominio tripartito del área mediterránea y su
entorno. Recién en el año 732 su proceso de expansión fue detenido por los francos en la batalla
de Poitiers (actual Francia).
El Imperio bizantino

La historia del Imperio bizantino se extendió por cerca de mil años, desde el año 395, cuando se
produce la división del Imperio romano, hasta 1453, cuando Constantinopla, capital de Imperio
bizantino cayó en manos de los turcos otomanos. A la cabeza del Imperio estaba el basileus, quien
concentraba el poder político, militar y religioso; un tipo de gobierno que, a diferencia de los
reinos germanos de Occidente, era independiente del Papa.

Este imperio por largo tiempo fue el más estable y el principal poder político de la Edad Media. Su
poder le permitió repeler invasiones de pueblos barbaros y, por largo tiempo, el avance
musulmán, convirtiéndose en verdadero muro de contención para la fragmentada Europa
occidental.

Durante el siglo VI se experimentó el apogeo de Bizancio, particularmente bajo el gobierno del


emperador Justiniano (527-565), quien logró conquistar casi toda la cuenca del mar Mediterráneo
y elaborar un extenso e influyente código legal. Fue a partir del siglo VII que el Imperio bizantino
comienza a perder progresivamente el control de parte de sus territorios y su lugar como principal
poder político del medioevo.

El cisma entre Oriente y Occidente: la división del cristianismo

En un principio el patriarca de la Iglesia bizantina estaba subordinado al Papa en Roma. Sin


embargo, a lo largo de los siglos y mediante una serie de concilios ecuménicos, la Iglesia cristiana
de Oriente y su patriarca fueron progresivamente ganando independencia, hasta llegar a
enfrentarse abiertamente con Roma. La ruptura definitiva se produjo en el año 1054, cuando el
Papa en Roma y el patriarca de Constantinopla se excomulgan mutuamente. A este evento se le
conoce como el cisma de Oriente, que separó de manera oficial a la Iglesia católica romana de las
Iglesias ortodoxa.

El mundo musulmán

La civilización musulmana se formó sobre la base del islam, religión que se originó en la península
arábiga a principios del siglo VII. El fundador del islam fue Mahoma (570-632), quien nació en La
Meca, y tras una experiencia mística, comenzó a predicar un mensaje que hablaba de un solo dios,
Alá. En el año 622, conflictos relacionados con esta nueva fe lo obligaron a salir de La Meca en
dirección a Medina. Esta fecha se conoce como Hégira y marca el inicio de la expansión de la
nueva religión.

A partir de ese momento y hasta mediados del siglo VIII, el islam le arrebató al cristianismo la
hegemonía del área mediterránea, acabó con el Imperio persa, conquistó territorios del Imperio
bizantino, tomó posesión de gran parte de la península ibérica, y se expandió por el sur de Asia.

Los sucesores de Mahoma, conocidos como califas, ostentaron los cargos de jefes religiosos y
políticos entre la comunidad musulmana. Luego de los primeros califas, se sucedieron poderosas
dinastías bajo las cuales, la cultura musulmana alcanzó su mayor apogeo, especialmente durante
la dinastía Abasí.

Durante la segunda mitad del siglo VIII se hicieron traducciones al árabe de obras griegas, persas y
del lejano oriente. En este tiempo, la civilización musulmana se fundó no solo en recibir
conocimientos externos a ella, sino en el desarrollo de esos saberes mediante procedimientos
nuevos de investigación fundados en observar y experimentar. Los geógrafos musulmanes
consiguieron mejorar la obra de Tolomeo. Los astrónomos también mejoraron los conocimientos
recibidos. En matemáticas, los avances fueron notables. El interés por la medicina y por
diagnosticar y mejorar las técnicas de curación, los llevó a perfeccionar los conocimientos
botánicos. Todo este desarrollo científico y cultural irradio desde Bagdad al occidente islámico.

La península ibérica, un espacio de coexistencia cultural

¿Cómo se relacionaron musulmanes y cristianos en la península ibérica?

La expansión de los árabes musulmanes llevó a que en el año 711 conquistaran casi la totalidad de
la península ibérica, dando inicio a un dominio de casi 800 años. El dominio musulmán de estos
territorios, conocidos como Al-Ándalus, reactivó la actividad agrícola y la vida urbana, y propició,
además, la integración de la península a los circuitos comerciales de Oriente. Esta situación
determinó que una parte importante del intercambio cultural entre el mundo islámico y la
cristiandad occidental durante la Edad Media se efectuara sobre este territorio. Fue tal el apogeo
que, durante el siglo X, Córdoba adquirió una gran importancia, siendo por esa época la ciudad
más grande de Europa occidental y un polo de desarrollo científico, cultural y económico que
atrajo a estudiosos de todo Oriente y Occidente. Bajo dominio musulmán, predominó por largos
periodos de tiempo una coexistencia pacífica entre cristianos, judíos y musulmanes, cristianos
convertidos al islamismo (muladíes) y españoles arabizados (mozárabes).

Las cruzadas

A partir del siglo XI, la cristiandad occidental comenzó un proceso de expansión, incorporando
comunidades y pueblos a la fe católica del norte, este y suroeste del continente; mientras que los
reinos católicos de Castilla y Aragón iniciaron un lento camino para reconquistar los territorios del
Al-Ándalus. Fue en este contexto que se emprendieron las cruzadas, una serie de campañas
militares que tuvieron como principal objetivo recuperar Tierra Santa (Palestina) para la
cristiandad, lugar donde se había originado el cristianismo y que había quedado bajo el control de
un nuevo pueblo musulmán, los turcos selyúcidas. Aunque las motivaciones originales fueron
esencialmente religiosas, pronto se sumaron otras, entre ellas, los deseos de conquista y
enriquecimiento de numerosos señores y el interés por establecer nuevas rutas comerciales entre
Occidente y Oriente.

Mientras se desarrollaron las cruzadas, estas sirvieron para apaciguar momentáneamente las
tensiones entre Roma y Constantinopla al establecer un enemigo común. No obstante, sus
relaciones no mejoraron y el objetivo de recuperar los lugares santos terminó en un enorme
fracaso.

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