Fundación de la República del Perú
Fundación de la República del Perú
Al período de veinte años, que va de 1822 a 1842, el historiador Jorge Basadre denomina la Época
Fundacional de la República.
San Martín, tras proclamar la independencia del Perú, asumió el mando político militar de los departamentos
libres del Perú, bajo el título de Protector, según decreto dado el 3 de agosto de 1821. Dio también al flamante
Estado Peruano su primera bandera, su primer escudo, su himno, su moneda, así como su inicial estructura y
sus primeras instituciones públicas.
El 27 de diciembre de 1821, San Martín convocó por primera vez a la ciudadanía con el fin que eligiera
libremente un Congreso Constituyente, que tendría la misión de establecer la forma de gobierno que en
adelante regiría al Perú, así como dar una Constitución Política adecuada. Dicho Congreso se instaló el 20 de
septiembre de 1822 y su primer presidente fue el clérigo Francisco Xavier de Luna Pizarro.
San Martín, no pudo, sin embargo, culminar la guerra contra los españoles. Si bien todo el norte del Perú se
había sumado voluntariamente a la causa patriota, el centro y el sur del país permanecían ocupadas por las
tropas virreinales. San Martín consideró necesaria la ayuda militar externa y en pos de ella fue a entrevistarse
en Guayaquil con el libertador Simón Bolívar, que al mando de la Expedición Libertadora del Norte, había
logrado la independencia de los actuales territorios de Venezuela, Colombia y Ecuador, este último, con
ayuda de tropas peruanas. En la entrevista de Guayaquil, realizada entre los días 26 y 27 de julio de 1822, los
Libertadores discutieron tres importantes cuestiones:
Riva Agüero quiso también derrotar a los españoles que aún resistían en el centro y sur del Perú, y organizó
una Segunda Campaña de Intermedios, cuyo mando encomendó a Andrés de Santa Cruz. Los patriotas
avanzaron hasta el Alto Perú, y tras ganar la batalla de Zepita, emprendieron una desordenada retirada hacia
la costa, culminando así, esta expedición igualmente en fracaso.
Desacreditado ante la opinión pública, Riva Agüero tuvo una abierta disputa con el Congreso. Se trasladó a
Trujillo, donde instaló su gobierno, mientras que en Lima el Congreso nombraba como nuevo Presidente
a José Bernardo de Tagle, más conocido como el marqués de Torre Tagle. El Congreso, vista la crítica
situación, acordó llamar a Bolívar y a su Ejército Libertador.
El 1 de septiembre de 1823 arribó al Callao el Libertador Bolívar. El día 10 de septiembre el Congreso de
Lima le otorgó la suprema autoridad militar en toda la República. Seguía siendo Torre Tagle presidente, pero
debía ponerse de acuerdo en todo con Bolívar. El único obstáculo para Bolívar era Riva Agüero, que instalado
en Trujillo con un ejército de 3000 hombres, dominaba toda la región aledaña. Sin embargo, los mismos
oficiales de Riva Agüero, apresaron a éste y lo enviaron al destierro. Así se pudo finalmente unificar el mando
del país en manos de Bolívar.
El 5 de febrero de 1824, se produjo un motín en las fortalezas del Callao, de resultas del cual los realistas
recuperaron este importante bastión. Ante tal delicada situación, el Congreso dio el 10 de febrero un
memorable decreto entregando a Bolívar la plenitud de los poderes para que hiciera frente al peligro,
anulando la autoridad de Torre Tagle. Se instaló así la Dictadura.
Tras reunificar el mando del país, Bolívar instaló su cuartel general en Trujillo y organizó la campaña final de
la Independencia, contando con la ayuda decisiva de los peruanos, tanto en soldados, como en dinero,
abastecimientos y recursos de toda índole. Tras las batallas de Junín y Ayacucho, el 6 de agosto y 9 de
diciembre de 1824 respectivamente, se logró derrotar definitivamente a las tropas realistasdel Perú. Los
últimos episodios de esta guerra fueron la campaña del Alto Perú, donde el general realista, Pedro Antonio de
Olañeta, fue apresado y fusilado por sus propios subordinados en Tumusla (1825); y el sitio de la fortaleza del
Callao, donde resistió el brigadier José Ramón Rodil hasta enero de 1826.
Consumada la guerra de la independencia, la ciudadanía peruana esperaba el final de la dictadura bolivariana
y la instalación de un gobierno auténticamente peruano. Pero Bolívar se mantuvo en el poder, empujado por
su deseo de gobernar sobre todos las naciones por él liberadas, bajo su mando vitalicio. El Libertador delegó
sus funciones ejecutivas en un Consejo de Gobierno, entre cuyos titulares se contaron Hipólito
Unanue y Andrés de Santa Cruz, y si bien retornó a la Gran Colombia en septiembre de 1826, dejó todo
encaminado para que se jurara en el Perú la Constitución Vitalicia, lo que se hizo el 9 de diciembre de 1826,
en medio de la indeferencia pública. Sin embargo, la influencia bolivariana finalizó en enero de 1827, cuando
una reacción liberal y nacionalista, alentada por Manuel Lorenzo de Vidaurre y Francisco Javier Mariátegui y
Tellería, expulsó de suelo peruano a las tropas colombianas que aún permanecían allí.
Establecido formalmente el Estado Peruano bajo el molde republicano, los primeros años de vida
independiente se desarrollaron entre luchas caudillescas organizadas por los militares para alcanzar
la presidencia de la naciente República.
Tras el gobierno provisorio de una Junta de Gobierno presidida por Andrés de Santa Cruz, el mariscal José de
la Mar fue elegido presidente por el Congreso Constituyente, el 9 de junio de 1827. Durante su mandato
promulgó la Constitución Liberal de 1828. Ocurrió también el terremoto de Lima de 1828. En el aspecto
internacional, un ejército peruano al mando del general Agustín Gamarra invadió a Bolivia, donde puso fin a la
influencia bolivariana, expulsando al presidente de ese país, el mariscal Antonio José de Sucre (1828).
Asimismo, el Perú libró una guerra con la Gran Colombia, conflicto que fue desatado por Bolívar, irritado por el
fin de su influencia en el Perú y Bolivia; otra razón fue su ambición por ocupar los territorios peruanos
de Tumbes, Jaén y Maynas. La guerra tuvo dos escenarios, el marítimo y el terrestre. En el primero de ellos,
el Perú triunfó y ocupó Guayaquil, pero en el segundo no le fue bien, sufriendo un revés en la batalla del
Portete de Tarqui (27 de febrero de 1829), que si bien no fue una derrota decisiva, motivó que se abrieran las
negociaciones de paz, pues ambas naciones no tenían interés en proseguir las hostilidades. Se firmó así el
llamado Convenio de Girón. Se hallaba La Mar todavía en plena negociaciones con los colombianos, cuando
fue derrocado por el general Agustín Gamarra y desterrado a Costa Rica, en junio de 1829. Gamarra firmó
un armisticio con los grancolombianos y enrumbó hacia Lima, donde asumió el gobierno de manera provisoria.
Luego se hizo elegir presidente constitucional e instauró un gobierno conservador.
Este primer gobierno de Gamarra (1829-1833) estuvo marcado por numerosas rebeliones internas. En el
plano internacional, puso fin a la guerra con la Gran Colombia, firmando un Tratado de Paz, Amistad y Límites
o Tratado Larrea-Gual por el que se mantuvo el statu quo fronterizo previo al inicio de hostilidades (1829). En
1831 quiso declarar la guerra a Bolivia pero ante la negativa del Congreso de darle la autorización necesaria,
abrió negociaciones diplomáticas con dicha república, logrando finalmente ese mismo año firmar un tratado de
paz y amistad con Bolivia, en Arequipa. También firmó un tratado con la recién fundada República del
Ecuador, el llamado Tratado Pando-Novoa (1832), por el que los ecuatorianos reconocían los límites vigentes
con el Perú. Ya por finalizar su gobierno, Gamarra convocó a una asamblea constituyente,
denominada Convención Nacional, que se encargó de elegir a su sucesor.
Como el gobierno de Gamarra finalizaba en diciembre de 1833 sin haberse elegido a su sucesor (las
elecciones de ese año se frustraron), la Convención Nacional, dominada por los liberales, eligió como
presidente provisorio al general Luis José de Orbegoso. Descontentó Gamarra con el resultado de esta
elección, que implicaba la hegemonía de los liberales en el poder, incitó a uno de sus partidarios, el
general Pedro Pablo Bermúdez, a alzarse contra Orbegoso. La sublevación militar estalló en enero de 1834 y
derivó en una guerra civil, que finalizó cuando los rebeldes bermudistas se reconciliaron con el gobierno, en el
llamado abrazo de Maquinhuayo, en abril del mismo año.
La Convención Nacional dio finalmente una nueva Constitución Liberal, que fue promulgada en julio de 1834.
No obstante, las amenazas de quiebra del orden constitucional continuaron. Orbegoso realizó una gira por las
provincias del sur, a fines de 1834, lo que fue aprovechado por el general Felipe Santiago Salaverry, para
alzarse en armas en el Callao. Rápidamente, Salaverry tomó el control de gran parte del país y se
autoproclamó Jefe Supremo en 1835. Orbegoso, cuyo gobierno se redujo a Arequipa, llamó en su auxilio al
presidente de Bolivia, el mariscal Andrés de Santa Cruz, quien invadió al Perú, desatándose un sangriento
conflicto, denominado la guerra por el establecimiento de la Confederación peruano-boliviana.
Para enfrentar la invasión extranjera, Salaverry y Gamarra se aliaron. La guerra tuvo dos fases: la guerra
entre Gamarra y Santa Cruz, y la guerra entre Salaverry y Santa Cruz. Santa Cruz derrotó a Gamarra en
la batalla de Yanacocha (13 de agosto de 1835) y a Salaverry en la batalla de Socabaya (7 de
febrero de 1836), tras lo cual estableció la Confederación Perú-Boliviana, que reunía a Bolivia con los dos
estados en que quedó dividido el Perú: el Estado Nor Peruano y el Estado Sud Peruano. Para discutir y
aprobar las bases de la estructura administrativa de la nueva entidad geopolítica se reunió el Congreso de
Tacna, el cual aprobó la Ley fundamental de la Confederación Perú-Boliviana, más conocido como el Pacto
de Tacna (1837).
Santa Cruz realizó en el Perú una gran labor administrativa y dio la tranquilidad necesaria para su bienestar y
progreso. Pero la Confederación tuvo una vida efímera. En Chile, el todopoderoso ministro Diego
Portales alertó a sus conciudadanos del peligro que significaba la consolidación de la Confederación para los
planes expansionistas chilenos. Una alianza entre Chile y los emigrados peruanos enemigos de Santa Cruz
posibilitó la conformación del llamado Ejército Unido Restaurador con el propósito de invadir el Perú y
“restaurar” su situación política tal como era antes de 1835. La guerra de los restauradores contra los
confederados tuvo dos fases. En la primera, un ejército restaurador al mando del marino chileno Manuel
Blanco Encalada desembarcó en el sur peruano y se adentró hasta Arequipa, pero no logró el apoyo de los
lugareños, y fue cercado por las fuerzas de Santa Cruz. Los restauradores se rindieron y firmaron el Tratado
de Paucarpata (17 de noviembre de 1837). Pero el gobierno chileno desconoció este acuerdo y envió una
segunda expedición restauradora al mando del general Manuel Bulnes y con Gamarra a la cabeza de los
emigrados peruanos. Tras desembarcar en Ancón, los restauradores marcharon a Lima, donde les salió al
encuentro Orbegoso, presidente del Estado Nor-Peruano, el cual se había separado de la Confederación y
quería expulsar tanto a chilenos como a bolivianos. Se produjo el Combate de Portada de Guías, en las
afueras de Lima (21 de agosto de 1838), donde fueron derrotados los orbegosistas, debido a su inferioridad
numérica. Los restauradores entraron en Lima y Gamarra fue proclamado como presidente provisional del
Perú, en sesión de Cabildo Abierto del 25 de agosto de ese año. Pero en noviembre los restauradores
tuvieron que abandonar la capital, que fue recuperada por los confederados.
Los restauradores decidieron entonces cambiar el escenario de la lucha. Se retiraron al Callejón de Huaylas,
donde se aprovisionaron y reorganizaron. El encuentro final se libró en la batalla de Yungay (20 de enero de
1839). Santa Cruz fue derrotado y huyó apresuradamente hacia Arequipa, para luego partir al destierro. La
Confederación se disolvió, volviendo a ser el Perú y Bolivia estados individuales.
La Batalla de Ingavi y muerte de Gamarra. Óleo anónimo del Museo Nacional de Historia de Lima. Sala La
República.
Gamarra, como presidente provisorio, convocó a un Congreso General en Huancayo, el mismo que dio
la Constitución Conservadora de 1839. Luego Gamarra se hizo elegir presidente constitucional en 1840.
Obsesionado con la idea de reunir nuevamente a Bolivia con el Perú, invadió dicho país, pero fue derrotado y
muerto en la batalla de Ingavi, el 18 de noviembre de 1841. Las tropas bolivianas invadieron el sur peruano
pero fueron contenidas por el pueblo peruano organizado en guerrillas. La paz entre Perú y Bolivia se firmó
en Puno, el 7 de junio de 1842.
Caudillaje militar[editar]
Los caudillos fueron jefes militares que se disputaron el control del Estado durante gran parte del siglo XIX.
Por lo general, habían combatido en la guerra de independencia; tenían tropas a su mando y prestigio militar.
Esto les permitía tener el poder suficiente para llegar a la presidencia a través de un golpe de Estado o un
levantamiento.
Para lograr sus objetivos, el caudillo debía mantener buenas relaciones con las familias aristocráticas y con
los hacendados locales, que le prestaban tropas y dinero. Pero, al mismo tiempo, debía ganarse el favor de
las clases populares. La revuelta de un caudillo solía iniciarse con una declaración pública en la que afirmaba
que el gobernante de turno había quebrantado la ley, y que él le devolvería la legalidad al país. Luego, ambos
bandos se enfrentaban militarmente. Si el triunfador era el caudillo, se autonombraba protector de la patria y
convocaba a elecciones, las cuales ganaba fácilmente. Por último, mandaba a elaborar una Constitución
acorde con sus intereses. Por ello, entre 1827 y 1845 se promulgaron cuatro Constituciones (1828,1834, 1836
y 1839) y más de una docena de caudillos ocuparon la presidencia.
La anarquía (1842-1844)[editar]
Tras la muerte de Gamarra estalló un período de anarquía. Numerosos caudillos militares entablaron la lucha
por el poder, desconociendo la autoridad de Manuel Menéndez, presidente del Consejo de Estado (cargo
equivalente al de vicepresidente). Estos caudillos fueron el general Juan Crisóstomo Torrico, jefe del ejército
del Norte; Antonio Gutiérrez de La Fuente, jefe del ejército del Sur; Domingo Nieto y Francisco de Vidal,
quienes formaban parte del ejército del Sur, y el general Manuel Ignacio de Vivanco, quien anteriormente
había encabezado en Arequipa la llamada “revolución regeneracionista” de 1841.
Torrico derribó a Menéndez y se proclamó Jefe Supremo del Perú, el 16 de agosto de 1842. Mientras tanto, el
ejército del Sur se pronunció en el Cuzco a favor del general Vidal, quien aceptó encabezar la lucha contra el
usurpador Torrico, en su calidad de 2.º vicepresidente del Consejo de Estado. Las fuerzas de ambos rivales
se enfrentaron en la batalla de Agua Santa, cerca de Pisco, el 17 de octubre de 1842. Torrico fue
completamente derrotado y se vio obligado a partir hacia Chile. Vidal asumió la presidencia del Perú el día 20
de octubre y desempeñó su alto cargo con probidad y desinterés. Hizo cuanto estuvo a su alcance por
remediar los males de la administración pública. Logró que disminuyera la deuda contraída por el estado y
que gravara sobre las aduanas; también merece citarse su esfuerzo por mejorar la educación de la juventud;
pero la anarquía política vino a frustrar sus planes. Tuvo que afrontar la revolución acaudillada por el general
Vivanco, que se autoproclamó Supremo Director de la República, el 14 de febrero de 1843. No queriendo
desatar una guerra civil, Vidal declinó el mando en Justo Figuerola, que era el 1.º vicepresidente del Consejo
de Estado (15 de marzo de 1843). Figuerola asistió al día siguiente a Palacio y recibió de manos de Vidal la
banda presidencial. Días después, el mismo Figuerola se vio obligado a arrojar dicha banda desde el balcón
de su casa, a los vivanquistas que lo pedían a gritos, según lo cuenta Ricardo Palma en una de sus
tradiciones (19 de marzo de 1843).
Vivanco, que denominó a su régimen como el Directorio, representaba al sector más rígido del
conservadurismo peruano. Se rodeó de hombres cultos, implantando una especie de Despotismo Ilustrado,
pues creía que el país progresaría con el imperio del orden sobre la libertad. Poco a poco, la popularidad con
que fue encumbrado fue disminuyendo y el descontento se hizo notar rápidamente, puesto que todas sus
actividades las desenvolvió en medio del lujo, con detrimento de la hacienda pública.
Atendiendo al descontento popular, en el Sur, más precisamente en Tacna y Moquegua, se sublevaron los
generales Ramón Castilla y Domingo Nieto, en defensa de la constitucionalidad (1843). Se propusieron
devolver el mando de la República a quien legítimamente le correspondía, es decir a Meléndez. Estalló así
la guerra civil. Castilla y Nieto, al mando de milicias, derrotaron a las fuerza regulares del gobierno en los
combates de Pachía y San Antonio. Para combatir a los rebeldes, Vivanco se trasladó a Arequipa, lo que fue
aprovechado por el prefecto de Lima, Domingo Elías, para proclamarse Jefe de la Nación. Ante el peligro de
que los vivanquistas comandados por el general José Rufino Echenique invadieran Lima, Elías preparó la
defensa de la capital durante la llamada "Semana Magna" (julio de 1844). Finalmente, Echenique optó por no
atacar, al darse cuenta que la guerra iba a decidirse en el sur. En efecto, cerca de Arequipa se trabó la
sangrienta batalla de Carmen Alto, entre las fuerzas de Castilla y las de Vivanco. Castilla resultó ganador (22
de julio de 1844).
Después de la guerra civil, Castilla y Elías se pusieron de acuerdo y devolvieron el poder a quien
constitucionalmente le correspondía: Manuel Menéndez. A su vez, éste convocó a elecciones, en las que
triunfó Castilla.
La ascensión al poder del general Ramón Castilla como presidente constitucional el de 20 de abril de 1845
significó el comienzo de una etapa de calma institucional. Aunque las luchas personales continuaron en las
décadas siguientes, la habilidad política de Castilla logró que disminuyeran los brotes conspirativos y las
guerras civiles. Contando con esta tranquilidad y con el respaldo de la bonanza financiera proveniente de la
venta del guano, se dedicó a organizar el Estado Peruano. Ordenó la economía nacional con el régimen de
los presupuestos, canceló la deuda externa, dio al Perú una posición internacional relevante en el continente,
fomentó el progreso intelectual y material, inició el desarrollo de la Amazonía, fundó el servicio diplomático,
reformó la administración pública, inició la reforma educativa abandonando los moldes coloniales, modernizó
el ejército y creó una fuerza naval respetable. Como signo del progreso material alcanzado se construyó el
ferrocarril de Lima al Callao, que fue inaugurado en 1851, siendo el primero en serlo en Sudamérica.
Castilla completó tranquilamente su período presidencial de 6 años, siendo el primer presidente del Perú en
hacerlo. En las elecciones de 1850 se postularon tres candidatos que representaban a los tres grupos en que
estaba dividida la sociedad peruana. Uno de ellos era el general José Rufino Echenique, apoyado por Castilla;
el otro fue el general Manuel Ignacio de Vivanco, antiguo enemigo de Castilla; y el tercero era el agricultor y
empresario Domingo Elías, la primera candidatura de un civil en la historia republicana peruana.
El triunfo correspondió a Echenique, quien asumió la presidencia el 20 de abril de 1851. La situación política
del país era estable y había una idea de progreso material que estaba muy arraigada en la población. El
gobierno de Echenique realizó muchas obras y supo rodearse de hombres muy capaces. Sin embargo, se vio
envuelto en un escándalo de corrupción relacionado con la llamada Consolidación de la Deuda Interna, por el
cual el Estado pagó la deuda que tenía con particulares desde los días de la independencia, pero
desgraciadamente muchos se hicieron pasar por acreedores sin serlo. Estalló entonces una revolución de
1854 encabezada por Castilla y apoyada por los liberales, quienes auspiciaron, en pleno conflicto, dos
medidas importantísimas: la abolición de la esclavitud y del tributo indígena. Echenique fue derrotado en
la batalla de La Palma, el 5 de enero de 1855, debiendo renunciar a la presidencia y abandonar el país.
Castilla asumió nuevamente el poder, como presidente provisorio. Convocó a una Convención
Nacional (asamblea constituyente) cuyos representantes fueron elegidos por sufragio directo y universal,
instalándose el 14 de julio de 1855. Esta Convención dio la Constitución Liberal de 1856. De este período
provisorio hay que destacar también la ley de la libertad de prensa (25 de marzo de 1855) y la organización
del Consejo de Ministros (1856). Apareció entonces la figura del Presidente del Consejo de Ministros del Perú.
Descontentos con el régimen liberal que se iba implantando, los conservadores se alzaron en Arequipa, en
torno al caudillo Manuel Ignacio de Vivanco, viejo rival de Castilla. Estalló una sangrienta guerra civil, que
culminó con el triunfo de Castilla tras la toma de Arequipa (7 de marzo de 1858).
No obstante, Castilla, pulsando el sentir ciudadano (que tradicionalmente era contrario
al liberalismoanticlerical), se desligó de los políticos liberales que le habían apoyado e instauró un gobierno
conservador. La Convención Nacional fue disuelta en noviembre de 1857. En 1858 se realizaron elecciones
generales, en las cuales triunfó Castilla, asumiendo como presidente constitucional el 24 de octubre de ese
año. En 1860 Castilla convocó a un Congreso Ordinario, el mismo que se arrogó la facultad de Constituyente
y dio una nueva Constitución, que fue de tendencia moderada, es decir sin llegar a los extremismos
conservadores o liberales; ésta ha sido la carta magna de más duración en la historia republicana peruana,
pues estuvo vigente hasta 1920.
En su segunda presidencia constitucional, Castilla tuvo una intensa actividad política en el campo
internacional. Se opuso enérgicamente a las intromisiones de las potencias europeas en América (Santo
Domingo, México), convocando a la unidad americana. De otro lado, enfrentó una guerra victoriosa con
el Ecuador (1858-1860). En el aspecto interno continuó el impulso dado al desarrollo de la Amazonía y al
equipamiento de las fuerzas armadas, así como el fomento del progreso material con la adopción de los
grandes adelantos técnicos como el telégrafo y el alumbrado a gas.
En las elecciones de 1862 Castilla apoyó al general Miguel de San Román, quien ganó y asumió la
presidencia el 24 de octubre de 1862, pero murió meses después, víctima de una enfermedad (3 de
abril de 1863). Lo sucedió el primer vicepresidente, general Juan Antonio Pezet, quien debió enfrentar un
conflicto con España motivado por la presencia hostil de la Escuadra Española del Pacífico en las costas
sudamericanas. Arrogantemente, los españoles ocuparon las islas guaneras de Chincha, exigiendo al
gobierno peruano reparaciones por supuestas ofensas y agresiones inferidas a súbditos españoles.
Naturalmente, la población peruana reaccionó contra lo que se consideró un agravio a la dignidad nacional y
una violación a la integridad territorial.
Combate del Callao del 2 de mayo de 1866.
Pezet fue acusado de traidor a la patria por negociar con los españoles y firmar el humillante Tratado Vivanco-
Pareja, del 27 de enero de 1865, por el cual se indemnizaba a los españoles por los gastos hechos durante su
campaña naval y se establecían las bases para el pago de la deuda de la independencia, pago éste que se
había acordado en la capitulación de Ayacucho de 1824. Una revolución liderada por el coronel Mariano
Ignacio Prado tomó el poder y Pezet se embarcó hacia Europa. Prado se proclamó Dictador, declaró nulo el
tratado Vivanco-Pareja, formó la Cuádruple Alianza con Chile, Ecuador y Bolivia y le declaró la guerra a
España. Las defensas del Callao rechazaron con éxito la agresión de la escuadra española, en el combate del
2 de mayo de 1866. En 1871, por mediación de los Estados Unidos, se firmó un pacto de tregua y en 1879
quedó suscrito el definitivo tratado de paz en París. La deuda de la independencia no fue pagada.
Los gastos ocasionados por la guerra con España afectaron severamente a la economía del Perú. El llamado
“boom guanero” empezaba ya a declinar.
Diez Canseco ejerció un gobierno interino y convocó a elecciones. Se presentaron dos candidatos de líneas
opuestas. Uno era el coronel José Balta, representante del antiguo militarismo; y el otro, el civil Manuel Toribio
Ureta, representante del liberalismo. Balta resultó vencedor y asumió el poder el 6 de agosto de 1868.
El gobierno de Balta se inició con una lenta tarea de reorganización. El problema más acuciante era el
económico, principalmente por los gastos generados por la guerra contra España. Balta nombró
como ministro de Hacienda al entonces desconocido joven Nicolás de Piérola, quien logró un acuerdo con la
Casa judía-francesa Dreyfus Hnos. de París para la explotación del guano, firmándose el llamado Contrato
Dreyfus (5 de julio de 1869). El gobierno peruano vendía a la Casa Dreyfus dos millones de toneladas de
guano, valorados en 73 millones de soles; por su parte, la Casa Dreyfus adelantaba al Estado dos millones de
soles, y se comprometía a pagar a razón de 700 mil soles cada mes y a cubrir los intereses de la deuda
externa peruana. Posteriormente se hicieron algunas ampliaciones. En teoría este contrato era muy
conveniente para el Estado Peruano y ponía fin a los abusos de los consignatarios peruanos, hasta entonces
intermediarios en el negocio guanero. Estos demandaron ante la justicia al Estado por daños y perjuicios, pero
el contrato terminó por ser aprobado por el Congreso y el gobierno siguió adelante en su ejecución.
Contando con la garantía del guano, el gobierno peruano celebró grandes empréstitos con la misma Casa
Dreyfus, con los que inició un ambicioso programa de obras públicas, principalmente la construcción
de ferrocarriles, siendo los más notables los de penetración de la costa a la sierra. El gobierno actuó
irresponsablemente y se endeudó crecidamente, confiado en las rentas del guano, que no serían duraderas.
Un año antes del término legal de su mandato, Balta convocó a elecciones en medio de una gran crisis
económica. Varios candidatos se presentaron, pero entre todos destacó la figura de Manuel Pardo y Lavalle,
líder del recién fundado Partido Civil, el primer partido propiamente dicho fundado en el Perú como respuesta
al predominio militar en la política peruana y que agrupaba a profesionales liberales, comerciantes,
empresarios, hacendados, que conformaban la naciente burguesía nacional. Pardo triunfó, pero faltando
pocos días para que asumiera el poder, Balta fue derrocado y apresado por los coroneles Gutiérrez (que eran
cuatro hermanos), originando así un golpe de estado conocido como la rebelión de los coroneles Gutiérrez.
Estos fueron incitados a realizar tal acción pues temían perder sus privilegios castrenses con la ascensión al
poder del civilismo. El mayor de dichos hermanos, Tomás Gutiérrez, se autoproclamó Jefe Supremo; unos
días después Balta era asesinado en la prisión (26 de julio de 1872), lo que provocó una violenta reacción de
la ciudadanía, que asesinó en las calles a tres de los Gutiérrez (entre ellos Tomás) y restituyó la
constitucionalidad.
Manuel Pardo, que había huido a Pisco, retornó a Lima y tomó el mando de la nación el 2 de agosto de 1872.
Pese a las medidas que tomó para contrarrestar la grave crisis económica (entre ellas la nacionalización de la
riqueza salitrera), no tuvo éxito. El contrato Dreyfus ya no rendía pues la Casa Dreyfus se negó a dar más
adelantos con garantía del guano, arguyendo que el Estado peruano le debía.
Durante el gobierno de Pardo se firmó el Tratado de Alianza Defensiva entre Perú y Bolivia, el 6 de
febrero de 1873, que luego sería usado como pretexto por Chile para desatar la Guerra del Pacífico.
En 1876 la transmisión del mando se produjo sin incidentes. Los principales candidatos eran el ex
presidente Mariano Ignacio Prado y el contralmirante Lizardo Montero. El triunfador fue Prado.
Durante su gobierno, Prado enfrentó el problema de la cuantiosa deuda externa y la galopante crisis
económica y hacendaria. Tratando de paliar la situación, Prado declaró disuelto el Contrato Dreyfus y firmó un
nuevo contrato para la venta del guano con la firma inglesa Raphael e Hijos, el llamado Contrato Raphael,
pero no tuvo éxito. El precio del guano iba por entonces cayendo en el mercado internacional y ya no
constituía un negocio rentable. La crisis se agudizó. El Estado peruano se declaró en bancarrota y anunció la
moratoria de su deuda externa.
Para colmo, Prado tuvo que enfrentar la oposición de Nicolás de Piérola, que acaudilló dos revoluciones, que
si bien fueron sofocadas, causaron un gasto a la ya exhausta caja fiscal. Suceso luctuoso de este período fue
el asesinato de Manuel Pardo, entonces presidente del Senado, el 16 de septiembre de 1878. Al año siguiente
estalló la guerra con Chile, pese a los intentos de Prado de evitarla diplomáticamente. Chile, con su
característica perfidia, esperó el momento adecuado para atacar al Perú, es decir cuando éste se hallaba en
plena bancarrota y prácticamente desarmado.
La guerra desencadenada por Chile contra el Perú y Bolivia en 1879 fue denominada Guerra del Pacífico por
el historiador chileno Benjamín Vicuña Mackenna y así se ha impuesto en la historiografía actual, pero se trata
de una denominación equívoca, pues no fue una guerra absolutamente marítima, sino que la mayor parte de
las acciones militares se desarrollaron en escenario terrestre, y se definió en el mismo. La más apropiada es
la denominación que le dio el historiador peruano Mariano Felipe Paz Soldán, en una de sus obras: la Guerra
de Chile contra el Perú y Bolivia. Otro historiador, el venezolano Jacinto López, la definió también de manera
acertada: la Guerra del guano y del salitre.2
Efectivamente, está fuera de duda de que la causa principal de la guerra fue el expansionismo chileno: Chile
ambicionaba los yacimientos peruanos y bolivianos de salitre, y adicionalmente, los de guano, que por
entonces alcanzaban precios ingentes en el mercado mundial. Pero no se habría lanzado a una aventura
como esa si no hubiera sido movido, armado, preparado y animado por las potencias europeas,
principalmente Inglaterra. Las razones por las que las potencias europeas se pusieron contra el Perú fueron
las siguientes:
La campaña marítima se desarrolló de abril a octubre de 1879, entre la escuadra chilena y la peruana, pues
Bolivia carecía de marina. La superioridad de Chile era abrumadora y se cimentaba en sus dos buques
blindados, el Blanco Encalada y el Cochrane. Mientras que los buques principales de Perú eran la
fragata Independencia y el monitor Huáscar, adquiridos en la década de 1860 e inferiores en poderío frente a
cualquiera de los blindados rivales. La flota de Chile empezó bloqueando el puerto peruano de Iquique; a
mediados de mayo de 1879 partió rumbo al Callao para enfrentar a los buques peruanos, dejando en
el bloqueo de Iquique a la corbeta Esmeralda y a la goleta Covadonga. Pero la flota peruana se adelantó y
el 21 de mayo de 1879 arribó a Iquique con el objetivo de levantar el bloqueo. Se trabó el combate naval de
Iquique. El Huáscar, al mando de Miguel Grau, hundió a la Esmeralda y puso en fuga a la Covadonga, que fue
perseguida por la Independencia, la cual encalló y se hundió en Punta Gruesa. Si bien ambas flotas perdieron
una de sus naves, la peor parte la llevó el Perú, que perdió a su principal buque de guerra. En los meses que
siguieron, los buques peruanos desarrollaron una política de hostigamiento en los puertos de Chile.
El Huáscar, siempre al mando de Grau, practicó numerosas incursiones que resultaron muy perjudiciales para
Chile, siendo la más sonada la captura del vapor Rímac, a bordo del cual iba un regimiento chileno completo,
los carabineros de Yungay. Finalmente, la flota chilena pasó a la ofensiva y acorraló al Huáscar frente a
Angamos, librándose un combate desigual, el 8 de octubre de 1879. Allí murió Grau, convirtiéndose desde
entonces en el mayor héroe del Perú. Al margen de su heroísmo, se debe destacar en el jefe peruano la nota
de humanidad y su respeto a las leyes de la guerra que imprimió en todos sus actos durante el desarrollo del
conflicto, lo que le valió el apelativo de «El caballero de los mares».
Libres de peligro en el mar, los chilenos iniciaron la campaña terrestre.
La campaña de Tarapacá[editar]
Batalla de Tarapacá.
Esta campaña fue iniciada en mayo de 1880 por Chile, temeroso de que el ejército aliado intentara recuperar
desde el norte la provincia de Tarapacá. Por entonces habían ocurrido cambios políticos en los países
aliados. En el Perú asumió al poder Nicolás de Piérola el 21 de diciembre de 1879, luego de que el presidente
Prado saliera del país para agilizar la compra de armamentos. En Bolivia, Daza fue derrocado por el
coronel Eliodoro Camacho y luego tomó el poder de manera provisoria el general Narciso Campero. En el
teatro de operaciones, los aliados contaban con 6000 peruanos a órdenes de Lizardo Montero, y 4,000
bolivianos al mando de Eliodoro Camacho. Por su parte, las tropas chilenas de 15 000 efectivos bajo el
mando del general Manuel Baquedano desembarcaron entre Ilo y Pacocha y avanzaron hacia Tacna. Narciso
Campero tomó el mando de las tropas aliadas y se posesionó para esperar al enemigo en la meseta de
Intiorko, que desde entonces se llamó el Alto de la Alianza, situado a seis millas al norte de la ciudad de
Tacna. El encuentro se produjo el 26 de mayo de 1880 y se conoce como la batalla del Alto de la Alianza o
batalla de Tacna. La resistencia de los aliados fue tenaz y en algún momento se presagió su victoria. Ante
ello, los chilenos debieron emplear hasta sus cuadros de reserva para poder conseguir el triunfo, luego de
cuatro horas de sangrienta lucha. Tacna fue ocupada por las fuerzas chilenas, la alianza peruano-boliviana se
rompió y Bolivia abandonó la guerra.
El último episodio de esta campaña fue el sitio de Arica, defendido por el anciano coronel Francisco
Bolognesi al mando de 2000 hombres, quienes se negaron a rendirse. La batalla de Arica, librada el 7 de
junio de 1880, constituyó otro acto de la heroica y esforzada resistencia peruana. Bolognesi, muerto en el
campo de batalla, se alzó como un nuevo héroe a la par de Grau.
La campaña de Lima[editar]
La defensa de los peruanos en uno de los reductos de Miraflores. Óleo del pintor peruano Juan Lepiani.
Esta campaña fue organizada por el gobierno chileno tras el fracaso de las negociaciones de paz realizadas
bajo mediación de los Estados Unidos, en las que el Perú se negó a firmar la paz con cesión territorial.
Previamente al inicio de la campaña de Lima, los chilenos enviaron una expedición de rapiña a lo largo de la
costa norte peruana, al mando del capitán Patricio Lynch. Piérola organizó la defensa de Lima, tendiendo dos
líneas defensivas. La primera línea partía del Morro Solar, en Chorrillos y pasaba por la hacienda Villa y los
llanos de San Juan, hasta llegar a Monte Rico Chico. La segunda línea partía de la quebrada de Armendáriz,
pasaba por las afueras de la villa de Miraflores y terminaba en Monte Rico Grande. Si bien los peruanos
contaban con 20 000 hombres, estos en su mayor parte estaban mal preparados y peor equipados. Por su
parte, los chilenos, bajo el mando del general Baquedano, desembarcaron en Pisco y Chilca; luego
acamparon en Lurín, al sur de la capital peruana. Sumaban en total 25 000 soldados. Avanzaron hacia Lima y
se enfrentaron a la primera línea defensiva peruana, librándose la batalla de San Juan y Chorrillos, el 13 de
enero de 1881. Baquedano debió usar todas sus reservas para doblegar la tenaz resistencia peruana,
especialmente en el Morro Solar. La villa de Chorrillos fue saqueada e incendiada. La última batalla de la
defensa de Lima se dio en la línea de Miraflores, defendida mayormente por civiles, quienes se batieron con
valor y denuedo en los llamados «reductos» (15 de enero de 1881). Consumada la derrota peruana, Piérola
se retiró a la sierra central, quedando en Lima como única autoridad peruana el alcalde Rufino Torrico, que
entregó de manera pacífica la ciudad a los invasores, el 17 de enero de 1881. Los chilenos nombraron a su
vez como gobernador a Patricio Lynch. Posteriormente, se formó en La Magdalena (suburbio de Lima) un
nuevo gobierno peruano, encabezado por el doctor Francisco García Calderón, que se instaló el 12 de
marzo de 1881. Este presidente resistió las presiones de los chilenos para firmar una paz con cesión
territorial, por lo que fue apresado y enviado a Chile. Por su parte, Piérola renunció también al mando
supremo y marchó al extranjero.
La campaña de la Breña[editar]
Se conoce con el nombre de Campaña de la Breña a la resistencia peruana en la sierra central y norte,
dirigida por el general Andrés Avelino Cáceres entre 1881 y 1883. Cáceres estableció como su centro de
poder el valle del Mantaro y a Ayacucho como su reserva. En su momento máximo tuvo más de 3000
hombres a su mando, denominado el Ejército del Centro, comandado por el coronel Francisco de Paula
Secada. Era, efectivamente, un ejército orgánico, compuesto, en parte, de veteranos; junto a él actuaban
también guerrilleros, pero solo como tropas de choque. Pero para los chilenos todas estas fuerzas en conjunto
eran solo guerrillas o montoneras, y como tales, fuera de las formalidades de la guerra. 4 Contra estos
«montoneros», el mando chileno envió una primera expedición contra Cáceres, comandada teniente coronel
Ambrosio Letelier, que avanzó hasta Huancayo, pero tuvo que retroceder ante el acoso de los breñeros; en el
trayecto de retorno una de las compañías chilenas fue derrotada en el combate de Sangrar (26 de
junio de 1881). Una segunda expedición chilena, bajo el mando del coronel Estanislao del Canto, tampoco
tuvo éxito. Cáceres salió airoso en el Primer Combate de Pucará (5 de febrero de 1882) y posteriormente
obtuvo un triple triunfo: Segundo combate de Pucará, Marcavalle y Concepción, entre el 9 y 10 de julio del
mismo año. Los chilenos huyeron en apresurada retirada hacia Lima. Todo el departamento de Junín quedó
libre de invasores. También en el norte del Perú, los pobladores de Cajamarca se levantaron contra los
abusos de los chilenos a los que derrotaron en la sangrienta batalla de San Pablo, el 13 de julio de 1882. Por
entonces, los chilenos presionaban al presidente peruano Francisco García Calderón (entonces confinado en
Chile) a que firmara la paz con cesión territorial. Las mismas presiones sufría el contralmirante Lizardo
Montero, el vicepresidente establecido en Arequipa. Ambos mandatarios rechazaron tales exigencias, pero
sucedió entonces el llamado Grito de Montán, el 31 de agosto de 1882, proclamado por el general
peruano Miguel Iglesias, jefe de las tropas del norte, quien consideraba necesario firmar ya la paz, incluso con
cesión territorial, antes que los chilenos continuaran destruyendo lo poco valioso que quedaba en el Perú.
Cáceres rechazó tal planteamiento y anunció su voluntad de continuar la lucha. Los chilenos organizaron una
tercera expedición contra los breñeros, mucho más poderosa. Cáceres entonces, junto al Ejército del
Centro y a su Comandante en Jefe, Coronel Francisco de Paula Secada, deciden movilizarse hacia el norte
para reforzar su posición y además para debilitar a Iglesias. Atravesaron el Callejón de Huaylas, cruzaron
la Cordillera Blanca y llegaron hasta Huamachuco, donde trabaron con la división chilena del
coronel Alejandro Gorostiaga la batalla de Huamachuco (10 de julio de 1883). Los peruanos estuvieron a
punto de ganar la batalla pero el agotamiento de sus municiones y la falta de bayonetas permitieron voltear el
resultado a favor de los chilenos. Pero Cáceres y el Ejército del Centro no se dieron por vencidos y pasaron
Ayacucho, con la intención de organizar nuevamente la resistencia. Una cuarta expedición, al mando
de Martiniano Urriola, se internó en la sierra en busca de Cáceres, pero éste logró evadirla. Pero por
entonces Miguel Iglesias, proclamado presidente provisorio del Perú por una asamblea legislativa de los
departamentos del norte, firmaba en Ancón la paz con Chile, por lo que las tropas chilenas recibieron la orden
de abandonar la sierra central y replegarse a Lima.
Tratado de Ancón[editar]
El Tratado de Ancón, firmado el 20 de octubre de 1883, reconoció la derrota peruana y dio por terminada la
guerra con Chile. El Perú cedió a Chile perpetua e incondicionalmente la provincia de Tarapacá, y las
provincias de Tacna y Arica quedaron sujetas a la legislación chilena por un período de diez años más, tras el
cual se debía realizar un plebiscito para decidir su destino final. Por otra parte, en 1884, se firmó un Pacto de
Tregua entre Chile y Bolivia, en el que se estipuló una paz no definitiva.
Tras la guerra del Pacífico, se inició un período de Reconstrucción Nacional, es decir, de resurgimiento
económico, político y social. Aunque fue éste un período de relativa calma, en realidad el país no conoció la
reactivación económica ni la paz política sino hasta 1895.
Esta etapa es también conocida como la del Segundo Militarismo, pues los caudillos militares volvieron al
ruedo político, pero ya no como héroes triunfadores, sino como vencidos. No obstante, eran los únicos que
poseían la fuerza suficiente para ejercer el poder ante la desastrosa situación en que quedó el sector civil
luego de la derrota ante Chile.
El país quedó dividido en dos bandos: los "hombres de Montán" seguían al general Miguel Iglesias, y "los de
kepí rojo", al general Andrés Avelino Cáceres, héroe de la resistencia. Iglesias había sido proclamado
presidente regenerador en 1882 y, luego de la firma del tratado de Ancón, una Asamblea Constituyente lo
confirmó en el cargo. Con los pocos recursos existentes, Iglesias intentó sacar al país adelante, pero sufrió la
tenaz oposición de Cáceres.
Pese a que el país recién había salido de una guerra desastrosa se desató la guerra civil. En 1884 Cáceres
logró “huaripampear” o poner fuera de juego al ejército principal de Iglesias en la sierra central, en una
brillante estrategia militar, luego de lo cual atacó Lima, donde puso sitio al Palacio de Gobierno, en noviembre
de 1885. Iglesias, derrotado, renunció a la presidencia y el poder quedó provisoriamente en manos
del Consejo de Ministros presidido por Antonio Arenas. Éste convocó a elecciones en las que ganó
abrumadoramente Cáceres.
Retrato del general Andrés Avelino Cáceres. Obra del pintor Nicolás Palas, año 1894.
Cáceres gobernó de 1886 a 1890, período que sería su primer gobierno constitucional. Tuvo que afrontar la
reconstrucción del país, especialmente en el campo económico. Puso fuera de curso el billete fiscal o papel
moneda, muy devaluado para entonces; creó impuestos nuevos; intentó la descentralización tributaria; y para
solucionar el problema de la enorme deuda externa firmó el Contrato Grace por el cual entregó
los ferrocarriles a los acreedores. Su gobierno fue autoritario y tuvo que enfrentar una tenaz oposición desde
la prensa y el parlamento.
Finalizando el período de Cáceres, se convocaron a elecciones en 1890, en las que triunfó el coronel Remigio
Morales Bermúdez, que pertenecía al mismo partido de Cáceres (el Partido Constitucional o cacerista), y por
lo tanto, significó el continuismo político. Morales Bermúdez llevó a cabo un discreto gobierno y debió
enfrentar la negativa de Chile a convocar el plebiscito que debía decidir el destino final de las provincias de
Tacna y Arica, tras haber finalizado en 1894 el plazo de 10 años estipulado en el Tratado de Ancón de 1883.
Chile fue prorrogando la realización de dicho plebiscito indefinidamente; finalmente nunca se realizó.
Víctima de una enfermedad, Morales Bermúdez murió el 1 de abril de 1894, antes de concluir su mandato. Lo
sucedió el segundo vicepresidente Justiniano Borgoño, en desmedro del primer vicepresidente Pedro
Alejandrino del Solar, que fue marginado por oponerse al cacerismo. Borgoño allanó el camino para la vuelta
al poder del general Cáceres y convocó a unas elecciones que fueron muy cuestionadas. Con el apoyo del
gobierno, Cáceres triunfó en dichos comicios.
Piérola y sus montoneros entran a Lima por la Puerta de Cocharcas (17 de marzo de 1895).
Por segunda vez Cáceres asumió la presidencia, el 10 de agosto de 1894. Pero carecía de legitimidad y
popularidad, por lo que era inevitable que surgiera la guerra civil. El anticacerismo formó la Coalición
Nacional, integrada por los demócratas y civilistas, que eligieron como líder a Nicolás de Piérola (jefe de los
demócratas), entonces desterrado en Chile. En todo el Perú surgieron partidas de montoneros que se
sumaron a la causa de la Coalición. Piérola retornó al Perú, desembarcó en Puerto Caballas (costa de Ica) y
pasó a Chincha donde dio un Manifiesto a la Nación, tomando el título de Delegado Nacional, y poniéndose
de inmediato en campaña sobre Lima, al frente de los montoneros. Estos atacaron la capital del 17 al 19 de
marzo de 1895, desatando una lucha muy sangrienta. Al verse desprovisto del apoyo del pueblo, volcado
masivamente hacia los coaligados, Cáceres renunció y partió al exilio. Se instaló una Junta de Gobierno
presidida por Manuel Candamo, que convocó a elecciones en las que triunfó abrumadoramente Piérola.
Nicolás de Piérola.
Con el advenimiento al poder de Nicolás de Piérola en 1895, se dieron las condiciones para la formación de la
República Oligárquica, llamada también República Aristocrática, término éste acuñado por Basadre. Se
extiende desde el 8 de septiembre de 1895 hasta el 4 de julio de 1919, período en el que se sucedieron una
serie de gobiernos elegidos democráticamente, con excepción del período de 1914-1915. Fue entonces
cuando se materializó una política pluto - oligárquica, con unas clases alta y media que vivían
acomodadamente y un pueblo llano con diversas carencias. Se acentuó la dependencia económica hacia el
capitalismo inglés y el norteamericano y se desarrolló de nuevas actividades económicas: agroexportación
(azúcar y algodón), extracción cauchera y la extracción petrolera. El malestar de las clases populares se
manifestó en el surgimiento del movimiento obrero anarcosindicalista y el estallido de huelgas.
Las principales fuerzas políticas eran el Partido Demócrata o pierolista y Partido Civil o civilista, que se habían
aliado en la coyuntura de 1894-1895. A partir de 1903 predominaría el civilismo en el gobierno, lo que se
conoce como el Segundo Civilismo, por distinción del primero de 1872-1874. Otras fuerzas importantes
fueron el Partido Constitucional o cacerista y el Partido Liberal.
El gobierno de Piérola (1895-1899) fue notable, contando con el apoyo de demócratas y civilistas. Piérola
convocó a los más capaces para ocupar funciones en el gobierno, sin tener en cuenta antecedentes
partidarios; respetó escrupulosamente la Constitución; fortaleció las instituciones públicas e impulsó el
desarrollo integral del país. Destacan las importantes reformas en el campo económico y financiero, como la
implantación de una nueva moneda (la Libra peruana), la primera ley normativa de la ejecución presupuestal,
la creación de la Compañía Recaudadora de Impuestos. Además, fomentó el ahorro público, aplicó una
política de austeridad gubernamental y evitó el endeudamiento externo. Asimismo, fomentó y protegió la
industria nacional, impulsó el desarrollo de la Amazonía, llevó a cabo un plan de obras públicas sin recurrir a
los empréstitos, impulsó la prolongación de caminos y ferrocarriles y la modernización de ciudades. En el
aspecto de la defensa nacional, contrató a una misión francesa para que modernizara al Ejército, fundó
la Escuela Militar de Chorrillos y estableció el servicio militar obligatorio. En el aspecto material, continuó la
expansión urbana de Lima, construyendo el Paseo Colón e iniciando la Avenida de la Colmena, hoy
llamada Avenida Nicolás de Piérola.
Ya finalizando su mandato, Piérola intentó mantener la coalición política que lo había apoyado y planteo una
convención civil-demócrata para presentar una fórmula común en el proceso electoral. Los demócratas
quedaron facultados para elegir el candidato y optaron por el ingeniero Eduardo López de Romaña, quien
logró la presidencia con relativa facilidad.
López de Romaña (1899-1903) continuó el desarrollo de la agricultura, la minería y la industria; promovió la
colonización de los valles interandinos y zonas orientales, hasta entonces aislados; promulgó el Código de
Minería, el nuevo Código de Comercio y el Código de Aguas; creó el Estanco de la Sal para financiar la
recuperación de las provincias de Tacna y Arica en poder chileno; y afrontó los problemas derivados de la
política de chilenización en dichos territorios, que buscaban perpetuar la ocupación. Al término de su
mandato, una nueva alianza, ahora entre los civilistas y el Partido Constitucional de Cáceres, llevó a la
presidencia al acaudalado hombre de negocios Manuel Candamo, quien asumió el 8 de septiembre de 1903,
siendo el segundo civilista en llegar a la presidencia, después de Manuel Pardo en 1872. Pero Candamo
murió antes de finalizar su mandato, el 7 de mayo de 1904. El poder quedó a cargo del jurista
cuzqueño Serapio Calderón, quien convocó a nuevos comicios, en las que ganó José Pardo y Barreda,
cabeza de una nueva generación de civilistas con anhelos renovadores.
José Pardo y Barreda, presidente del Perú de 1904 a 1908 y de 1915 a 1919. Fue hijo de Manuel Pardo, el
fundador del Partido Civil.
El primer gobierno de José Pardo (1904-1908) apoyó firme y eficazmente a la educación pública, fomentó la
cultura e inició la legislación social. Se preocupó también por defensa nacional, repotenciando al Ejército y la
Marina. En el aspecto internacional enfrentó conflictos limítrofes con Colombia, Ecuador y Bolivia. Pero el
problema que más demandaba entonces la atención de la Cancillería peruana era el enfrentado con Chile,
país que retenía ilegalmente las provincias peruanas de Tacna y Arica. El gobierno chileno no solo prorrogó
indefinidamente la realización del plebiscito estipulado en el tratado de Ancón, sino que acentuó su
desalmada política de «chilenización» contra los peruanos de Tacna y Arica, así como los que residían en
Tarapacá. En las elecciones de 1908 el candidato oficialista fue Augusto B. Leguía, quien ante la ausencia
voluntaria del pierolismo, pudo ganar fácilmente.
El primer gobierno de Leguía (1908-1912) enfrentó problemas limítrofes con los cinco países vecinos, de los
cuales sólo logró solucionar definitivamente aquellos que mantenía con Brasil (8 de septiembre de 1909)
y Bolivia(17 de septiembre del mismo año). Con Ecuador hubo un conato de conflicto en 1910,
con Colombia se libró el conflicto de La Pedrera (1911) y con Chile se rompieron las relaciones diplomáticas,
ante el recrudecimiento de la desalmada política de chilenización en Tacna y Arica.
En el orden interno, Leguía afrontó también mucha perturbación. Enfrentó con valentía una intentona
golpistapromovida por Carlos de Piérola, Isaías de Piérola y Amadeo de Piérola (el primero, hermano de
Nicolás de Piérola, y los restantes, hijos de este caudillo) que fue reprimida severamente (29 de
mayo de 1909). De carácter personalista y autoritario, Leguía se separó del Partido Civil, que se fraccionó en
dos: los leales a Pardo y los leales a Leguía. En los dos últimos años de su gobierno se manifestó una aguda
crisis económica, motivada por el endeudamiento interno acelerado, los gastos de la defensa nacional y el
déficit presupuestal.
En las elecciones presidenciales de 1912 Leguía quiso imponer a su candidato Ántero Aspíllaga pero surgió
entonces la candidatura opositora del ex alcalde de Lima Guillermo Billinghurst, que pronto obtuvo una rápida
y arrolladora popularidad. Los billinghuristas exigieron la anulación de los comicios, vista la falta de garantías.
Presionado por la opinión pública, el Congreso se vio obligado a elegir como presidente a Billinghurst
Guillermo Billinghurst, presidente del Perú de 1912 a 1914.
Billinghurst (1912-1912) quiso favorecer a la clase obrera, lo que le ganó la oposición de los elementos
conservadores. Tuvo una pugna tenaz con el Congreso, dominado por los civilistas y leguiístas, sus enemigos
políticos. Se propuso entonces disolver el parlamento y convocar al pueblo para realizar reformas
constitucionales fundamentales, lo que provocó el levantamiento militar del coronel Óscar R. Benavides, héroe
de La Pedrera, que derrocó a Billinghurst el 4 de febrero de 1914.
Benavides asumió el poder, primero a la cabeza de una Junta de Gobierno y luego como presidente provisorio
designado por el Congreso (1914-1915). Enfrentó el problema monetario y se comprometió a restaurar el
orden legal. En 1915 convocó a una Convención de los partidos civilista, liberal y constitucional, para que
lanzaran una candidatura unificada. El elegido fue el ex presidente José Pardo, del Partido Civil, quien ganó
abrumadoramente las elecciones de ese año, derrotando a la simbólica candidatura de Carlos de Piérola, del
Partido Demócrata.
El segundo gobierno de José Pardo (1915-1919) se caracterizó por la violencia política y social, síntoma del
agotamiento del civilismo y de la crisis mundial. Por efecto de la primera guerra mundial se agravó la
condición económica de la clase trabajadora y se preparó el campo para el desenvolvimiento de la acción
sindical. Se produjeron sucesivas huelgas que tenían como exigencia el abaratamiento de las subsistencias y
la implantación de la jornada de las «8 horas de trabajo»; esta última fue concedida finalmente, por decreto
del 15 de enero de 1919. En el sur andino, los abusos de los hacendados y gamonales sobre la población
nativa y campesina motivaron muchas sublevaciones de indígenas, como la encabezada por Rumi
Maqui en 1915.
Pardo convocó a elecciones en 1919, en las que postuló el ex presidente Augusto B. Leguía, que enfrentó a la
candidatura oficialista representada por Ántero Aspíllaga. Los comicios, que no fueron muy limpios, dieron por
ganador a Leguía, pero en el recuento oficial se le anularon numerosos votos. Ante el peligro de que fueran
anuladas las elecciones y que estas se trasladaran al Congreso, donde los civilistas tenían mayoría, Leguía y
sus partidarios dieron un golpe de estado, contando con el apoyo de la gendarmería (4 de julio de 1919).
Finalizó así la «República Aristocrática» y se inició una nueva etapa en la historia republicana del Perú.
Consumado el golpe de estado de 1919, Leguía asumió el poder como presidente transitorio. Disolvió el
Congreso y convocó a un plebiscito para someter al voto de la ciudadanía una serie de reformas
constitucionales que consideraba necesarias; entre esas reformas se contemplaba elegir al mismo tiempo al
Presidente de la República y al Congreso, ambos con períodos de cinco años (antes, el mandato presidencial
era de cuatro años y el Parlamento se renovaba por tercios cada dos años). Simultáneamente convocó a
elecciones para elegir a los representantes de una Asamblea Nacional, que durante sus primeros 30 días se
encargaría de ratificar las reformas constitucionales, es decir, haría de Asamblea Constituyente, para luego
asumir la función de Congreso ordinario. Esta Asamblea se instaló el 24 de setiembre de 1919 y fue presidida
por Mariano H. Cornejo, ideólogo del gobierno. Una de las primeras labores de dicha Asamblea fue hacer el
recuento de votos de las anteriores elecciones presidenciales, tras lo cual ratificó como ganador a Leguía,
quien fue proclamado Presidente Constitucional el 12 de octubre de 1919. La Constitución vigente (la de
1860) fue sustituida por la Constitución de 1920.
Este segundo gobierno de Leguía se prolongaría por once años, ya que, tras sendas reformas
constitucionales, se reeligió en 1924 y en 1929. Por eso se le conoce como el Oncenio y también como la
«Patria Nueva», pues pretendía modernizar el país a través de un cambio de relaciones entre el Estado y la
sociedad civil.
Fue una época en que se restringieron las libertades públicas. El diario La Prensa, donde se había
parapetado la oposición, fue asaltado y confiscado. Se barrió también con la oposición en el parlamento, que
quedó sometido al Ejecutivo. Se puso fin a las municipalidades elegidas por voto popular, siendo
reemplazadas por organismos con personal designado por el gobierno. Los opositores políticos fueron
perseguidos, presos, deportados y hasta fusilados.
La figura del presidente fue adulada hasta límites extremos, se habló del «Siglo de Leguía», del «Gigante del
Pacífico», del «Júpiter Presidente», del «Wiracocha», y se le comparó hiperbólicamente con personajes
como Bolívar, Julio César, Alejandro, Bonaparte, etc.
La preocupación esencial de Leguía fue la modernización del país, lo que quiso imponer a paso acelerado.
Suceso notable de este período fue la celebración pomposa del Centenario de la Independencia en 1921,
cuyo acto central fue la inauguración de la Plaza San Martín, en el centro de Lima. Un gigantesco programa
de obras públicas fue financiado con empréstitos obtenidos del exterior. Se arreglaron y pavimentaron muchas
avenidas, calles y plazas limeñas, se abrieron varias avenidas a fin de ampliar el radio urbano, como la
Avenida Progreso (hoy Venezuela) y la Avenida Leguía (hoy Arequipa).
Se fomentó la política colonizadora, se realizaron importantes obras de irrigación en la costa; entre ellas en la
pampa de Imperial (Cañete) y en las pampas de Olmos (Lambayeque). Se estudió también la irrigación de las
pampas de La Joya, en Arequipa. Se realizó una importante obra vial en toda la República. Medida impopular
fue la ley de Conscripción Vial (1920) que obligaba a todos los hombres de 18 a 60 años de edad a trabajar
gratuitamente en la construcción y apertura de carreteras, por espacio de 6 a 12 días al año, lo que en la
práctica afectó mayormente a la población indígena.
Fueron creadas la Escuela de la Guardia Civil y Policía (a cargo de instructores españoles), la Escuela de
Aviación de Las Palmas y el Ministerio de Marina (el cual en 1929 pasó a llamarse de Marina y Aviación).
En el aspecto internacional, se firmaron dos tratados internacionales muy polémicos:
El Tratado Salomón-Lozano, con Colombia, el 24 de marzo de 1922,
que fue aprobado por el Congreso en 1927. Ello significó ceder a
Colombia una porción territorial comprendida entre los
ríos Caquetá y Putumayo y el llamado "Trapecio Amazónico", donde se
hallaba la población de Leticia. Este tratado fue considerado
excesivamente entreguista y generó resistencia entre los peruanos que
habitaban las zonas afectadas.
El Tratado Rada Gamio-Figueroa Larraín, con Chile, firmado el 3 de
junio de 1929, en Lima (por lo que se le conoce también como Tratado
de Lima). Puso término a la cuestión limítrofe con Chile, tras más de 40
años de la firma del Tratado de Ancón de 1883. Ambas partes
renunciaron a la realización del tantas veces postergado plebiscito de
Tacna y Arica, y acordaron el siguiente arreglo: Tacna regresaría al
seno de la patria peruana, pero Chile se quedaría con Arica.
En el aspecto político se eclipsaron los viejos partidos (el Civil, el Demócrata, el Constitucional y el Liberal) y
surgieron los primeros partidos modernos que aglutinaron a los sectores medios y populares de tendencias
reformistas o revolucionarias: el Partido Aprista, fundado por Víctor Raúl Haya de la Torre y el Partido
Socialista Peruano, fundado por José Carlos Mariátegui.
En el aspecto económico, se incrementó notablemente la dependencia hacia los Estados Unidos debido a los
fuertes empréstitos contraídos a los bancos norteamericanos para realizar obras públicas; la deuda llegó a los
150 millones de dólares en 1930. Ello provocó una aparente bonanza, que finalizó al estallar la crisis mundial
de 1929 afectando directamente a la población, siendo el factor que aceleró la caída de Leguía, sumado al
descontento por la evidente corrupción administrativa y por la firma de los tratados con Colombia y Chile con
cesión territorial.
El 22 de agosto de 1930 el comandante Luis Miguel Sánchez Cerro, al mando de la guarnición de Arequipa,
se pronunció contra Leguía. El movimiento revolucionario se propagó rápidamente por el sur del país.
También en Lima el ambiente era favorable para la revolución. Para dominar la situación Leguía pretendió
formar un gabinete militar, pero en las primeras horas de la madrugada del 25 de agosto la guarnición de Lima
lo obligó a renunciar. Finalizó así el Oncenio de Leguía.
Sánchez Cerro prometió convocar a elecciones, pero cometió el error de querer postular a la presidencia
estando en el poder. Una nueva rebelión que estalló en Arequipa lo obligó a dimitir el 1 de marzo de 1931.
Interinamente, por unas horas, asumió el poder el jefe de la iglesia católica peruana, monseñor Mariano
Holguín, como presidente de una junta de notables, que inmediatamente dio pase a una Junta Transitoria
presidida por el presidente de la Corte Suprema Ricardo Leoncio Elías y luego por el teniente coronel Gustavo
Jiménez. Sin embargo, estas Juntas no gozaron de apoyo y la presión popular impuso al viejo líder
apurimeño David Samanez Ocampo como presidente de una Junta Nacional de Gobierno, con representación
de todo el país (11 de marzode 1931).
Samanez pacificó momentáneamente al país y convocó a elecciones para Presidente y los representantes de
la Asamblea Constituyente. Con tal fin dio un nuevo Estatuto Electoral y creó el Jurado Nacional de
Elecciones. Estas elecciones generales se realizaron el 11 de octubre de 1931 y fueron las primeras
elecciones modernas de la historia peruana. Los principales candidatos fueron Sánchez Cerro, por la Unión
Revolucionaria, y Víctor Raúl Haya de la Torre, por el Partido Aprista Peruano. Sánchez Cerro, auroleado por
ser el caudillo que derrocó a Leguía, triunfó en las urnas por un amplio margen, pero los apristas no
reconocieron el resultado y denunciaron fraude. El país quedó así dividido, con el germen de la guerra civil.
Sánchez Cerro asumió como presidente constitucional el 8 de diciembre de 1931. Ese mismo día se instaló
el Congreso Constituyentecuya misión primordial sería dar una nueva Constitución al país. El nuevo gobierno
contaba con mayoría parlamentaria. Los diputados apristas elegidos tomaron posesión de sus escaños y
conformaron en una combativa minoría opositora al gobierno.
La oposición del aprismo al gobierno sanchecerrista se tornó exacerbada. Menudearon los atentados, las
revueltas y los actos terroristas. El Congreso aprobó leyes severas, entre ellas una llamada Ley de
Emergencia, que dio al gobierno poderes especiales para reprimir a los opositores, en especial a los apristas,
aunque también a los comunistas. Los diputados apristas fueron desaforados.
Luis M. Sánchez Cerro, presidente constitucional del Perú (1931-1933).
En 1932 ocurrieron una serie de sucesos sangrientos provocados por los apristas: un atentado criminal contra
la vida del mismo Sánchez Cerro, que se salvó fortuitamente (6 de marzo); una rebelión de la marinería de la
escuadra del Callao (7 de mayo), que fue sofocada severamente, siendo fusilados ocho marineros; y la
llamada revolución aprista de Trujillo (7 de julio), que fue reprimida sangrientamente por el gobierno. Trujillo
fue tomada por el ejército, que en represalia por la masacre de los oficiales prisioneros en el cuartel
O’Donovan, fusiló a un número no determinado de ciudadanos, que desde entonces fueron considerados
como los “mártires del aprismo”. Al año siguiente estalló una sublevación militar en Cajamarcaencabezada por
el comandante Gustavo Jiménez, quien al ser vencido en Paiján se quitó la vida disparándose un tiro en la
cabeza (14 de marzo de 1933).
Obra importante del gobierno sanchecerrista fue la promulgación de la Constitución Política de 1933, el 3 de
abril de 1933. Otras obras importantes fueron el otorgamiento a los obreros de vacaciones y el descanso
remunerado por el día del trabajo, la creación de los restaurantes populares, el equipamiento de las Fuerzas
Armadas, la continuación de la carretera Central, etc.
En el aspecto internacional, Sánchez Cerro declaró inicialmente su intención de respetar los tratados firmados
por sus antecesores, pero presionado por la opinión pública, se vio obligado a respaldar a los patriotas
peruanos de Leticia, que querían que su territorio, cedido a Colombia por el Tratado Salomón-Lozano, volviera
al seno del Perú (episodio conocido como el incidente de Leticia). Ello que provocó un enfrentamiento
bélico con dicha nación. Estando precisamente Sánchez Cerro pasando revista a los reclutas en el Hipódromo
de Santa Beatriz (hoy Campo de Marte, en Lima), el 30 de abril de 1933, cuando fue víctima de un atentado:
un individuo, llamado Abelardo González Leiva, se le acercó y le disparó varios tiros, que le cegaron la vida.
Se supo después que el magnicida se había afiliado al partido aprista años antes, pero no se sabe hasta hoy
si actúo solo o formó parte de un complot. Ese mismo día el Congreso, violando la Constitución, nombró
presidente de la República al general Oscar Benavides, para que completara el período del difunto presidente,
o sea hasta 1936.
La tarea inicial de Benavides fue buscar el fin del conflicto con Colombia, país con el que se llegó a un
acuerdo de paz en mayo de 1934, previo compromiso del Perú de respetar el Tratado Salomón-Lozano. En el
aspecto interno, Benavides dio la Ley de Amnistía General, el 9 de agosto de 1933, que favoreció a los
apristas. Pero tras un intento revolucionario aprista en Lima (la llamada conspiración de El Agustino), se
reinició la persecución antiaprista. Los apristas respondieron con actos terroristas en todo el país. El 15 de
mayo de 1935ocurrió el asesinato del director del diario El Comercio, Antonio Miró Quesada de la Guerra, y el
de su esposa, a manos de un militante aprista. La represión recrudeció. Tanto el Partido Aprista como el
Comunista fueron proscritos según ley por ser partidos “internacionales”.
El general Óscar R. Benavides y su gabinete ministerial. Lima, 1933.
Como su período debía culminar en 1936, Benavides convocó a elecciones en las que el candidato favorito
era Luis Antonio Eguiguren; pero estas elecciones fueron anuladas por el Jurado Nacional de Elecciones, con
el argumento de que los votos de los apristas favorecían a Eguiguren, y por tanto, eran ilegales por provenir
de un partido proscrito. Consultado el Congreso, éste decidió que Benavides extendiera su mandato por tres
años más, hasta 1939, y por añadidura le cedió la facultad de legislar. Acto seguido, el Congreso se disolvió.
Bajo el lema de «orden, paz y progreso», Benavides gobernó apoyado por la alta finanza y las Fuerzas
Armadas. Logró superar la crisis económica, mejoró notablemente el aspecto financiero, especialmente en lo
relacionado con la banca y la captación de impuestos, aplicándose algunos proyectos que había dejado la
misión Kemmerer en 1931. El país comenzó a entrar a un período de prosperidad debido a las exportaciones,
especialmente agrícolas. Se promulgó el Código Civil de 1936, se creó el Ministerio de Salud Pública, Trabajo
y Asistencia Social y el Ministerio de Educación Pública, se fomentó el turismo. Se realizaron grandes obras
de modernización en la capital, como la construcción de las actuales sedes de los poderes ejecutivo ( Palacio
de Gobierno), legislativo (Palacio Legislativo) y judicial (Palacio de Justicia). Se realizaron también obras de
saneamiento en diversas ciudades, se culminaron varias obras de irrigación iniciadas por Leguía, se
construyeron barrios y comedores para los trabajadores y sus familias, se instituyó el Seguro Social
Obligatorio para Obreros, entre otras obras de tipo social.
Sin embargo, en el último tramo del gobierno de Benavides se hizo notorio el hastío de la población. El 19 de
febrero de 1939 ocurrió la intentona golpista del general Antonio Rodríguez Ramírez, al parecer con gran
apoyo de diversos sectores. Aunque dicho caudillo resultó muerto en Palacio de Gobierno tras ser ametrallado
por un oficial de la policía, Benavides entendió el mensaje.
Viendo pues el panorama, que le era adverso, Benavides decidió convocar a elecciones y hacer el traspaso
de poder. Pero antes convocó a un plebiscito, que se realizó el 18 de junio de 1939, y por el cual se aprobaron
importantes reformas constitucionales, como la ampliación del período presidencial de 5 a 6 años, el
restablecimiento de los dos vicepresidentes y la disminución de las facultades legislativas del Congreso en
materia económica. Su intención era robustecer el Poder Ejecutivo en desmedro del Legislativo.
Las elecciones generales se realizaron el 22 de octubre de 1939. El candidato del gobierno, el
banquero Manuel Prado Ugarteche (hijo del presidente Mariano Ignacio Prado), ganó con facilidad a su
contrincante, el abogado José Quesada Larrea. Se habló de fraude electoral.
Manuel Prado asumió la presidencia el 8 de diciembre de 1939, iniciando lo que sería su primer gobierno
(1939-1945). Político hasta entonces casi desconocido, se vaticinó que no duraría mucho en el cargo, pero
desplegó una combinación de astucia táctica, flexibilidad estratégica y encanto personal, que le permitió gozar
de respaldo. Su gobierno continuó en gran parte la obra realizada por el general Benavides, manteniendo
fuertes vínculos con la oligarquía. Fue de una relativa democracia. Mantuvo proscrito al Partido Aprista y
recibió el apoyo del Partido Comunista.
Este primer gobierno de Prado coincidió con el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial en la cual el Perú se
alineó decididamente con el bando aliado, siendo el primer país de Latinoamérica en romper relaciones con
las potencias del Eje. Durante una reunión extraordinaria de cancilleres realizada en Río de Janeiro, a
principios de 1942, fue la actitud peruana la que inclinó a los representantes de los demás países americanos
a apoyar a Estados Unidos.
Otro éxito internacional del gobierno de Prado fue la victoria sobre el Ecuador tras una breve guerra librada en
1941, firmándose luego el Protocolo de Río de Janeiro (29 de enero de 1942), que zanjó la centenaria disputa
limítrofe con dicha nación, aunque los problemas derivados por la demarcación fronteriza habrían de ocupar
todavía el resto del siglo XX.
Prado tuvo que enfrentar las consecuencias económicas y sociales de la guerra mundial. Las importaciones
bajaron notablemente pero los productos de exportación aumentaron. La escasez de productos de
importación para el consumo nacional hizo surgir nuevas industrias que reemplazaron a los productos
extranjeros con buen éxito. La guerra hizo aparecer a numerosos "nuevos ricos".
Para las elecciones de 1945 se conformó por Frente Democrático Nacional (FDN), conformado las más
dispares partidos y movimientos, siendo el más importante el Partido Aprista, que para eludir la prohibición
constitucional por su calidad de “partido internacional”, adoptó el nombre de “Partido del Pueblo”. Este Frente
se logró gracias a un acuerdo entre el líder aprista, Haya de la Torre, y el mariscal Benavides, que aún
conservaba ascendiente en el Ejército. El FDN lanzó la candidatura del jurista José Luis Bustamante y Rivero,
mientras que el gobierno apoyó la candidatura del general Eloy Ureta, el vencedor de la guerra del Ecuador.
Bustamante y Rivero resultó triunfador y asumió la presidencia el 28 de julio de 1945, gobernando con un
apego a las leyes inusual en la historia peruana. Hecho notable de su gestión fue extender la soberanía
peruana en una extensión de doscientas millas marinas, por Decreto Supremo expedido el 1 de
agosto de 1947.
En el aspecto económico se produjeron serias dificultades. La inflación creció y los salarios perdieron su
poder adquisitivo. Frente al malestar social, que se manifestó en huelgas, Bustamante aplicó una política de
asistencia social, de inspiración aprista. Escasearon los productos de primera necesidad, que solo podían
obtenerse en los “estanquillos” si se presentaba el carné de militante aprista. Otras medidas aplicadas, como
el control de cambios y los controles de precios, no variaron la aguda situación. Por su parte, el sector
exportador agro-minero reclamó la eliminación total del control de cambios y de la restricción de las
importaciones, que les afectaba directamente a los bolsillos.
En el aspecto político, Bustamante perdió pronto el apoyo del aprismo, pues se negó a someterse a su
influencia. El asesinato de Francisco Graña Garland, director del diario La Prensa (de tendencia antiaprista),
ocurrido el 7 de enero de 1947,6 fue atribuido al aprismo y marcó el inicio de la ruptura del gobierno con este
partido. Los apristas pasaron a ejercer una desaforada oposición y los más exaltados de sus miembros
planearon una revolución. Mientras que la oligarquía, que exigía mano dura contra los apristas, pasó también
a conspirar, entendiéndose con los militares. El 3 de octubre de 1948, el sector extremista del aprismo
fomentó la rebelión de la marinería en el Callao, que fue aplastada sangrientamente. Bustamante puso fuera
de la ley al partido aprista, pero ya era muy tarde.
El 27 de octubre de 1948, el general Manuel A. Odría, a la cabeza de la guarnición de Arequipa, se levantó en
contra del gobierno, proclamando una “Revolución Restauradora”. Otras guarniciones importantes, como la
del Cuzco, dudaron en plegarse, pero el triunfo del movimiento se decidió cuando la guarnición de Lima, al
mando del general Zenón Noriega se sumó a Odría. Bustamante, que se negó a renunciar, fue deportado
hacia Buenos Aires, Argentina. Nuevamente el país se sumía en una dictadura militar de derecha.
Hacia 1954 empezaron a darse señales de la descomposición del régimen. Acusado de conspirador, el
general Zenón Noriega fue desterrado. El 20 de julio de 1955, los redactores del diario La Prensaprepararon
una declaración en la que exigían la derogatoria de la Ley de Seguridad Interior, la reforma electoral y la
amnistía política general. Este documento sirvió de punto de partida para la fundación de la Coalición
Nacional, encabezada por Pedro Roselló, Manuel Mujica Gallo, y Pedro G. Beltrán. Una reunión de la
Coalición, realizada en el teatro de Arequipa, fue atacada por matones al servicio del gobierno, iniciándose
una masiva protesta, similar a la de 1950. La ciudad se declaró en huelga general y pidió la destitución del
ministro de Gobierno, Alejandro Esparza Zañartu. Estalló así la llamada Revolución de Arequipa de 1955.
Odría se abstuvo de enviar a las fuerzas militares para reprimir la revuelta y Esparza tuvo que renunciar, a
fines de diciembre de 1955, partiendo al exilio. Este episodio marcó el comienzo del fin del régimen odriísta.
El régimen se hallaba ya muy desgastado cuando Odría decidió convocar a elecciones generales en 1956,
anunciando a la vez que no se presentaría como candidato. Se presentaron tres candidatos: Hernando de
Lavalle, inicialmente apoyado por el gobierno y por el recientemente fundada Democracia Cristiana; el ex
presidente Manuel Prado Ugarteche, por el Movimiento Democrático Peruano (MDP); y el arquitecto Fernando
Belaunde Terry, lanzado por un improvisado Frente Nacional de Juventudes Democráticas, cuya inscripción
fue impuesta al Jurado Nacional de Elecciones, tras una protesta memorable realizada en el centro de Lima,
conocida como el “Manguerazo” (1 de junio de 1956).
Como el partido aprista se hallaba impedido de participar en las elecciones, los votos de sus militantes serían
decisivos en la contienda. Los dirigentes apristas decidieron negociar sus votos, a cambio de la mejor oferta
que hicieran los candidatos. Lavalle ofreció un estatuto de partidos que otorgaría la legalidad al APRA en
fecha no determinada, lo que para los apristas no era suficiente. Fue Prado quien tuvo la habilidad de ganarse
el apoyo de los apristas, a quienes prometió levantarles la proscripción no bien iniciado su gobierno,
prometiendo derogar la famosa Ley de Seguridad Interior. El gobierno también optó por apoyar a Prado, con
quien convino el llamado el Pacto de Monterrico, a cambio de una total impunidad en lo que respecta a los
casos de corrupción del Ochenio.
Las elecciones se realizaron el 17 de junio de 1956. Los resultados oficiales fueron los siguientes: Manuel
Prado Ugarteche, 568 134 votos (45.5 %); Fernando Belaunde Terry, 457 638 votos (36.7 %) y Hernando de
Lavalle, 222 323 votos (17.8 %). El 28 de julio de 1956, los militares dejaron el poder en manos del doctor
Manuel Prado.
Doctor Manuel Prado Ugarteche, presidente del Perú por segunda vez, de 1956 a 1962.
Manuel Prado Ugarteche asumió el gobierno por segunda vez el 28 de julio de 1956. Cumpliendo la promesa
hecha a los apristas, derogó la Ley de Seguridad Interior, comprendiendo en la amnistía subsiguiente a todos
los presos políticos y a los que se hallaban exiliados. Por ello esta nueva gestión fue llamada el «período de la
convivencia», ya que se produjo un entendimiento entre el pradismo y el aprismo.
El segundo gobierno de Manuel Prado se desarrolló en un clima de agitación motivada por tres razones
principales:
Entre las medidas adoptadas por esta junta militar, destacan las destinadas a la planificación estatal y a la
promoción cultural:
El arquitecto Fernando Belaunde resultó así elegido Presidente Constitucional para el período 1963-1969. Su
obra estuvo orientada mayormente a las grandes obras públicas: construcción de carreteras (principalmente
la Marginal de la Selva), aeropuertos, conjuntos habitacionales, reservorios, etc.; asimismo, restituyó el origen
democrático de las autoridades municipales. Sin embargo, su labor fue obstaculizada constantemente en el
parlamento por la oposición de los partidarios del general Odría (agrupados en la ultraderechista UNO) y
del APRA; estos dos partidos, que años antes habían sido encarnizados enemigos, formaron la llamada
COALICIÓN, poniendo en minoría parlamentaria a los representantes de los partidos de gobierno: Acción
Popular y la Democracia Cristiana, que formaron la llamada ALIANZA.
En cuanto a política económica, Belaunde no pudo controlar la inflación y la moneda nacional sufrió una
drástica devaluación el 1 de septiembre de 1967. Asimismo se elevó la deuda externa. Se produjeron algunos
levantamientos de campesinos y brotes guerrilleros en zonas andinas afectadas por la pobreza y la opresión
de los terratenientes y que fueron reprimidas rápidamente con ayuda del ejército. Se acrecentaron las
migraciones internas, del campo a la ciudad, especialmente en Lima, donde surgieron numerosos barrios
marginales, que se denominaron después “pueblos jóvenes”, que agudizaron el problema de la vivienda y
aumentaron el índice de desocupación.
Belaunde inició la reforma agraria que afectaba principalmente a los latifundios no cultivados de la sierra y la
costa, pero sin tocar a los que tenían un rendimiento eficiente, como los agroindustriales de la costa. Trató
también de resolver el asunto del petróleo con la International Petroleum Company (IPC). El 13 de
agosto de 1968 se suscribió el Acta de Talara, por el cual todos los campos petroleros pasaban a poder de la
estatal Empresa Petrolera Fiscal (EPF), mientras que la IPC conservaba la refinería de Talara, el sistema de
distribución nacional del combustible y las llamadas Concesiones Lima. La IPC se obligaba a comprar todo el
petróleo que la EPF le quisiera vender, para procesarla en su refinería de Talara. Toda la prensa se hizo eco
de este suceso, estallando la ciudadanía en alegría. Sin embargo, la opinión pública cambió cuando un sector
de la prensa (la revista Oiga) dio a conocer las condiciones que había impuesto la IPC para la firma del Acta.
El momento cumbre del escándalo llegó cuando el renunciante presidente de la EPF, ingeniero Carlos Loret
de Mola, denunció que faltaba una página en el contrato de precios de petróleo crudo entre la EPF y la IPC
(10 de setiembre de 1968). Esa fue la famosa "Página Once", que sirvió de pretexto para que un grupo de
oficiales del ejército dieran un golpe de estado menos de un mes después, acusando al gobierno de
“entreguismo”.
En efecto, el 3 de octubre de 1968 el general Juan Velasco Alvarado encabezó el golpe de estado contra
Belaunde, quien fue sacado a la fuerza de Palacio de Gobierno y desterrado a Argentina. Se inició así el
llamado Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas.
El autodenominado Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas se instaló el 3 de octubre de 1968, tras
el derrocamiento del presidente Belaúnde. Se dividió en dos fases: la primera, encabezada por el
general Juan Velasco Alvarado (1968-1975) y la segunda, por el general Francisco Morales Bermúdez (1975-
1980).
El general Juan Velasco Alvarado se alzó contra el reformismo de los gobiernos anteriores y se propuso
realizar cambios sustanciales en las estructuras del país. Su gobierno se reclamó nacionalista, antimperialista,
(especialmente anti-estadounidense) y antioligarca, claramente orientado hacia la izquierda, lo que lo
diferenciaba del resto de las dictaduras latinoamericanas, que por lo general eran de derecha. Su plan de
gobierno lo expuso en el llamado “Plan Inca”.
Las principales reformas que realizó el gobierno de Velasco fueron las siguientes:
Estas grandes reformas emprendidas con el propósito de cambiar la fisonomía del país agravaron la situación
económica, debido a sus costos enormes. Se multiplicaron las empresas estatales, con un número crecido de
empleados, que por corrupción o ineficiencia, produjeron enormes pérdidas. De otro lado, el gobierno aplicó
políticas económicas demagógicas, como los subsidios a la gasolina. Se empeñó también en no devaluar la
moneda, en momentos en que esta medida era necesaria. Cuando finalizó su gobierno en 1975, ya no
existían reservas en el Banco Central. Pero fue el atropello a la libertad de prensa lo que originó que por
primera vez surgieran en las calles de Lima manifestaciones populares contra la dictadura. Los días 28 a 30
de julio de 1974 la juventud del distrito de Miraflores se apoderó de las calles y plazas, alzando su voz de
protesta. Más de 400 manifestantes fueron detenidos.
En febrero de 1975 se inició en Lima una huelga de policías, quienes se quejaban de maltratos y exigían
aumento de sus sueldos. Los policías se acuartelaron pacíficamente en Radio Patrulla, en la avenida 28 de
julio del centro de Lima. En la medianoche del 4 al 5 de febrero, fueron despiadadamente atacados por la
tropa y las unidades blindadas del ejército. Muchos policías huyeron; otros se rindieron. Se produjo también
un número indeterminado de muertos y heridos.7 En la mañana del 5 de febrero estalló la más grave protesta
popular, el llamado Limazo. Grupos de revoltosos recorrieron la ciudad e incendiaron el Casino Militar de la
Plaza San Martín, el local del diario Correo y las oficinas de SINAMOS (entidad estatal que oficiaba como
base política del régimen). El ejército salió a la calle, y en el transcurso de la tarde y la noche de ese mismo
día, restableció el orden e hizo un número indeterminado de víctimas. El gobierno suspendió las garantías
constitucionales e impuso el toque de queda. El saldo oficial fue de 86 muertos, 155 heridos, 1,012 detenidos
y 53 policías enjuiciados.8 Velasco acusó a la CIA y al Partido Aprista de alentar los disturbios. Pero su
régimen ya estaba herido de muerte.
Víctor Raúl Haya de la Torre, líder del APRA, que presidió la Asamblea Constituyente de 1978-1979. Falleció
poco después de firmar la Constitución de 1979.
El 29 de agosto de 1975, el general Francisco Morales Bermúdez, entonces Presidente del Consejo de
Ministros, lideró un golpe de estado incruento desde la ciudad de Tacna, acción conocida como el Tacnazo.
Morales Bermúdez lanzó un manifiesto al país, el cual estaba respaldado por las Fuerzas Armadas y
Policiales, y donde explicaba que su propósito era “eliminar los personalismos y las desviaciones” que el
proceso revolucionario venía sufriendo. Velasco, que desde hacía meses se hallaba enfermo, e incluso había
sufrido la amputación de una pierna, abandonó pacíficamente Palacio de Gobierno y se retiró a su residencia
de Chaclacayo. Oficialmente se le consideró “relevado” del alto mando. No volvió a intervenir en política y
falleció en 1977.
Morales Bermúdez enfrentó el descontento y presión popular para retornar a la democracia. En el plano
económico continuó la crisis financiera, caracterizada por las continuas devaluaciones de la moneda. El 19 de
julio de 1977, se realizó un paro nacional impulsado por la CGTP, central sindical de tendencia comunista,
que reclamaba un aumento general de sueldos y salarios de acuerdo con el alza del costo de vida. Este paro
tuvo un masivo apoyo de parte de la ciudadanía. Lima quedó paralizada durante 24 horas de un modo nunca
antes visto. Luego vinieron diversas movilizaciones nacionales. Morales Bermúdez convocó entonces a
una Asamblea Constituyente, como un primer paso para el retorno a la legalidad. Dicha Asamblea se instaló
el 28 de julio de 1978 y fue presidida por el líder aprista Víctor Raúl Haya de la Torre. Tras un año de debates
se promulgó la Constitución de 1979, bajo cuya regencia se convocó a las elecciones democráticas de 1980,
en las cuales triunfó el líder de Acción Popular y ex presidente Fernando Belaunde Terry, que volvió así
nuevamente al poder, retornando la democracia.
Durante la década de 1980, el Perú enfrentó una fuerte crisis económica y social, agravada por el estallido de
un conflicto armado interno, iniciado por grupos terroristas de inspiración comunista.
Inaugurado el segundo gobierno de Fernando Belaúnde Terry (1980-1985), de inmediato se restituyeron a sus
propietarios los medios de comunicación expropiados por la dictadura militar, pero no se quiso revertir la
expropiación de las tierras hechas al amparo de la reforma agraria. Se convocaron también a elecciones
municipales, restaurándose así el origen democrático de los gobiernos locales. El triunfador en la
municipalidad metropolitana de Lima fue el acciopopulista Eduardo Orrego Villacorta. En 1983, unas nuevas
elecciones municipales llevaron al municipio limeño a Alfonso Barrantes, candidato de la izquierda unificada.
En el aspecto internacional, Belaúnde enfrentó con el Ecuador el llamado conflicto del Falso Paquisha (1981)
y apoyó a la Argentina durante la guerra de las Malvinas (1982).
En el aspecto interno, pese a tener mayoría en el Congreso (a diferencia de su primer mandato), este
segundo gobierno belaundista no colmó las expectativas de la ciudadanía. Tuvo que enfrentar los efectos
desastrosos del Fenómeno del Niño de 1983 y el agravamiento de la crisis económica, cuyo signo más notorio
fue una continua inflación y el alza del costo de vida. Todo ello ocasionó una oleada de huelgas y paros
laborales, que se prolongaría durante todo el gobierno.
Pero indudablemente el suceso negativo más relevante fue el surgimiento del accionar de grupos
terroristas de inspiración comunistaque pretendían instaurar un nuevo Estado mediante la lucha
armada: Sendero Luminoso (1980) y el MRTA (1984). Las reiteradas violaciones de los derechos humanos en
las regiones del conflicto, los crímenes y abusos no divulgados de efectivos militares y policiales peruanos, así
como los de Sendero Luminoso, convirtieron al segundo gobierno de Belaúnde en uno de los más violentos
de la historia de Perú. Los hechos más graves sucedidos fueron la masacre de Uchuraccay, donde nueve
periodistas fueron asesinados por los moradores de dicho distrito andino al confundirlos con militantes de
Sendero (26 de enero de 1983); y la masacre de Putis, donde más de un centenar de civiles fueron
masacrados por una unidad del ejército al ser confundidos también con militantes de Sendero y enterrados en
un conjunto de fosas comunes clandestinas (diciembre de 1984).
No obstante, Belaunde llevó adelante una política de obras públicas, especialmente en lo referente a la
educación, vivienda y carreteras. Se construyeron las represas de Condoroma y Gallito Ciego, se terminó una
etapa más de la Central Hidroeléctrica del Mantaro, se empezó la construcción de la central hidroeléctrica de
Carhuaquero, se fundó la Ciudad Constitución (en plena selva de Pasco), se continuó la carretera marginal de
la selva, se construyeron hospitales, postas sanitarias y colegios en todo el país, así como conjuntos
habitacionales en varios lugares del Perú, principalmente en Lima, donde destacan las Torres de San Borja,
Limatambo, Precursores, Marbella, Pachacámac y Carlos Cueto Fernandini; y en el Callao, la Ciudad Satélite
de Santa Rosa.
El desgaste sufrido por la centro-derecha peruana en el quinquenio de 1980-1985, aseguraron el triunfo del
Partido Aprista en elecciones generales de 1985, cuyo líder, el diputado Alan García Pérez, se convirtió así en
el primer presidente aprista de la historia, luego de vencer a la candidatura izquierdista del doctor Alfonso
Barrantes, entonces alcalde de Lima.
El primer gobierno de García (1985-1990), contó al principio con un masivo apoyo popular. Muy dado a las
poses grandilocuentes y al discurso efectista, García empezó rompiendo con los organismos internacionales
de crédito, al anunciar que solo destinaría el 10 % de las exportaciones al pago de la deuda externa. El FMI
declaró entonces al Perú “inelegible”, es decir, no propenso a recibir nuevos créditos.
Merced a diversas medidas populistas que aplicó García al inicio de su gobierno, se produjo una temporal
reactivación de la economía. Se impuso un tipo de cambio del dólar por debajo del precio real (DOLAR MUC)
para ayudar a los "inversionistas privados". Entraron a trabajar militantes apristas sin los requisitos necesarios
a las diferentes entidades públicas, llámese ENTELPERÚ, ELECTROPERÚ y otras.
Sin embargo, al agotarse la capacidad de gasto del estado, los problemas económicos empezaron a
agudizarse. García culpó a los “circuitos financieros internacionales” de la crisis económica y para solucionarla
emprendió una fallida estatización de la banca. Esta última acción generó la protesta de la sociedad civil
liderada por el escritor Mario Vargas Llosa, quien, al frente del llamado Movimiento Libertad (neoliberal y pro
empresa), encabezó una coalición de fuerzas de centro derecha, denominada Frente Democrático (Fredemo),
con miras a las elecciones generales de 1990. El discurso de Vargas Llosa propició que el pensamiento
liberal, hasta entonces excluido del debate político (dominado por la derecha conservadora y la izquierda
radical), fuera ganando terreno, especialmente entre la clase media.
Finalmente, García se vio en la necesidad de sincerar la economía, aplicando un severo shock, anunciado el
6 de septiembre de 1988 (conocido como el “paquetazo”). La crisis económica alcanzó entonces su peor nivel,
con una hiperinflación galopante (producto de la emisión masiva de moneda sin respaldo), la devaluación
constante de la moneda y escasez de alimentos. Una de las imágenes más recurridas por los peruanos de
entonces es las largas colas formadas para conseguir algunos productos básicos, las más de las veces sin
éxito.
Por si fuera poco, se produjo el aumento de la actividad terrorista de Sendero Luminoso y el MRTA, que a su
vez desencadenó una desmedida represión militar. Dentro de este contexto se produjo el caso de la matanza
de terroristas amotinados en los distintos centros penitenciarios de Lima, el 19 de junio de 1986, suceso
conocido como la matanza de los penales. Otro episodio sangriento fue la masacre de decenas de
campesinos en el pueblo ayacuchano de Cayara en 1988. Se formaron escuadrones de la muerte, como el
autodenominado Comando Rodrigo Franco, los que amedrentaron a sospechosos de terrorismo y a críticos
de la política antiterrorista.
Los principales candidatos presidenciales que se presentaron en las elecciones generales de 1990fueron el
ya mencionado Mario Vargas Llosa, por el Fredemo, y Luis Alva Castro, candidato oficialista del Partido
Aprista y ex ministro de economía. Sin embargo, faltando pocas semanas para las elecciones, surgió una
figura hasta entonces desconocido en política, el ingeniero agrónomo y ex rector de la Universidad Nacional
Agraria, Alberto Fujimori Fujimori, que encabezaba un improvisado partido llamado Cambio 90. En las
elecciones del 8 de abril de 1990 Fujimori quedó en segundo lugar detrás de Vargas Llosa, forzando así a una
segunda vuelta electoral. Esta se realizó el 10 de junio de 1990. Fujimori, apoyado por el APRA y la izquierda,
ganó abrumadoramente con el 62 % de los votos, frente al 38 % que obtuvo Vargas Llosa.
La derrota de Vargas Llosa, que hasta poco antes de la primera vuelta era el gran favorito, se atribuyó a su
anuncio de aplicar un shock económico para estabilizar la economía, algo que fue hábilmente explotado por
los apristas, que difundieron un spot televisivo que mostraba el supuesto efecto devastador de tal medida, lo
que espantó sin duda a muchos electores. Otra razón sería la desenfrenada campaña electoral de los
candidatos al parlamento del Fredemo, que saturaron con sus spots y avisos los medios de comunicación.
También hubo muchos que reprocharon a Vargas Llosa el hecho de aliarse con partidos tradicionales (AP y
PPC), que ya habían tenido un paso nada exitoso por el poder.
Los años noventa significaron así la definitiva cancelación del modelo económico dirigido por el Estado que
regía el Perú desde la época del reformismo militar de los 70. Fue entonces cuando se redujo el tamaño del
Estado, se abrió la economía al mercado internacional, y se privatizaron una serie de empresas estatales,
muchas de las cuales habían sido utilizadas como botines políticos por los partidos políticos en el poder. Esto
ocasionó que miles de trabajadores perdieran su empleo y se vieron obligados a realizar faenas informarles y
es que con éstas medidas también abolió la estabilidad laboral: desde entonces el jubilado comenzó a perder
su poder adquisitivo en sus pensiones. Gozando de popularidad por su victoria sobre el terrorismo y sus
aciertos en el plano económico, Fujimori fue reelegido presidente en 1995, derrotando a la candidatura del
embajador Javier Pérez de Cuellar, sin necesidad de ir a segunda vuelta. En este segundo gobierno, logró
terminar la delimitación de la frontera norte con la República del Ecuador, después del conflicto del Cenepa,
según el Protocolo de Río de Janeiro de 1942 y la declaración de Paz de Itamaraty de 1995. De otro lado,
enfrentó la crisis de los rehenes de la residencia del embajador japonés, tomada por un comando del MRTA,
crisis que fue superada en abril de 1997, cuando en una acción militar sorpresiva, fueron liberados 71 de los
72 rehenes que todavía se mantenían cautivos.
Sin embargo, el autoritarismo y la red de corrupción que tejió su principal asesor, Vladimiro Montesinos, jefe
del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), acabaron por socavar al régimen fujimorista. Ya desde 1996,
Fujimori inició maniobras legales para poder postular como candidato a la presidencia en el 2000, pese a que
la Constitución de 1993 permitía solamente una reelección consecutiva. Para hacer viable tal proyecto, se dio
la ley denominada de Interpretación Auténtica de la Constitución, por la cual no se tomaba en cuenta su
primera elección de 1990, sino solo la del 1995, aduciendo que la norma constitucional se aplicaba a partir de
1993.
El 28 de julio del 2001 juró Toledo como Presidente de la República, para el periodo 2001-2006. La paradoja
de su gobierno fue que gozó de baja popularidad, envuelto en acusaciones de corrupción de la más variada
índole, mientras la economía peruana logró superar la recesión y tuvo un gran crecimiento especialmente en
la capital, la sierra central y la costa norte. En este período se inició la negociación de un Tratado de Libre
Comercio con los Estados Unidos el cual en su momento no fue visto con buenos ojos por los campesinos del
país porque temían que tuviera un efecto negativo sobre sus economías. A los logros macroeconómicos de
Toledo, habría que agregar a su favor el respeto al orden constitucional y a todas las libertades,
principalmente la de prensa. De otro lado, durante su periodo se produjo la llegada a Chile de Alberto Fujimori,
procedente del Japón. Se iniciaron los trámites de extradición del ex presidente, sobre quien pesaban
gravísimas acusaciones de violación a los derechos humanos. Dicha extradición finalmente se concretaría en
el 2007.
En las elecciones generales del 2006, los principales candidatos a la presidencia de la República fueron el
oficial del Ejército del Perú en situación de retiro Ollanta Humala Tasso, por Unión por el Perú; el ex
presidente Alan García, por el Partido Aprista; y Lourdes Flores, por Unidad Nacional. El más novel de estos
candidatos, Humala, se había hecho conocido por una asonada que encabezó en las postrimerías del
gobierno de Fujimori, el llamado levantamiento de Locumba. En la primera vuelta realizada el 9 de abril del
2006, Humala quedó arriba, con el 30.62 % de las preferencias, y García quedó en segundo lugar, con el
24.33 %, superando de manera ajustada a Lourdes Flores, considerada como la candidata de la derecha. La
campaña por la segunda vuelta entre Humala y García planteó un dilema a miles de peruanos. A García, pese
a un discurso y perfil más moderado, se le recordaba su desastrosa gestión presidencial de 1985-1990; y a
Humala, con su mensaje radical orientado hacia la izquierda, se le identificaba con el autoritarismo al estilo del
presidente venezolano Hugo Chávez, quien incluso intervino groseramente a su favor, algo inédito en el
marco de las relaciones internacionales. Para diversos analistas, esta intromisión del chavismo favoreció a la
candidatura de García. La segunda vuelta, realizada el 4 de junio de 2006, en medio de un ambiente de
incertidumbre por el futuro de la democracia, dio por triunfador a García, con el 52.6 % de los votos, mientras
que Humala quedó con 47.3 % de los mismos.
Segundo gobierno de Alan García[editar]
Artículo principal: Segundo Gobierno de Alan García Pérez
El presidente Alan García Pérez saludado por los legisladores miembros de la Comisión de Recibo designada
para darle la bienvenida a su llegada al Palacio Legislativo. Año 2010
El segundo gobierno de Alan García Pérez se caracterizó por su marcado interés en favorecer la inversión
extranjera, por el deseo de acelerar la integración del Perú con los grandes mercados mundiales y de alentar
al empresariado a inyectar sus capitales en el país. En definitiva, siguió los lineamientos de la política
económica trazada desde 1990 (es decir tras el fin de su primer gobierno). Entre otros acuerdos, logró
finiquitar el TLC con los Estados Unidos, y acuerdos similares con China, Tailandia, Chile, Canadá, Corea del
Sur y México. De otro lado, la inflación llegó a su nivel más bajo en décadas (2 %), lo que resulta irónico
tratándose de García, cuyo primer gobierno había concluido con la mayor hiperinflación de la historia
republicana. Las reservas internacionales llegaron también a un récord histórico y se mantuvo el crecimiento
sostenido del país. Gracias a un adecuado manejo de la economía, el Perú pudo superar sin mayores
sobresaltos la recesión mundial que golpeó a los principales compradores, los Estados Unidos, la China, etc.
Otro hecho importante fue la demanda presentada por el Estado Peruano ante la Corte Internacional de
Justicia de La Haya para solucionar la Controversia de delimitación marítima entre Chile y el Perú sobre la
soberanía de una zona marítima de más de 67 000 km² en el océano Pacífico. El 16 de enero del 2009, el
embajador peruano Allan Wagner Tizón, entregó en la sede de la Corte la demanda y el 13 de marzo presentó
la memoria que sustentaba la posición peruana; mientras que Chile presentó su contramemoria el 9 de marzo
del 2010. La réplica peruana se dio el 9 de noviembre del 2010 y la dúplica chilena el 11 de julio el 2011. La
Corte, luego de analizar las posiciones de los dos países, dio su fallo el 27 de enero de 2014, ya bajo el
gobierno de Ollanta Humala. Por este fallo el Perú recobró más de 22 mil km² (33 %) de mar.9
No obstante, el gobierno de García debió soportar, al igual que el anterior de Toledo, de protestas sociales en
diversas localidades, siendo el episodio más sombrío la llamada masacre de Bagua, el 5 de junio del 2009,
donde, un enfrentamiento entre los nativos y las fuerzas del orden ocasionó la muerte de decenas de
personas, entre ellos 24 policías.10 Otro aspecto negativo fue el llamado escándalo Petrogate, que consistió
en la difusión de audios entre funcionarios del gobierno negociando la entrega de lotes petroleros a una
empresa extranjera.11
En las elecciones generales del 2011, se presentó por segunda vez como candidato a la presidencia el ex
comandante Ollanta Humala Tasso, por la alianza electoral Gana Perú, a la que se sumaron diversos partidos
de izquierda. También postularon Keiko Fujimori, hija del ex presidente Alberto Fujimori, por Fuerza 2011;
y Pedro Pablo Kuczynski, economista y candidato liberal, por la Alianza por el Gran Cambio. En la primera
vuelta, realizada el 10 de abril, Humala obtuvo la más alta votación (31.72 %), aunque sin llegar al 50 % más
uno de los votos requeridos por la Constitución. En segundo lugar quedó Keiko Fujimori, que superó con un
escaso margen a Kuczynski. Ollanta y Keiko pasaron así a la segunda vuelta, lo que alarmó a un sector de la
ciudadanía, ya que ambos aparentemente se identificaban con autoritarismos antidemocráticos: el
fujimorismo, en el caso de Keiko, y el modelo chavista de Venezuela, en el caso de Humala. Sin embargo,
Humala se esforzó en demostrar sus distanciamiento del chavismo, modificando su plan de gobierno original y
jurando un "compromiso en defensa de la democracia" ante la presencia de varios destacados intelectuales,
profesionales y artistas peruanos, quienes le brindaron su apoyo. Finalmente, en las elecciones de segunda
vuelta realizadas el 5 de junio del 2011, Humala resultó triunfador con el 51.44 % , con un margen de 3 % de
ventaja sobre su competidora Keiko.
Gobierno de Ollanta Humala[editar]
Artículo principal: Gobierno de Ollanta Humala
El inicio del gobierno de Ollanta Humala generó expectativa no solo en el Perú, sino a nivel internacional,
pues se creyó que acabaría con el predominio de la derecha neoliberal en su país y que se aliaría con los
gobiernos de izquierda del continente. Ni lo uno ni lo otro se cumplió. La llamada “Gran Transformación” que
anunciaba en su programa de gobierno original y que implicaba un giro radical al modelo económico vigente,
nunca se aplicó, lo que llevó a que varios de sus congresistas (entre ellos Verónika Mendoza), abandonaran
su partido, acusándolo de traición. De 47 congresistas que conformaban su bancada, se quedó con 31 al final
de su gobierno. Ya desde un inicio sufrió también la baja de su primer vicepresidente, Omar Chehade, al ser
descubierto éste en una reunión con jefes de la policía para favorecer a una empresa privada. 12 Además,
Humala tuvo 7 gabinetes ministeriales, la cifra más elevada en un gobierno peruano desde la época del primer
belaundismo.13
El primer y más grave conflicto social que tuvo que enfrentar fue el originado por la oposición de la población
al proyecto Conga de la minera Yanacocha (Cajamarca), que dejó varios muertos y obligó a la suspensión de
operaciones. El proyecto Tía María (Moquegua) también se vio paralizado ante la protesta popular, que derivó
también en actos violentos. En total, fueron más de 200 conflictos sociales los que tuvo que enfrentar el
gobierno. También se incrementó la inseguridad ciudadana y recrudeció la delincuencia, problemas ante los
cuales algunos ministros respondieron con poco tino, llegando uno de ellos a decir que solo se trataban de
“percepciones” de la ciudadanía.13
El quinquenio (2011-2016) se caracterizó por el protagonismo de la esposa del presidente, Nadine Heredia, a
tal punto que se habló de una posible usurpación de funciones. Durante algún tiempo, Heredia estuvo
voceada como potencial candidata a la presidencia en el 2016 (lo que dio pábulo al ex presidente García para
acuñar la frase de la “reelección conyugal” .14 ), pero acabó desplomándose su popularidad, junto con la del
presidente. En las postrimerías del gobierno, Heredia, involucrada en el caso de las agendas, empezó a ser
investigada por lavado de activos e impedida de salir del país.13
Entre los logros del gobierno de Humala está la asignación del PBI para el sector de Educación del 2.4% al
4%, la creación del programa Beca 18, que benefició a más de 60.000 jóvenes; el impulso a la aprobación de
la nueva Ley Universitaria;13 la promulgación de la Ley de Servicio Civil basada en la meritocracia del
empleado público.12 Se creó el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social del Perú, se impulsó grandes
programas sociales como Pensión 65, Qali Warma, Cuna Más. Se dio impulso al Sistema Integrado de Salud
(SIS), que da cobertura a 16 millones de peruanos; y al Plan Esperanza, que cubre tratamientos costosos en
salud.15 16 Se subió el sueldo mínimo de S/ 650 a S/ 750 en el 2012 y a S/ 850 en el 2016. 12 La inversión en
grandes obras públicas también fue muy importante: destacan la construcción del Aeropuerto Internacional de
Chinchero, la carretera longitudinal de la Sierra tramo 2, la Línea 2 del Metro de Lima, la modernización de la
refinería de Talara, el Gasoducto Sur Peruano,17 la inauguración del proyecto de irrigación Olmos, el
incremento de la infraestructura vial (más de 19.000 km), etc.12
Si bien recibió un país creciendo a tasas de 6 % anual, durante este periodo solo se creció en un promedio de
3 % anual, lo que se atribuye a factores coyunturales externos. La pobreza disminuyó en dos puntos
porcentuales.18 El gobierno no estuvo tampoco exento de sospechas de corrupción, al salpicarle el escándalo
del empresario Martín Belaúnde Lossio (ex asesor de la pareja presidencial), así como la acusación de un
supuesto soborno y pagos de la empresa Odebrecht al mandatario peruano a cambio de concesiones de
obras, caso este último investigado en Brasil en el contexto de una inmensa red de corrupción que involucra a
políticos y empresarios de dicho país, investigación conocida allí como la operación Lava Jato.12
En las elecciones generales de 2016, los principales candidatos que se presentaron fueron Keiko
Fujimori por Fuerza Popular (FP), Pedro Pablo Kuczynski por Peruanos Por el Kambio (PPK) y César
Acuña por Alianza para el Progreso. Con menos opciones figuraban la izquierdista Verónica
Mendoza por Frente Amplio, Alfredo Barnechea por Acción Popular, y los ex presidentes Alan
García (por Alianza Popular) y Alejandro Toledo (por Perú Posible). Fue Keiko Fujimori la candidata que
desde el comienzo mostró la mayor preferencia en intención de voto, con un porcentaje cercano al 40 %,
mientras que, más abajo, se disputaban el segundo lugar los candidatos Kuczynski y Acuña. Pero empezó a
alzar vuelo la candidatura de un hasta entonces desconocido Julio Guzmán, de Todos por el Perú, que
desplazó a Kuczynski y Acuña, llegando hasta el 20 % de intención de votos. Sin embargo, Guzmán fue
retirado de la competencia por las autoridades electorales por no cumplir una serie de requisitos en la
inscripción de su partido. También fue retirado Acuña, por violar el estatuto que prohibía dar dádivas a los
electores. Ello permitió que PPK remontara al segundo lugar, seguido muy de cerca por Verónica Mendoza y
Alfredo Barnechea.19
Realizada las elecciones el 10 de abril de 2016, Fujimori obtuvo el 39 %, mientras que PPK logró el 21 % de
votos, superando por un corto margen a Verónica Mendoza, que obtuvo el 19 %. En el Congreso, el
fujimorismo obtuvo 76 escaños de 135, obteniendo así una mayoría absoluta. La disputa electoral quedó así
reducida entre Fujimori y Kuczynski, en medio de una reñida contienda en la que proliferaron los mutuos
agravios; realizado el balotaje o segunda vuelta electoral, el 5 de junio de 2016, Kuczynski resultó ganador por
un ajustado margen, de más de 40.000 votos, apenas 2 décimas en el porcentaje total. 20 Influyó mucho en el
resultado, a decir de los analistas, la intervención a última hora de Verónica Mendoza, que desde el Cuzco
invocó a la ciudadanía a votar por PPK para impedir la llegada al poder del fujimorismo (motejado como
dictatorial, corrupto y mafioso), en momentos en que la victoria de Keiko parecía inminente. 21
Gobierno de Pedro Pablo Kuczynski[editar]
Artículo principal: Gobierno de Pedro Pablo Kuczynski
PPK dando su primer discurso presidencial.
El 28 de julio de 2016 Pedro Pablo Kuczynski juró como Presidente de la República en la ceremonia de toma
de mando realizada en el Congreso de la República.
Referencias[editar]
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