Tutela Administrativa Efectiva
Tutela Administrativa Efectiva
De tal modo, el derecho a la tutela administrativa efectiva, como también a la tutela judicial,
presenta una mayor amplitud garantís tica que el tradicional derecho de defensa5 , en tanto,
además de potenciar sustancialmente el derecho a la audiencia previa, a la prueba y a una
decisión fundada, pone en cabeza de las autoridades estatales el deber de organizar un
andamiaje jurídico institucional que posibilite a toda persona en forma efectiva la salvaguarda
de sus derechos en la esfera administrativa6 .
Desde este punto de vista, es evidente que no se condice con la garantía de la tutela
administrativa efectiva la concepción tradicional del procedimiento administrativo que lo
perfila como un mero cauce formalizado y rígido, al modo del proceso judicial, en tanto lo
entiende como el conjunto de actos de autoridad encadenados, cuyo único objeto es tomar
una decisión formal y donde lo relevante simplemente es ese producto final: el acto
administrativo.
El acceso sin cortapisas a las actuaciones administrativas durante todo el trámite constituye
una elemental y básica condición para la eficaz participación y defensa del interesado, pues
nadie puede defenderse o participar seriamente en un procedimiento administrativo si no
tiene un pleno conocimiento de los datos y documentos que componen el expediente y puede
obtener una copia de los mismos. Se trata, por lo demás, de un derecho que se conecta con un
principio republicano básico como es el de la publicidad y transparencia de los actos estatales
La extensión del plazo dentro del cual el interesado pueda ejercitar su defensa es otro aspecto
de capital importancia. Plazos breves pueden producir una limitación a la defensa a extremos
tales que hagan prácticamente imposible su ejercicio.
El derecho a contar con patrocinio letrado integra el derecho de defensa. Mas, como
consecuencia del principio del informalismo, como regla general, el patrocinio letrado es
facultativo36 en el procedimiento administrativo. Sin embargo, en algunos procedimientos
especiales, por sus peculiares características y la complejidad de la materia que se ventila, se lo
suele exigir en forma obligatoria. Tal es lo que ocurre en materia tributaria en los
procedimientos que se llevan a cabo ante el Tribunal Fiscal de la Nación38 y de la Provincia de
Buenos Aires. A.4) Derecho a ejercer la defensa sin que la misma se vea impedida por cargas
económicas
La notificación de los actos administrativos tiene una relevancia fundamental para el correcto
ejercicio del derecho de defensa. Ello es así porque, a partir de su producción, como regla, el
acto produce efectos jurídicos50 y comienza el cómputo del plazo para desarrollar la actividad
procesal de que se trate.
El derecho a la prueba constituye otra de las facetas esenciales para que la tutela de los
administrados en la órbita administrativa sea realmente eficaz. No es necesario explicar la
relevancia que la actividad probatoria tiene: al igual que en el proceso judicial, a través de ella
se persigue dar certeza sobre los hechos en que se funda una defensa o pretensión.
C) El derecho a que el procedimiento se resuelva mediante el dictado de un acto expreso
debidamente fundado y dentro de un plazo razonable
El derecho a la tutela administrativa efectiva no se agota con la posibilidad cierta de ser oído y
producir prueba, sino que requiere también que la Administración decida en forma expresa y
fundada la cuestión propuesta72 y dentro de un plazo razonable.
El tiempo es un elemento decisivo en la protección de los derechos. De poco sirve una decisión
acertada si no llega oportunamente. Es evidente que, en muchos casos, la duración excesiva
del procedimiento administrativo es susceptible de provocar un grave daño o tornar estéril el
derecho cuya protección se persigue. Por tal motivo, es fundamental que la Administración
tramite los procedimientos sin dilaciones y evite prácticas que no sean las estrictamente
necesarias para adoptar o ejecutar sus decisiones.
Al del debido procedimiento previo lo hemos erigido como un principio cardinal del
procedimiento administrativo y, con la denominación que adoptamos, adherimos a la
postura que se inclina por considerar que éste, en general, es el consagrado en el
artículo 7 inc. d), de la LNPA, el cual prescribe, como requisito esencial del acto
administrativo, el cumplimiento de los procedimientos esenciales y sustanciales
previstos y los que surjan implícitos del ordenamiento jurídico, siendo también esencial
el dictamen que proviene de os servicios permanentes de asesoramiento jurídico42. Lo
expuesto sirve para considerar que el denominado principio del debido proceso
adjetivo es una manifestación especial y también principal del requisito del
procedimiento previo; con ello se pone al particular no solo en una posición de
defensa, sino que también se lo realza en su condición de colaborador de la
administración, y si bien uno abarca al otro, haremos consideraciones por separado,
dada la gran importancia del principio del debido proceso adjetivo.
LIMITES
Los derechos fundamentales, si bien no deben ser condicionados en cuanto a su
ejercicio, están sujetos a límites, explícitos o no. En palabras de José Luis Cea, estos
derechos se tratan "de atributos que jamás tienen alcance absoluto, pues si lo
poseyeran se convertirían en prerrogativas típicas de un déspota que obra, con
rasgos ilícitos o abusivos"1.
Es así que el ejercicio de los derechos fundamentales se encuentra restringido por
determinadas exigencias propias de la vida en sociedad. Ello no se contrapone a la
convicción de entender que el Ser Humano ha de ser el centro de toda comunidad
organizada, sino, muy por el contrario, se vincula con un reforzamiento de las
garantías de una existencia plena, pacífica y respetuosa por los derechos y la
dignidad humana.
Reconocer, por tanto, que los derechos están sujetos a limitaciones no significa
restar a estas facultades del máximo valor y relevancia en el ordenamiento jurídico.
Se trata de un conjunto de atributos, cuyo respeto y protección son una de las
claves más importantes para evaluar la verdadera legitimidad de un modelo político
y social. Y ello, finalmente, por cuanto son derechos que cuentan no sólo con una
naturaleza subjetiva, sino que también con una dimensión objetiva que excede a la
mera titularidad radicada en una persona determinada y, especialmente, por su
íntima ligazón con la más noble esencia del ser humano, como es su dignidad. Con
esa misma carga valorativa, Jorge M. Quinzio nos recuerda: "Los Derechos
Humanos no son para aprenderlos de memoria. Todo el catálogo de los Derechos
Humanos es para mejorarlos y sacar conclusiones de cuando ellos fueron
vulnerados, para nunca más vivirlo ni negarlos, para que todos tengan
conocimiento de ellos, para hacerlos valer, respetarlos y exigir su respeto, vigencia
y garantía y hacerlos aplicables"2.
No obstante lo anterior, y como hemos dicho, los Derechos Fundamentales no son
absolutos ni ilimitados, sino que en verdad se encuentran sometidos a una serie de
restricciones o limitaciones que provocan que su titular no pueda ejercer
válidamente una determinada prerrogativa en ciertas circunstancias.
Jaime Guzmán lo explicaba en sus cátedras: "Los derechos humanos no son
absolutos, en el sentido de ilimitados. Desde el momento en que su titular es un ser
contingente y no absoluto, limitado y no infinito, sus derechos están sujetos —
forzosa e inevitablemente— a ciertos límites (...). Más allá de los límites que impone
la moral en aquellos ámbitos que corresponden exclusivamente al juicio de Dios y
de la propia conciencia, la vida en sociedad exige que el ordenamiento jurídico
también consagre limitaciones al ejercicio de todos los derechos humanos, en aras
del bien común3".
En virtud de lo anterior, queda de manifiesto que efectivamente deben existir
restricciones al ejercicio de los derechos, limitaciones que deben ser definidas
correctamente para su adecuada comprensión.
Para tal efecto, entenderemos por "limitaciones a los derechos
fundamentales", aquellas restricciones al ejercicio de un determinado derecho
básico, de manera tal que toda pretensión de ejercicio del atributo respectivo que
vulnere los límites impuestos por las mismas, es por esencia antijurídica y puede
derivar para el titular infractor, en las responsabilidades que para tal efecto, prevea
el ordenamiento jurídico positivo4.
2. Clasificación de las limitaciones a los derechos
fundamentales
Las limitaciones o restricciones a los derechos fundamentales pueden ser
clasificadas según diferentes criterios, a saber:
2.1. Clasificación según las circunstancias en las que operan Pueden ser
limitaciones ordinarias o extraordinarias:
2.1.1. Son limitaciones ordinarias aquellas que operan siempre, y que afectan el
ejercicio de un derecho tanto bajo condiciones de normalidad constitucional, como
bajo situaciones de excepción constitucional. Representan la regla general y se
aplican en todo momento5.
En la Carta Fundamental chilena, encontramos diferentes limitaciones ordinarias a
derechos, en diversos numerales del artículo 19, v. gr. el ejercicio libre de todos los
cultos reconoce como límite el respeto por la moral, las buenas costumbres y el
orden público6; el ejercicio de la libertad de enseñanza queda sometido a la moral,
las buenas costumbres, el orden público y la seguridad nacional 7; el derecho a
reunirse sólo es válido si se ejerce pacíficamente, sin armas y en el caso de
reuniones en lugares de uso público, deberán además respetarse las disposiciones
generales de policía8; etc. En todos estos casos, las restricciones operan
indistintamente en períodos de regularidad institucional, como también en estados
de excepción constitucional.
2.1.2. Son limitaciones extraordinarias (también llamadas "excepcionales"9),
aquellas que se producen sólo durante circunstancias de emergencia social o
institucional, y que han dado curso a la declaración de estados de excepción
constitucional.
En este sentido, el art. 43 de la CPR10 fija con absoluta claridad las garantías que el
Presidente de la República puede suspender o restringir 11 en virtud de la
declaración de cada estado de excepción constitucional.
2.2. Clasificación según el origen de la limitación<17
Nos referimos a las limitaciones que nacen del respeto por los derechos de las
demás personas, a las limitaciones de origen material y a las limitaciones de origen
positivo. Mientras las dos primeras se entienden implícitamente insertas en cada
derecho, las últimas son las que están expresamente consideradas por el
ordenamiento jurídico.
2.2.1. La primera categoría de limitaciones se refiere a aquellas restricciones que
nacen del respeto por los derechos fundamentales de los demás sujetos, vale decir,
de los demás miembros de la comunidad, circunstancia que impide a cada titular
utilizar su derecho en perjuicio de otro. También involucra el cumplimiento del bien
común. Al respecto, no debemos olvidar lo dispuesto en el art. 32.2 de la
Convención Americana sobre Derechos Humanos: "Los derechos de cada persona
están limitados por los derechos de los demás, por la seguridad de todos y por las
justas exigencias del bien común, en una sociedad democrática".
Al ser cada derecho un reflejo de la dignidad intrínseca de cada ser, no es posible
pensar en que una de estas prerrogativas esenciales pueda verse afectada por el
ejercicio de otro derecho esencial. Preferir los derechos de uno en desmedro de los
del otro, va a significar que se privilegia la dignidad de una persona en perjuicio de
la dignidad de otro ser humano, lo que atenta, en definitiva, no sólo en contra de la
razón sino que sobre todo, en contra de las bases mismas de la teoría de los
derechos humanos.
Por lo mismo, ya sea en uno o en otro caso, el ejercicio de un derecho, aun siendo
éste un derecho fundamental, debe ser racional y sin dañar los legítimos intereses
de otras personas. En caso contrario, su titular transgrede los contornos o fronteras
que delimitan al derecho y, por lo mismo, su conducta deja de ser amparada por el
ordenamiento jurídico.
2.2.2. Una segunda categoría de limitaciones o restricciones son aquellas
de carácter u origen material o físico, y que tienen que ver con las reales
posibilidades del Estado, directamente o a través de las instituciones privadas que
en virtud del principio de subsidiariedad colaboran con el mismo fin (AFP, Isapres,
etc.), para responder a determinados derechos llamados "prestacionales" o de la
"segunda generación"18.
Estas limitaciones se encuentran referidas exclusivamente a los derechos
económicos y sociales, los cuales exigen condiciones suficientes que permitan
satisfacerlos razonablemente, de tal modo que la ausencia del referido contexto
real significa, en la práctica, una verdadera limitación al ejercicio del derecho en
cuestión.
Es relevante destacar que esta clase de restricciones sólo pueden ser toleradas
respecto de los mencionados derechos económicos y sociales, entendidos éstos
como "derechos generales positivos a acciones fácticas del Estado" 19, toda vez que
son los únicos dentro del esquema general de derechos fundamentales que
dependen exclusivamente de las posibilidades reales de acción del aparato estatal.
Pero aun así, cabe indicar que no todos los derechos sociales se identifican como
"derechos prestacionales" que requieran de un esfuerzo presupuestario estatal, ni
todos pueden quedar expuestos en su protección a las posibilidades económicas del
Fisco20. Por lo mismo, es necesario analizar en cada caso, si en verdad se puede
considerar legítima o no, la restricción a un derecho económico o social, basada en
este tipo de consideraciones.
2.2.3. Finalmente, podemos reconocer la existencia de aquella clase de limitaciones
más habituales y reconocidas, que son las que expresamente están previstas por
el ordenamiento jurídico positivo.
A diferencia de las dos anteriores, estas limitaciones no se
entienden "implícitamente incorporadas en cada derecho", sino que su origen se
encuentra en el ordenamiento jurídico mismo, el cual de forma explícita las nombra
y reconoce; y es por este motivo que las insertamos en este criterio taxonómico.
Esto no quiere decir que carezcan de fundamento o justificación en valores o
principios de gran importancia, sino sólo que, para invocarlas, basta citar algún
precepto constitucional o legal para poder recurrir a ellas.
Para ello, tanto los instrumentos internacionales como las constituciones políticas
de los diferentes Estados establecen directamente restricciones al ejercicio de
determinados derechos, o bien, autorizan o delegan a determinadas autoridades,
normalmente en el legislador, para fijarlas. Esta última mención da origen a una
tercera clasificación, que es la que se expondrá a continuación.
2.3. Clasificación según la norma en la que consta la limitación
Naturalmente, esta clasificación sólo se refiere a aquellas limitaciones establecidas
expresamente en el ordenamiento jurídico.
Al respecto, Robert Alexy indica que el individuo tiene derecho a que su libertad
general de acción no sea "restringidapor normas que no son elemento constitutivo
del orden constitucional, es decir, que no son formal y materialmente acordes con
la Constitución"23. En ese sentido, agrega más adelante el mismo autor, "una norma
puede ser una restricción de derecho fundamental sólo si es constitucional. Si no lo
es, su imposición puede, por cierto, tener el carácter de una intervención pero no
de una restricción. Con esto, puede fijarse ya una primera característica: las
normas son restricciones de derechos fundamentales sólo si
son constitucionales 24.
Bajo esta perspectiva, consistente en que, en el plano interno, sólo la Constitución
puede permitir la imposición de limitaciones a los derechos, es que Alexy distingue
dos clases de restricciones de los derechos fundamentales 25:
2.3.1. Restricciones directamente constitucionales. Se trata de restricciones
de rango constitucional. En este caso, la cláusula restrictiva consta en la propia
Carta Fundamental, sin existir delegación a otra autoridad o persona para imponer
tales limitaciones.
En algunos casos, las restricciones directamente constitucionales son bastante
evidentes. En Chile, por ejemplo, la libertad de culto reconoce como limitación el
respeto a la moral, las buenas costumbres y el orden público 26; mismas limitaciones
que, además de la seguridad nacional, sufre el ejercicio de la libertad de
enseñanza27. Por su parte, el derecho de petición tiene como única limitación la de
proceder en términos respetuosos y convenientes28; mientras que la libertad de
asociación se ve restringida, al prohibirse las asociaciones contrarias a la moral, al
orden público y a la seguridad nacional29; por nombrar algunos casos. Todas estas
restricciones tienen un reconocimiento constitucional directo.
En otros casos, en cambio, la calidad de ser limitaciones directamente
constitucionales es menos nítido, como cuando en algunas Constituciones se hace
referencia a los "derechos de terceros" como restricción al ejercicio de un
determinado derecho30. En tal caso, la limitación será directamente constitucional
cuando los derechos que generan una restricción respecto de otro, tienen
consagración constitucional, en caso contrario, serán limitaciones sólo
indirectamente constitucionales.
2.3.2. Restricciones indirectamente constitucionales. Son aquellas cuya imposición
está autorizada por la Constitución. Vale decir, no se trata de restricciones
expresamente establecidas en la Norma Fundamental, sino que es ésta la que
genera competencia en favor de la ley u otro tipo de norma, para que sean ellas las
que impongan la limitación respectiva.
Según Alexy, "la competencia para imponer restricciones indirectamente
constitucionales se expresa de manera clarísima en las cláusulas de reserva
explícitas", siendo estas últimas "aquellas disposiciones iusfundamentales o partes
de disposiciones iusfundamentales que autorizan expresamente intervenciones,
restricciones o limitaciones"31.
En la Constitución Política chilena, tal como veremos, existen variadas cláusulas de
reserva explícitas, por medio de las cuales se habilita especialmente a la ley para
generar restricciones a determinadas garantías. En otras, la autorización se dirige a
autoridades administrativas, e incluso a jueces y particulares.
3. Las condiciones para la limitación de los derechos
fundamentales
En este punto, me referiré específicamente a las limitaciones establecidas en el
ordenamiento jurídico positivo.
La expresión "condiciones de limitación de los derechos fundamentales" la he
extraído de lo propuesto por Luis Prieto Sanchís 32, quien plantea que las facultades
de limitación de esa clase de derechos, quedan sometidas a dos circunstancias
especiales: la cláusula del contenido esencial de los derechos y la exigencia de
justificación.
A su vez, se puede señalar que son condiciones de limitación de los derechos
fundamentales, los presupuestos o requisitos que deben observar las autoridades
llamadas a imponer, con carácter general, restricciones ordinarias o extraordinarias
a esa categoría de derechos. Son una especie de "límites a la potestad limitadora",
en el entendido que ni el constituyente ni el legislador, ni cualquier otra persona o
autoridad que tenga facultades para restringir los derechos fundamentales, puede
actuar con absoluta libertad, a su arbitrio, o con poderes absolutos.
3.1. Condición de carácter competencial
En el plano interno, es materia de dominio constitucional el establecimiento de
limitaciones a los derechos fundamentales.
Por lo mismo, el legislador u otra autoridad sólo podrán proceder a limitar un
derecho fundamental, cuando previamente haya sido constitucionalmente
habilitado para ello. Esta habilitación o autorización sólo podrá provenir de la Carta
Fundamental, en virtud del principio de supremacía constitucional consagrado en el
artículo 6° de nuestro Código Político34; como también del art. 19 N° 26 de la
Constitución, que dispone que los preceptos legales podrán limitar las garantías que
establezca la Constitución, sólo cuando ésta así lo haya autorizado 35. De no existir
tal habilitación constitucional, el legislador carece de competencia para establecer
limitaciones o restricciones a los derechos fundamentales.
No debemos olvidar en este punto que respecto de ciertas garantías, la Constitución
Política, incluso, ha hecho claras diferencias en cuanto al rol que debe cumplir el
legislador. El caso más notable es lo que ocurre con el derecho a desarrollar
cualquiera actividad económica. En lo referente a esta garantía, la ley sólo puede
regular el derecho, mas no limitarlo. De hecho, al menos en dos ocasiones, el
Tribunal Constitucional chileno se ha pronunciado al respecto señalando
que "sujetar una actividad a una regulación significa establecer la forma o normas
conforme a las cuales debe realizarse, pero en caso alguno puede ser que, bajo el
pretexto de regular, se llegue a impedir el ejercicio de una actividad" 36, y "en caso
alguno, bajo pretexto de 'regular' un accionar privado, se pueden llegar hasta
obstaculizar e impedir la ejecución de los actos lícitos amparados por el derecho
consagrado en el artículo 19 N° 21 de la Constitución Política" 37.
3.2. Condición de carácter internacional
Esta condición se vincula con el respeto al llamado "bloque de constituciona-lidad
de derechos fundamentales"42, el cual supone que esta clase de derechos no se
encuentran establecidos ni garantizados sólo a nivel interno, sino que también
existe una consagración en el campo del derecho internacional, cuyas normas
deben ser respetadas, preferentemente, por los Estados. De esta manera, y a la luz
de lo dispuesto en el artículo 5° inciso segundo de la Constitución Política de la
República43, todos los órganos del Estado se ven sometidos al deber de ajustar su
actuación al respeto de tales atributos fundamentales.
3.3. Condición de carácter material
Ésta se refiere al respeto por el contenido esencial del derecho, el cual en el caso
chileno se encuentra expresamente protegido por el artículo 19 N° 26 de la Carta
Fundamental.
La protección por el contenido esencial de los derechos fundamentales nace,
positivamente, en Alemania. En efecto, el artículo 19 de la Ley Fundamental de
Bonn de 1949 dispone, en lo pertinente:
"(1) Cuando de acuerdo con la presente Ley Fundamental un derecho fundamentalpueda ser restringido por ley o en
virtud de una ley, ésta deberá tener carácter general y no estar limitada al caso individual. Además, la ley deberá
mencionar el derecho fundamental indicando el artículo correspondiente. (2) En ningún caso un derecho fundamenta
podrá ser afectado en su contenido esencial"