Batalla de Ayacucho: Fin del Virreinato
Batalla de Ayacucho: Fin del Virreinato
¡Triunfar!
Simón Bolívar, Pativilca, 1824.
Una semana después del motín del Callao, Bolívar ordenó abandonar
Lima, y desde Huaraz, se pone en marcha una retirada general del
ejército de Colombia en dirección hacia el norte peruano,30 enviando
órdenes a sus tropas para reagruparse en Huamachuco (en la sierra) y
Trujillo (en la costa). Ordenó que el repliegue general se hiciera
devastando el territorio peruano, talando los campos, secuestrando el Mapa animado de los guerras de independencias
ganado, y bajo una política general de Tierra quemada, destruyendo hispanoamericanos (1808-1826):
cualquier recurso de los pueblos peruanos para que no pudiera servir de Territorios bajo control realista.
sustento al Ejército Real del Perú. Lo que Tomás de Heres había venido Territorios bajo control de movimientos de
a llamar “guerra a la colombiana”. A los departamentos libres del Perú, separatistas.
además de la contribución sangre, se les exigió el dinero hasta pagar el Territorios bajo control de la Gran Colombia.
31
sueldo íntegro del ejército colombiano. Respecto a la marina peruana, España bajo ocupación francesa.
Bolívar desde Trujillo daba órdenes al jefe de la escuadra republicana España durante la revolución liberal.
Martín Guise, de echar a pique los buques patriotas del Callao que no Zonas sin un gobierno claro.
pudieran abandonarlo, entre ellos se perdió la fragata Venganza o
Guayas, y además ordenó cambiar por colombianos a los capitanes de
los buques peruanos Limeña y Macedonia que se encontraban en el puerto de Guayaquil.32
Bolívar sabía que la división de Canterac se hallaba asentada en Jauja, aparcada a la espera de la llegada de la división de
Jerónimo Valdés. Y que reunidas iniciarían la ofensiva en la sierra, lo que obligaría a Bolívar a prolongar la retirada, y esto
produciría la desaparición del ejército de Colombia en el Perú, y haría peligrar el sur de Colombia hasta la región de Pasto,
favorable todavía a la monarquía española en campaña de Pasto.33 Bolívar se puso en contacto con sus generales en Quito y
con su vicepresidente en Colombia, advirtiéndoles de la irremediable pérdida del Perú. Se puso en ejecución el plan de
retirada,34 con Bolívar en Trujillo y con el ejército colombiano en retirada general hacía el norte, cuando felizmente Bolívar
recibió la noticia de la Rebelión de Olañeta.
El mapa estratégico había cambiado decisivamente a favor de Bolívar. Sorpresivamente, al comenzar el año 1824, todo el
ejército realista del Alto Perú se sublevó junto al caudillo absolutista español Pedro Antonio Olañeta contra el Virrey del Perú,
tras saberse que en España había caído el gobierno Constitucional. Efectivamente, el monarca Fernando VII de España y sus
partidarios absolutistas, recuperaban el gobierno apoyados por 132 000 soldados franceses del ejército de la Santa Alianza,
que ocuparán España hasta el año 1828. Rafael del Riego moría ahorcado el 7 de noviembre de 1823 y los propulsores del
movimiento liberal fueron ajusticiados, marginados o exiliados de España. El 1 de octubre de 1823 el monarca decretaba la
abolición de todo lo aprobado durante los tres años de gobierno constitucional, lo que suspendía provisionalmente el
nombramiento de La Serna como Virrey del Perú. El alcance de la purga absolutista de España sobre los constitucionales de
Virreinato del Perú parecía infalible.
Olañeta pone en rebelión el Alto Perú, expulsa a los jefes españoles leales al virrey y deja a las fuerzas leales del virreinato
peruano sin el apoyo del ejército realista altoperuano.35 El virrey La Serna cambió sus planes de bajar a la costa para batir a
Bolívar, y por el contrario, mandó a Gerónimo Valdés tomar la dirección opuesta, al sur, con una fuerza de 5000 veteranos
para cruzar el río Desaguadero y dirigirlo a Potosí, contra su antiguo subordinado Olañeta, lo que se llevó a cabo el 22 de
enero de 1824. Las Memorias para la historia de las armas españolas en el Perú del oficial peninsular Andrés García
Camba (1846) detallan el trastorno que los sucesos del Alto Perú produjeron en los cálculos defensivos del virrey. Valdés tras
una prolongada campaña militar altoperuana, donde se suceden las batallas de Tarabuquillo, Sala, Cotagaita, y finalmente la
Lava el día 17 de agosto de 1824, da noticia de esta Guerra doméstica en el que
ambas fuerzas realistas, del Virreinato del Perú (liberales) y de las provincias del Alto
Perú (absolutistas), se diezmaron mutuamente, perdiendo jefes y tropas veteranas que
serían irreemplazables.
La Campaña de Ayacucho
La destrucción en Junín del ejército de Canterac obligó al virrey La Serna a llamar
desde Potosí a Jerónimo Valdés, quien acudió a marchas forzadas con sus soldados.
Reunidos los generales realistas, y a pesar de las muestras de sincera adhesión del
Cusco, el virrey descartó un asalto directo por la falta de instrucción de sus milicias,
aumentadas mediante reclutas masivas de campesinos unas semanas antes. Por el
contrario sus tropas cruzaron el río Apurimac e intentaron cortar la retaguardia de
Sucre a través de maniobras de marchas y contramarchas, que se sucedieron desde el
Cusco hasta el encuentro en Ayacucho, a lo largo de la cordillera andina. De esta
forma, los realistas buscaron un golpe de mano que obtuvieron el 3 de diciembre en la
batalla de Corpahuaico o Matará, donde a costa de tan solo 30 hombres ocasionaron
al ejército libertador más de 500 bajas y la pérdida de buena parte del parque y la
artillería. Pero Sucre y su estado mayor lograron mantener la cohesión de la tropa e
impidieron al virrey explotar ese éxito local. Aún a costa de sensibles pérdidas en
hombres y material Sucre mantuvo al Ejército Unido en repliegue ordenado, y
siempre situado en posiciones aseguradas, de difícil acceso, como el campo de Antonio José de Sucre en la batalla
Quinua. de Ayacucho (Museo Nacional de
Arqueología, Antropología e Historia
Otro libro de memorias, In the service of the Republic of Peru del general Guillermo del Perú).
Miller, ofrece la visión de los independentistas. Además del talento de Bolívar y el de
Sucre, el Ejército Unido se nutrió de buena parte de la experiencia militar del siglo: el
batallón Rifles del ejército de Colombia, se encontraba compuesto de tropas mercenarias europeas, que en su mayoría eran
voluntarios británicos. Esta unidad sufrió considerables bajas en Corpahuaico. También se encontraban entre sus filas
veteranos de la Independencia española, norteamericana, y Guerras de Independencia Hispanoamericana hasta casos como el
mayor de origen alemán Carlos Sowersby, veterano de la batalla de Borodino contra Napoleón Bonaparte en Rusia.
Los realistas habían consumido sus recursos en una guerra de movimientos sin haber logrado cortar las líneas del ejército
libertador. Por la extrema dureza de las condiciones de una campaña en la cordillera andina, ambos ejércitos quedaron con el
número de sus tropas seriamente reducidas por enfermedad y deserción, que afectó en el mismo grado a los independientes, y
que igualmente se focalizó en milicias carentes de instrucción militar o la recluta formada de prisioneros enemigos. Los jefes
realistas se habían posicionado en las alturas del cerro Condorcunca (en quechua: cuello de cóndor), una buena posición
defensiva pero que no podían sostener dado que en menos de cinco días se verían obligados a retirarse por la hambruna de la
tropa, lo que equivalía a la dispersión de su ejército, mientras los republicanos esperaban la llegada de más divisiones
colombianas; motivo por el cual los realistas se vieron impulsados a tomar una decisión desesperada: la batalla de Ayacucho
daba comienzo.
Orden de batalla
Sobre el número de combatientes, Sucre exagera su parte de batalla dando un número de soldados patriotas disminuido, cuyo
número lo toma al finalizar la campaña de Ayacucho, mientras sobreestima la cifra de soldados realistas, dando un número de
soldados antes de comenzar la campaña militar, y que extrae del listado militar español capturado con el número de hombres
al salir del Cuzco. En realidad ambos ejércitos comenzaron la campaña de Ayacucho con un estado inicial de fuerza más
semejante (8500 independientes vs. 9310 realistas). Ambos ejércitos disminuyeron su número conforme se iba desarrollando
la campaña, hasta el mismo día de la batalla (5780 independientes vs. 6906 realistas). En el campo de batalla los realistas
sumaban 5876 infantes y 1030 de caballería.
Sobre la composición de ambos ejércitos, el ejército realista estaba compuesto casi en su totalidad por indígenas peruanos,
mientras el ejército patriota contaba con más europeos y extranjeros en sus filas, siendo peruanos menos de la cuarta parte.
Sin embargo, el Ejército del Perú instituyó el día de la fecha de la batalla como su efeméride, en conmemoración a la
consolidaron de la independencia del Perú y de América del Sur.
"En este rincón famoso, un ejército realista, compuesto en su totalidad de soldados naturales del Alto y del Bajo
Perú, indios, mestizos y criollos blancos, y cuyos jefes y oficiales peninsulares no llegaban a la décima octava
parte del efectivo, luchó con un ejército independiente, del que los colombianos constituían las tres cuartas partes,
los peruanos menos de una cuarta, y los chilenos y porteños una escasa fracción. De ambos lados corrió sangre
peruana. No hay por qué desfigurar la historia: Ayacucho, en nuestra conciencia nacional, es un combate civil
entre dos bandos, asistido cada uno por auxiliares forasteros.".38
José de la Riva-Agüero
Orden de batalla
Patriotas Realistas
Comandante en Jefe
Oficialidad
Comandante en Jefe
José de Canterac, jefe de Estado Mayor
Antonio José de Sucre
División Valdés
Oficialidad
Batallón del Centro (ex-Azángaro); jefe: Felipe
Agustín Gamarra, jefe de Estado Mayor Rivero
Francis Burdett O'Connor, primer ayudante de Batallón Cantabria jefe: Antonio Tur
campo
Batallón Voluntarios de Castro; jefe: José Huguet
División del Perú (Izquierda), jefe de Batallón 1.º del Imperial Alejandro (ex-
Extremadura); jefe: Francisco Palomares †
división José de La Mar
División González Villalobos
Batallón de Línea número 1, jefe Francisco de
Paula Otero
Batallón 1.º del regimiento del Cuzco ; jefe: Joaquín
Batallón de Línea número 2 (Trujillo), jefe Ramón Rubín de Celis †
Gonzales
Batallón 2.º del Imperial Alejandro ; jefe: Domingo
Batallón de Línea número 3 (Callao), jefe Miguel Alonso †
Benavides
Batallones 1.º y 2.º del Gerona ; jefe: Domingo
Batallón de la Legión Peruana, jefe José María Echezarraga
Plaza
Batallón Fernando VII ; jefe: José Carratala
División 1º de Colombia (Reserva), jefe de
División Monet
división Jacinto Lara
Batallón Vencedores, jefe Ignacio Luque Batallón Guías del General (del Alto Perú) ; jefe:
Batallón Batalla Pantano de Vargas, jefe José Joaquín Bolívar
Trinidad Moran Batallón 2.º del regimiento del Cusco ; jefe:
Batallón Rifles, jefe Arthur Sandes Francisco Villabase †
Batallón Burgos ; jefe: Juan A. Pardo
División 2º de Colombia (Derecha), jefe de Batallón Victoria (ex-Talavera); jefe: Manuel
división José María Córdova Sánchez
Batallón Infante don Carlos (ex-Real de Lima); jefe:
Batallón Bogotá, jefe León Galindo Mariano Cucalón †
Batallón Voltígeros, jefe Pedro Guash
Batallón Pichincha, jefe Manuel León. División de caballería Ferraz
Batallón Caracas, jefe José Leal
Dragones de San Carlos , jefe: Jerónimo Villagra
División de Caballería, jefe de división Granaderos de la Guardia ; jefe: Valentín Ferraz
Dragones de la Unión ; jefe: Ramón Gómez de
William Miller Bedoya
Húsares de Fernando VII ; jefe: Felipe Fernández
2 escuadrones de Húsares de Junín, jefe Isodoro
Suárez Dragones del Perú ; jefe: Dionisio Marcilla
1 escuadrón de Granaderos a Caballo de los Alarbaderos del Virrey (cuerpo honorífico de los
Andes39 jefe Alejo Bruix40 virreyes del Perú)
2 escuadrones de Granaderos de Colombia, jefe
Lucas Carvajal.
2 escuadrones de Húsares de Colombia, jefe José origen de las tropas
Laurencio Silva ~600041 del Virreinato del Perú en poder de la
monarquía46
1500 ~ 300041 del Virreinato del Río de la Plata, en
su mayor parte del Alto Perú, en poder de la
origen de las tropas
monarquía.47
4000 de la Gran Colombia41
50041 48
-90049 de España
1500 - 2000 de la República del Perú41
495 de Chiloé50
300 a 1000 aprox. de la República de Chile42 43
44
80 a 100 aprox de las Provincias Unidas del Río de
la Plata45
300 de otros lugares41
Confederación Germánica
Francia
Reino Unido
Ejército Libertador
Comandante: general Antonio José de Sucre
Jefe del Estado Mayor - general Agustín Gamarra
Caballería – general Guillermo Miller
Primera División - general José María Córdova (2300 hombres)
Segunda División - general José de La Mar (1600 hombres) La Batalla de Ayacucho (1918) de
Reserva - general Jacinto Lara (1700 hombres) Teófila Aguirre.
"¡Soldados!, de los esfuerzos de hoy depende la suerte de América del Sur; otro día de gloria va a coronar vuestra
admirable constancia. ¡Soldados!: ¡Viva el Libertador! ¡Viva Bolívar, Salvador del Perú!."
Antonio José de Sucre
Nuestra linea formaba un ángulo; la derecha, compuesta de los batallones Bogotá, Boltijeros, Pichincha y Caracas,
de la primera division de Colombia, al mando del señor general Córdova. La izquierda de los batallones 1.° 2.°
3.° y legion peruana, con los húsares de Junin, bajo el ilustrisimo señor general La Mar. Al centro, los granaderos
y húsares de Colombia, con el señor general Miller; y en reserva los batallones Rifles, Vencedor y Bargas, de la
primera division de Colombia, al mando del señor general Lara.
Parte de la batalla de Ayacucho
Nótese que el mariscal Sucre omite mencionar en el parte a los Granaderos a Caballo del Río de la Plata. El general Miller en
su Memoirs of General Miller: in the service of the republic of Peru da la composición completa de las fuerzas al mando de
Sucre:
Caballeria, Miller (al centro): Regimientos Husares de Junín, Granaderos de Colombia, Husares de
Colombia, Granaderos a Caballo de Buenos Aires.
Division La Mar (flanco izquierdo): Legión, N° 1, N° 2, N° 3.
La afirmación de Miller, respecto de que los Húsares de Junín estaban en su división,52 contradice lo que Sucre dice en el
parte.
Los Españoles bajaron velozmente sus columnas, pasando á las quebradas de nuestra izquierda los batallones
Cantabria, Centro, Castro, 1° Imperial y dos escuadrones de húsares con una batería de seis piezas, formando
demasiadamente su ataque por esa parte. Sobre el centro formaban los batallones Burgos, Infante, Victoria, Guias
y 2° del primer Regimiento, apoyando la izquierda de éste con los tres escuadrones de la Unión, el de San Carlos,
los cuatro de los Granaderos de la Guardia y las cinco piezas de artillería ya situadas; y en la altura de nuestra
izquierda los batallones 1 y 2 de Gerona, 2° Imperial, 1° del primer Regimiento, el de Fernandinos, y el
escuadrón de Granaderos de Alabarderos del Virrey.53
El número de soldados naturales de España que combatieron en Ayacucho ha sido acotado por los mismos testimonios
posteriores a la contienda. En el año 1824 los europeos combatiendo en todo el virreinato ascendían a 1500 según el
brigadier García Camba, mientras que según el comisario regio Diego Cónsul Jove Lacomme, oficial del sublevado Olañeta,
el número total de europeos era de 1200, y de los que solo 39 hombres formaban en la división del Alto Perú.54
Para el 9 de diciembre, día en que se libró la batalla de Ayacucho, y de acuerdo a publicaciones posteriores, los europeos en
el ejército del virrey aproximadamente eran 500 hombres según García Camba,55 mientras que Bulnes cita 900 en el libro
"Desde el virrey al último corneta", apoyándose en el diario del capitán Bernardo F. Escudero y Reguera, oficial del Estado
Mayor de Valdés.54 Pero el testimonio del general Jerónimo Valdés le refuta y corrobora la cifra de 500 hombres "de
soldado a jefe".56
Del número referido de prisioneros realistas capturados tras la batalla de Ayacucho, 1.512 eran americanos, mientras que 751
eran españoles, con lo que se deduce que el número de combatientes peninsulares al mando del virrey La Serna puede estar
en torno a esa cifra,57 58
ya que españoles era entonces un término impreciso, sinónimo de blanco, y se daba lo mismo al
peninsular, al criollo y a cualquier europeo.59
La batalla
A las 8 de la mañana, Monet, se adelantó a las posiciones patriotas y le propuso a Córdova que, dado que en ambos ejércitos
había jefes y oficiales ligados amistad o parentesco, “darse un abrazo antes de rompernos la crisma”. Con la autorización de
Sucre, los oficiales se saludaron caballerosamente.60
El dispositivo organizado por los planes de Canterac preveía que la división de
vanguardia de Valdés rodease en solitario la agrupación enemiga, cruzó el río
Pampas para fijar en el terreno a las unidades de la izquierda de Sucre, lo que se
realizaba en la primera fase de la batalla. Mientras, el resto del ejército realista
descendía frontalmente desde el cerro Condorcunca, abandonó sus posiciones
defensivas y cargó contra el grueso del enemigo al que esperaba encontrar
desorganizado, quedarían en reserva los batallones Gerona y Fernando VII
dispuestos en segunda línea para ser enviados a donde fueran requeridos.
En el otro extremo de la línea, la segunda división de José de La Mar apoyada por el batallón Vargas de la tercera división de
Jacinto Lara detuvieron juntas la acometida de los veteranos de la vanguardia de Valdés que se habían lanzado a tomar la
solitaria casa ocupada por algunas compañías independentistas, las cuales fueron arrolladas en principio y obligadas a
retroceder, y serían reforzadas por la carga de los Húsares de Junín bajo la dirección de Miller y luego por los granaderos a
caballo volvieron al ataque,62 al que se sumaría luego la victoriosa división de Córdova.
El Virrey La Serna y demás oficiales intentaron restablecer la batalla y reorganizar a los dispersos que huían y el mismo
general Canterac dirigió la división de reserva sobre la llanura. Sin embargo los reclutados de los batallones Gerona no eran
los mismos que habían vencido en las batallas de Torata y Moquegua, pues durante la rebelión de Olañeta habían perdido a
casi todos sus veteranos e incluso a su antiguo comandante Cayetano Ameller. Esta tropa compuesta por soldados forzados a
combatir se dispersó antes de enfrentar al enemigo siguiéndole luego tras una débil resistencia el disminuido batallón
Fernando VII. A la una de la tarde el virrey había sido herido y hecho prisionero junto a gran número de sus oficiales, y
aunque la división de Valdés seguía combatiendo en la derecha de su línea, la batalla estaba ganada para los independentistas.
Las bajas confesadas por Sucre fueron 370 muertos y 609 heridos mientras que las realistas fueron estimadas en 1800
muertos y 700 heridos, lo que representa una elevada mortandad en combate.
Con los diezmados restos de su división Valdés logró retirarse a las alturas de su
retaguardia donde se unió a 200 jinetes que se habían agrupado en torno al general
Canterac y a algunos pocos dispersos de las derrotadas divisiones realistas cuyos
desmoralizados soldados en fuga llegaron incluso a disparar contra los oficiales que
intentaban reagruparlos. Con el grueso del ejército real destruido, el mismo virrey en
poder de los patriotas, y su enemigo Pedro Antonio Olañeta ocupó la retaguardia, los
jefes realistas optaron por la capitulación tras la batalla.
Es el tratado firmado por el jefe de Estado Mayor realista, Canterac, y el general Sucre al concluir la batalla de Ayacucho, el
mismo 9 de diciembre de 1824. Sus principales consecuencias fueron varias:
El ejército realista bajo el mando del virrey La Serna renunciaba a seguir la lucha.
La permanencia de los últimos soldados realistas en las fortalezas del Callao.
La República del Perú debió saldar la deuda económica y política a los países que contribuyeron
militarmente a su independencia.
Bolívar convocó desde Lima al Congreso de Panamá, el 7 de diciembre, para la unidad de los nuevos países independientes.
El proyecto fue ratificado únicamente por la Gran Colombia. Cuatro años más tarde la Gran Colombia, a causa del deseo
personal de muchos de sus generales y de la ausencia de una visión unitaria, terminaría dividiéndose en las naciones que
forman actualmente.
La ciudad de Cuzco, sería tomada por las tropas de Agustín Gamarra el 24 de diciembre.
Se rendían los tenientes generales, virrey José de la Serna y José de Canterac, mariscales Gerónimo Valdés, José Carratalá,
Juan Antonio Monet y Alejandro González Villalobos, brigadieres Ramón Gómez de Bedoya, Valentín Ferraz, Andrés
García Camba, Martín de Somocurcio, Fernando Cacho, Miguel María Atero, Ignacio Landázuria, Antonio Vigil y Antonio
Tur y Berrueta, 16 coroneles, 68 tenientes coroneles, 484 mayores u otros oficiales y 2000 soldados.11
La capitulación ha sido llamada por el historiador español Juan Carlos Losada como "la traición de Ayacucho" y en su obra
Batallas decisivas de la Historia de España (Ed. Aguilar, 2004), afirma que el resultado de la batalla estaba pactado de
antemano. El historiador señala a Juan Antonio Monet como el encargado del acuerdo: “los protagonistas guardaron
siempre un escrupuloso pacto de silencio y, por tanto, solo podemos especular, aunque con poco riesgo de equivocarnos”
(Pág. 254). Una capitulación sin batalla se habría juzgado indudablemente como traición. Los jefes españoles, de ideas
liberales, y acusados de pertenecer a la masonería al igual que otros líderes militares independentistas, no siempre compartían
las ideas del rey español Fernando VII, un monarca firme sostenedor del absolutismo.
Por el contrario el comandante español Andrés García Camba refiere en sus memorias como,
los oficiales españoles apodados más tarde "ayacuchos", fueron injustamente acusados a su
llegada a España: "señores, con aquello se perdió masónicamente" se les dijo
acusatoriamente, -"Aquello se perdió, mi general, como se pierden las batallas",
respondieron los veteranos de la batalla.
No obstante, Cochabamba se sublevó, con el Primer Batallón "Fernando VII" el coronel José Martínez; seguido en
Vallegrande, por el Segundo Batallón "Fernando VII", deponiendo al brigadier realista Francisco Aguilera el 12 de febrero.
El coronel independentista José Manuel Mercado ocupó entonces Santa Cruz de la Sierra abandonada por Aguilera el 14 de
febrero, mientras Chayanta quedó en manos del teniente coronel Pedro Arraya, con los escuadrones "Santa Victoria" y
"Dragones Americanos" y en Chuquisaca el batallón "Dragones de la Frontera" del coronel Francisco López se pronunció
por los independentistas el 22 de febrero, con lo cual la mayoría de las tropas realistas del Alto Perú renunciaban a continuar
la lucha frente al poderoso ejército de Sucre. El coronel Medinaceli con trescientos soldados se sublevó también en contra de
Olañeta y el 1 de abril de 1825 se enfrentaron en el combate de Tumusla que culminó con la derrota de Olañeta y su muerte
al día siguiente. Pocos días después, el 7 de abril, el general José María Valdez se rindió en Chequelte (Santiago de
Cotagaita) ante el general patriota Urdininea, poniendo fin a la guerra en el Alto Perú.
El nacimiento de Bolivia
Simón Bolívar, con la aprobación del congreso peruano el 23 de febrero de 1825 y del congreso argentino el 9 de mayo de
1825, ratificó la decisión de Antonio José de Sucre de convocar un congreso soberano del Alto Perú que manifestó en su
declaración de independencia su deseo de no unirse al Perú o a las Provincias Unidas de Río de la Plata.
Mediante un decreto la Asamblea determinó que el nuevo estado nacido en el Alto Perú llevaría el nombre de «República
Bolívar», en homenaje al Libertador, designado «Padre de la República». Se le concede también el supremo poder ejecutivo
en forma vitalicia, con los honores de Protector y Presidente.64 Bolívar agradeció estos honores, pero declinó la aceptación
del cargo y designó al mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre.
Notas
6. Jorge Basadre & José Manuel Valega. El Perú
1. Diego Barros Arana (1999). Historia general de
Republicano y los fundamentos de su
Chile: Parte novena : Organización de la república emancipación (http://books.google.es/books?id=8X
1820 a 1833. Tomo XIV. Santiago de Chile:
tuAAAAMAAJ&q=6906+ayacucho+basadre&dq=6
Editorial Universitaria, pp. 359. ISBN 956-11-1786-
906+ayacucho+basadre&pgis=1). Madrid:
X. Sociedad Académica de Estudios Americanos,
2. Gonzalo Bulnes. Ultimas campañas de la 1960. Soldados en la batalla el 9 de diciembre.
independencia del Perú (1822-1826) (http://books.g
7. Federico Kauffmann Doig, Raúl Porras
oogle.es/books?id=PAVbAAAAMAAJ&q=6906+ay
Barrenechea, Rubén Vargas Ugarte. Historia
acucho&dq=6906+ayacucho&hl=es&sa=X&ei=Dcg general de los peruanos desde sus orígenes hasta
KT-zxD-jf0QGDwdirAg&ved=0CEMQ6AEwAw).
el presente (http://books.google.es/books?id=ycUC
Santiago de Chile: Imprenta Barcelona, 1897, pp.
AAAAMAAJ&q=6906+ayacucho&dq=6906+ayacuc
599. ho&hl=es&sa=X&ei=nMcKT5GgI4f50gH02KTSAg
&ved=0CDsQ6AEwAg). Tomo III. Madrid: Sociedad
El Virrei mandaba, segun cálculos Académica de Estudios Americanos; Distribuidora
mui verosímiles 6906 hombres i
Sucre 5780 (16). La desproporción Inca, 1969.
numérica la compensaba la (...)
En este corgo obtuvo un definitivo
triunfo en la batalla de Ayacucho,
3. Robert L. Scheina (2003). Latin America's Wars: el 9 de diciembre de 1824, (...) de
The Age of the Caudillo, 1791-1899. Tomo I. United la montaña del Con- dorcunca, en
States: Brassey's Inc., pp. 68. ISBN 1-57488-499-2. número de 6906 plazas, según los
Presentes en la Batalla. cifra citada por Sucre en el partes oficiales hispanos, 9310,
parte de batalla. según el general Sucre.
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Enlaces externos
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Video peruano de la batalla 2009 escenificada en las pampas de Ayacucho (https://es.youtube.com/watch?
v=onArNnFlNnI&fmt=18).
Recreación histórica de la batalla de Ayacucho - 2009 (https://www.youtube.com/watch?v=Iavap8Q7YA8&f
mt=18).
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Reinforcements from Gran Colombia were crucial in shaping the success of Bolívar's campaign in Peru. The arrival of fresh troops, notably those led by José María Córdova, provided the additional manpower needed to decisively engage the royalist forces. These seasoned reinforcements enhanced the offensive capabilities of Bolívar's army, contributing critically to victories at strategic battles like Junín and Ayacucho. This reinforcement not only supplemented existing units but also filled operational gaps caused by earlier attrition, thereby sustaining momentum and facilitating coordinated military acts within critical timelines .
The capitulation of royalist forces after the Battle of Ayacucho was primarily due to their severe depletion, the capture of their high command, including Viceroy La Serna, and the surrounding presence of Olañeta's forces, which effectively blocked their rear. The implications of this decision were profound, as it not only ended significant Spanish military resistance in Peru but also demonstrated the hopelessness of continued conflict. By capitulating, the royalist leaders mitigated further unnecessary losses and damage to the local populace, paving the way for negotiations and eventual independence recognition, which had lasting effects on the geopolitical landscape .
The Rebellion of Olañeta fundamentally shifted the strategic circumstances by fracturing the royalist defenses, effectively reducing the pressure on Bolívar's forces. For the royalists, it represented a grave infraction within their ranks, as they lost support from the Alto Perú troops and the cohesion necessary to maintain a consolidated defense. These events forced the Viceroy La Serna to redirect troops to quell Olañeta's rebellion instead of reinforcing positions against Bolívar. Conversely, for Bolívar, this disruption allowed him to minimize the threat from a united royalist front, enabling him to focus on integral offensives like the attack at Junín and subsequently at Ayacucho .
The immediate tactical outcome of the Battle of Junín was a significant weakening of the royalist forces under Canterac. Following their defeat, Bolívar's forces gained momentum, causing over 2700 soldiers from the defeated royalist ranks to desert and join the independence forces. This engagement not only tilled the morale of Bolívar’s troops but also disrupted the continuity of the royalist military efforts. The battle was pivotal as it directly led to the further disintegration of the royalist's strategic position, compelling a hurried and disorganized retreat, thereby setting the stage for Sucre's decisive victory at Ayacucho .
The political upheaval in Spain, epitomized by the fall of the constitutional government and reinstatement of absolutism under Ferdinand VII, had enormous implications for military dynamics in Peru. The replacement of liberal-aligned officials and the imposition of absolutist policies led to internal divisions among royalist forces in Peru. Central to these changes was the defection of Alto Perú forces under Olañeta against the Viceroy, influenced by new directives from Spain. These changes fragmented the previously intact royalist command structure, hampering cohesive military efforts against Bolívar, contributing significantly to the independence movement's successes .
Following the Rebellion of Olañeta, Viceroy La Serna faced a dire need to reevaluate his strategic priorities. Initially focused on engaging Bolívar's forces in coastal regions, La Serna had to redirect resources to counter the revolt in Alto Perú led by Olañeta. This shift in priorities led to the allocation of forces to confront internal royalist dissent rather than focusing solely on Bolívar, reducing pressure on the independence forces and allowing Bolívar to operate with relative freedom. This reallocation critically undermined the ability to mount a unified defense, skewing royalist resources and strategic planning .
Facing a potential loss of Peru due to the advance of Canterac's division and the unfavorable position in Jauja, Bolívar ordered a strategic withdrawal to the north and prepared for the possible abandonment of the region. However, the situation changed with the Rebellion of Olañeta, where Bolívar took advantage of the uprising of the Spanish royalist forces in Alto Perú against the Viceroy of Peru. This unexpected political change weakened the royalists' position, disrupting their defensive calculations and permitting Bolívar to maintain his position. With the strategic vacuum created by the rebellion, Bolívar could reinforce his army with new troops from Gran Colombia, shifting the balance in his favor .
The Battle of Ayacucho was a critical juncture that aligned perfectly with the broader objectives of the South American independence movements by effectively terminating Spanish colonial rule in Peru. The defeat and capture of the Viceroy La Serna marked a symbolic end to royalist power in the Americas. This victory facilitated the consolidation of liberated territories, catalyzing the dissolution of remaining Spanish forces across the continent. It is frequently cited as the conclusive engagement heralding the end of Spanish dominion, thereby validating years of revolutionary tenacity and broadening the scope for establishment of autonomous republics across the region .
The internal conflict significantly disrupted the unity and effectiveness of the royalist forces as the Rebellion of Olañeta divided them into factions. The absolutist forces of Olañeta in Alto Perú rebelled against the liberal-leaning Viceroy, leading to mutual attrition between these royalist groups. This internal war weakened the overall military capability of the Spanish forces by depleting their veteran troops, making them less formidable opponents for Bolívar's independence forces. As a result, Bolívar successfully exploited the diminished opposition to strengthen his position in Peru, ultimately leading to the decisive battles of Junín and Ayacucho .
Effective communication and strategic use of reinforcements were pivotal in Bolívar's campaign. As Bolívar maintained communication lines with his generals and allies, he managed to synchronize the movements of fresh troops arriving from Gran Colombia, such as those led by José María Córdova, with ongoing operations. These reinforcements arrived at crucial times to bolster Bolívar's forces, enhancing their operational flexibility and capacity to engage the fragmented royalist armies effectively. The fresh troops not only supplemented existing Colombian forces but also facilitated the destruction of the isolated Canterac’s division at Junín .