CARLOS ROBERTO SOLÓRZANO GARAVITO
Magistrado Ponente
AP3007 -2025
Radicación n° 60727
Acta No. 111
Medellín, dieciséis (16) de mayo de dos mil
veinticinco (2025).
VISTOS
Resuelve la Sala si admite o no la demanda de
casación presentada por el defensor de la procesada
MARÍA DEL CÁRMEN RIVERA GUERRERO, contra la
sentencia del 10 de septiembre de 2021, proferida por la
Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de
Bogotá que confirmó la decisión proferida por el Juzgado
Primero Penal Municipal con funciones de Conocimiento
de Bogotá, que el 11 de marzo de 2021, condenó a la
acusada como autora del delito de hurto calificado
continuado.
CUI 11001600005020160642001
Número Interno 60727
Casación Ley 906 de 2004
María del Carmen Rivera Guerrero
HECHOS
En el inmueble ubicado en la Calle 4 Nro. 53B – 88,
piso 3, del barrio Colonia Oriental de Bogotá, residía
Blanca Lucía Rivera junto con su menor hijo. En marzo de
2015, su tía, MARÍA DEL CARMEN RIVERA GUERRERO
sustrajo las llaves del apartamento que el niño llevaba en
su morral del colegio. Desde entonces y hasta mayo de
2016, aprovechó diversas ocasiones en las que el
inmueble se encontraba solo para ingresar sin
autorización y apoderarse, entre otros bienes, de dinero
en efectivo que la afectada guardaba en un cajón con
cerradura en la mesa de noche. RIVERA GUERRERO
conocía el lugar donde habitualmente se guardaba la llave
de dicho compartimento. No obstante, en una
oportunidad, al no tener acceso a ella, forzó la chapa para
abrir el cajón. Con ese comportamiento reiterado, se
apoderó de una suma superior a cuarenta millones de
pesos ($40.000.000).
ANTECEDENTES PROCESALES
1. El 28 de octubre de 2016, la Fiscalía imputó a
MARÍA DEL CARMEN RIVERA GUERRERO el delito de hurto
calificado continuado en calidad de autora, conforme lo
dispuesto en los artículos 239 inc. 1º, 240 numeral 4º y 31
parágrafo del Código Penal. La procesada no se allanó a
cargos. No hubo solicitud de medida de aseguramiento.
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María del Carmen Rivera Guerrero
2. Radicado el escrito de acusación ante el Juzgado
1º Penal Municipal con Funciones de Conocimiento de
Bogotá, su formulación oral se surtió en audiencia del 21
de abril de 2017. Oportunidad en la cual el ente acusador
adicionó el calificante descrito en el numeral 1º del
artículo 240 ibidem.
3. Agotadas las diligencias preparatoria y de juicio
oral, se profirió la sentencia del 11 de marzo de 2021,
mediante la cual la acusada fue condenada a las penas de
48 meses de prisión e inhabilitación para el ejercicio de
derechos y funciones públicas por el mismo lapso. No le
fue concedida ni la suspensión condicional de la ejecución
de la pena, ni la prisión domiciliaria, por expresa
prohibición legal del artículo 68A del Código Penal.
En la misma decisión se ordenó que, una vez cobrara
ejecutoria el fallo, se librara la respectiva orden de
captura para el cumplimiento intramural de la sanción
impuesta.
4. Apelado ese pronunciamiento, el Tribunal Superior
de Bogotá, por intermedio de la sentencia recurrida en
casación, expedida el 10 de septiembre de 2021, lo
confirmó en su integridad.
LA DEMANDA
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María del Carmen Rivera Guerrero
Consta de dos cargos.
1. El recurrente formuló un cargo principal con
fundamento en la causal 3ª del artículo 181 de la Ley 906
de 2004, por violación indirecta de la ley sustancial por
error de hecho derivado de falso juicio de identidad.
Aseguró que los jueces tergiversaron los testimonios
de la denunciante Blanca Lucía Rivera, su esposo Ismael
Buitrago Lozano y su otra tía Tránsito Rivera, toda vez que
de ellos no se deduce, más allá de toda duda razonable,
“la materialidad del hurto de los cuarenta millones de
pesos ($40.000.000), ni la responsabilidad de MARÍA DEL
CARMEN RIVERA”.
Según el recurrente, esas declaraciones, aunadas a
los videos de las cámaras de seguridad instaladas por la
víctima en su residencia, sólo demostraron los siguientes
hechos: (i) que Blanca Lucía Rivera vivía con su menor
hijo, en un apartamento ubicado en la Calle 4 Nro. 53B –
88 piso 3, barrio Colonia Oriental de Bogotá. (ii) Que a
petición de su abuelo Pacífico Rivera y su tía Tránsito
Rivera, aquélla guardó en su apartamento,
específicamente, en un cajón de la mesa de noche, la
suma de $40.000.000. (iii) Que MARÍA DEL CARMEN
RIVERA GUERRERO ingresó al inmueble el 16 y 22 de
marzo de 2016, fecha esta última en la que salió del lugar
portando una bolsa negra de basura llena. Y (iv) que la
víctima se percató que el cajón referido presentaba signos
de violencia.
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Por ende, a modo de ver del abogado, esa
información es insuficiente para fundamentar una
sentencia de condena. A “la luz de la sana crítica,
principalmente a la luz de los principios de la lógica, como
lo es el de razón suficiente, encontramos incompleto el
argumento que sostiene el sentido condenatorio de la
decisión”. Persiste “una duda insalvable sobre (…) la
materialidad de la conducta, no se determinó que en el
apartamento se encontraba dicha cantidad de dinero, (…)
no se determinó si se perdió la cantidad indicada por la
víctima en la denuncia y que se dio como hecho probado
cuando no es así”. Tampoco existe certeza sobre: el
número de oportunidades en que la procesada
supuestamente ingresó a la residencia de la víctima, el
contenido de la bolsa negra, y si RIVERA GUERRERO
contaba con autorización para ingresar al apartamento, ya
que lo hacía con “llave en mano”.
Por ende, concluyó “ante esas dudas considero que
se presentó falta de aplicación del artículo 7 del Código
de Procedimiento Penal respecto de la duda que debe
resolverse a favor de la encartada MARÍA DEL CARMEN
RIVERA, respecto de la materialidad de la conducta y su
responsabilidad. Lo que generó, además, la aplicación
indebida de los artículos 239, 240 del Código Penal y 381
del del Código de Procedimiento Penal, generando una
sentencia condenatoria de 48 meses de prisión sin
subrogados”.
Bajo esas explicaciones, concretó la finalidad del
recurso en “la efectividad del derecho material”, teniendo
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en cuenta que “la postulación del cargo busca la
aplicación del artículo 7º de la Ley 906 de 2004 al confluir
las razones para ello”.
Solicitó, en consecuencia, casar la sentencia
recurrida, para absolver a su representada del delito por
el cual fue acusada.
2. Por último, como cargo subsidiario, denunció el
libelista que los falladores realizaron una “interpretación
errónea” de los artículos 63 y 68A del Código Penal, para
negarle a su cliente el subrogado de la suspensión
condicional de la ejecución de la pena. Básicamente,
porque en aplicación del “principio de legalidad”, en su
dimensión relativa a la prevalencia de “la ley más
permisiva o favorable”, la procedencia de dicho beneficio
debió analizarse con base en: (i) la modificación que la
Ley 1709 de 2014 introdujo al artículo 63 del Código
Penal, esto es, la que amplió el requisito objetivo a cuatro
(4) años de pena, y (ii) las legislaciones anteriores en las
cuales el delito por el que fue condenada su representada
no estaba enlistado en el artículo 68A de la misma
normatividad.
Esa, en su criterio, era la interpretación más
“permisiva, favorable y garantista” para la acusada. Los
jueces debieron considerar que la sanción privativa de la
libertad impuesta a RIVERA GUERRERO no superaba los 4
años, que carece de antecedentes penales, cuenta con
arraigo familiar y laboral y que el delito de hurto
calificado no estaba excluido de beneficios y subrogados.
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Es decir, que cumplía a cabalidad, con todos los requisitos
previstos por la ley para el otorgamiento del sustituto
reclamado.
Solicitó, en consecuencia, que se case la sentencia y
se emita la sustitutiva de rigor.
CONSIDERACIONES
1. La Corte encuentra oportuno reiterar que el
recurso extraordinario de casación, conforme a los
lineamientos del artículo 181 del Código de
Procedimiento Penal de 2004, procede como un control
constitucional y legal de las sentencias proferidas en
segunda instancia en los procesos adelantados por
delitos, cuando afectan derechos y garantías
fundamentales, por los motivos señalados en las causales
previstas por el legislador.
De la misma manera, recalca cómo el inciso
segundo del artículo 184 ibídem establece que la
demanda no será admitida cuando el actor carece de
interés, prescinde de señalar la causal, no desarrolla los
cargos de sustentación o cuando de su contexto se
advierte fundadamente que no se precisa del fallo para
cumplir algunas de las finalidades del recurso. Por lo
tanto, el juicio de admisibilidad, como lo ha sostenido la
Sala, comprende los aspectos de idoneidad formal y
material. El primero relacionado con el cumplimiento de
las exigencias de claridad, concreción y debida
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fundamentación y, el segundo, con la aptitud del escrito
para la realización de los fines del recurso.
La idoneidad formal determina que el libelo
impugnatorio no puede ser un escrito de libre elaboración
y debe cumplir con unas mínimas condiciones de
admisibilidad, tales como: (i) acreditar el agravio a los
derechos o garantías ocasionado por la sentencia, (ii)
señalar la causal de casación sujetándose a los
parámetros lógicos, argumentales y de postulación
propios de la causal invocada, y (iii) determinar la
necesidad del fallo de casación para alcanzar alguna de
las finalidades señaladas para el recurso en el artículo 180
de la Ley 906 de 20041.
También la demanda debe enmarcarse en los
principios que gobiernan el recurso extraordinario de
casación, entre los que destacan:
(…) los de sustentación suficiente según el cual, la demanda
debe bastarse a sí misma para provocar la anulación del fallo;
el de crítica vinculante, por cuyo medio se exige una
argumentación fundada en las causales previstas
taxativamente por la normatividad vigente y el cumplimiento
de los requisitos de forma y contenido de acuerdo con la
seleccionada por el actor; el de no contradicción, que informa
que no es posible, en un mismo cargo, invocar varias
causales; y el de objetividad, conforme al cual la alegación
debe guardar absoluta fidelidad con la actuación 2.
Lo anterior, sin embargo, no es obstáculo para que,
como lo determina el inciso 3° del artículo 184 del
1
CSJ AP, 13 de junio de 2007, rad. 27537; AP 25 de julio de 2007, rad. 27810; AP,
27 de agosto de 2019, rad. 53402 y AP, 2 de octubre de 2019, entre otros.
2
CSJ AP 3439, 25 de junio de 2014, Rad. 41752.
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Estatuto Procedimental y atendiendo los fines de la
casación, fundamentación de los mismos, posición del
impugnante dentro del proceso e índole de la controversia
planteada, la Corte supere “los defectos de la demanda
para decidir de fondo” con el cometido de obtener la
efectividad del derecho material, el respeto de las
garantías de los intervinientes, la reparación de los
agravios que le fueran inferidos o la unificación de la
jurisprudencia.
2. Caso concreto
Vistos los lineamientos anteriores, surge nítido que
la demanda no satisface los requisitos legales y
jurisprudenciales para ser admitida, ya que, como se verá
a continuación, el censor carece de interés jurídico y los
cargos, en todo caso, fueron desarrollados con
incorrecciones formales y materiales.
2.1. Es postura reiterada de esta Corporación que el
interés para recurrir no sólo deriva de la legitimidad,
oportunidad y procedencia de la impugnación, sino de
haber recurrido el fallo de primera instancia, presupuesto
para cuestionar en casación la sentencia de segundo
grado, pues la ausencia de impugnación comporta una
manifestación de conformidad con lo decidido. De ahí que
mal podría convocarse a la Corte a resolver una
controversia no planteada al Tribunal por la parte o sujeto
procesal. Al respecto, en providencia CSJ SP 30 abr. 2014,
rad. 41534, la Sala puntualizó:
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Cuando la decisión judicial no se pronuncia respecto de un
específico tópico, como consecuencia de que el sujeto
procesal no hizo petición alguna al respecto, tampoco existe
legitimidad para exigir corrección alguna.
Ello surge evidente, en tanto, en esencia, los recursos son
instrumentos previstos por el legislador para que las partes
reclamen la corrección de los errores cometidos por los
jueces al resolver las peticiones de estas o adoptar
determinaciones oficiosas, contexto dentro del cual no puede
señalarse como equivocada la ausencia de pronunciamiento
sobre lo que no se reclamó.
En palabras sencillas, si la parte no pide un acto específico y,
por esa obvia razón, el juez nada decide al respecto, resulta
contrario a cualquier coherencia que, por intermedio del
recurso, se invoque como equivocada esa supuesta omisión,
que no lo es, porque solamente se omite lo que, habiendo
sido pedido, no se resuelve.
De igual forma, como únicas excepciones a esa regla
de legitimidad, la jurisprudencia de la Sala ha reconocido
las siguientes situaciones:
“(i) Cuando aparezca demostrado que arbitrariamente se le
impidió el ejercicio del recurso de instancia. (ii) Cuando el
fallo de segundo grado modifique su situación jurídica, de
manera negativa, desventajosa o más gravosa. (iii) Cuando se
trate de fallos consultables que causen perjuicio, para los
eventos en que aún resulte procedente. (iv) Cuando el sujeto
procesal proponga nulidad por la vía extraordinaria”. (CSJ AP,
16/2022, rad. 60702).
En este caso, aunque la recurrente ostenta la
condición de sujeto procesal, carece de interés jurídico
para impugnar la sentencia proferida por el Tribunal
Superior de Bogotá, como quiera ninguno de los
reproches incluidos en los dos cargos que conforman la
demanda de casación fueron propuestos en la
impugnación del fallo de primera instancia. La
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inconformidad de la apelación se circunscribió a
cuestionar la nulidad de la actuación por ausencia de
defensa técnica y el monto de la sanción impuesta por no
conceder el descuento máximo previsto en el artículo 269
del Código Penal. Adicionalmente, no se alegó en esta
sede ninguna de las circunstancias excepcionales
señaladas líneas atrás.
Lo expresado, por tanto, es razón suficiente para
inadmitir la demanda.
2.2. Sin perjuicio de lo anterior, haciendo
abstracción de la ausencia de interés, los cargos
formulados por el defensor de la procesada también se
advierten inadmisibles, por las siguientes razones:
2.2.1. En el primer cargo el libelista acusó la
violación indirecta de la ley sustancial por error de hecho
derivado de falso juicio de identidad.
a. Como se sabe, esta especie del error de hecho se
configura cuando el juzgador distorsiona el contenido
objetivo de la prueba para hacerla decir aquello que no
expresa materialmente, bien sea porque realiza una
lectura equivocada de su texto (falso juicio de identidad
por tergiversación), le agrega circunstancias que no
contiene (falso juicio de identidad por adición), u omite
considerar aspectos relevantes de aquél (falso juicio de
identidad por cercenamiento).
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Su debida postulación impone la carga de identificar,
en concreto, la prueba sobre la que recae el yerro. Así
mismo, indicar lo que ella decía y demostrar que el
entendimiento que del medio de conocimiento obtuvo el
juzgador fue distinto. Se trata, entonces, de un ejercicio
de confrontación que, a la manera de una doble columna,
reproduce en la primera lo que textualmente dice la
prueba y, en la segunda, lo que se le hizo decir, para
destacar luego la incidencia del yerro en la decisión, de
forma que, si no se hubiera cometido el error, el sentido
del fallo habría sido otro sustancialmente diferente 3.
Por lo tanto, quien denuncia un yerro de esa
naturaleza debe además de hacer evidente su
trascendencia, demostrar cómo la contemplación del
exacto tenor de aquélla, en conjunto con los demás
elementos de convicción que sustentan la sentencia,
llevaría a una conclusión jurídica diversa y favorable a los
intereses del impugnante.
En este asunto, no obstante, esa censura se quedó
en un mero enunciado. La sustentación del cargo no
permite ver que una cosa fue lo expresado por los
testigos de cargo, y otra, lo que al respecto se consignó
en la sentencia de condena. El demandante citó algunos
fragmentos y frases de los testimonios de la denunciante
Blanca Lucía Rivera, su esposo Ismael Buitrago Lozano y
su tía Tránsito Rivera, pero no señaló los apartes
concretos y específicos de la sentencia que
supuestamente modificaron las expresiones contenidas
3
Cfr. CSJ AP 03 ago. 2005, Rad. 23.977. CSJ AP, 25 sep. 2021. Rad. 55678, entre
otros.
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en ellos; lo que no podía ser de otra manera pues el juez
consideró en debida forma esas pruebas, sólo que les dio
un alcance suasorio diverso al pretendido por el censor.
A juicio del abogado, era otra la valoración
probatoria. No porque se hubiera tergiversado o
cercenado el contenido objetivo de la prueba testimonial
y documental, sino porque simplemente lo declarado en
las sentencias censuradas no coincidió con su teoría del
caso, según la cual los elementos materiales probatorios
practicados al interior del presente asunto no
demostraron, ni la materialidad de la conducta, ni la
responsabilidad penal de su cliente, pues existen
múltiples dudas que debieron ser resueltas a favor de la
procesada.
Como es notable, entonces, se trata de reparos que
no evidencian la configuración de un error de observación
de la prueba, en alguna de sus variables. Se limitó el
defensor a plantear, como si se tratara de un alegato de
instancia, su criterio sobre lo que debieron deducir los
juzgadores de los elementos de convicción acopiados en
el proceso. De esta manera, enfrentó su análisis al de los
sentenciadores, con lo cual omitió considerar que ese tipo
de discrepancias no son atendibles en sede de casación,
dada la doble presunción de acierto y legalidad que
reviste la sentencia impugnada, en tanto el criterio
valorativo del fallador prevalece sobre el de los sujetos
procesales.
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b. Podría pensarse, en gracia a discusión, que el
recurrente pretendió acercarse a la senda de un falso
raciocinio por la supuesta infracción al principio de razón
suficiente en la valoración probatoria. No obstante, esta
censura infringe el principio de corrección material, en
tanto la sentencia de condena se fundó en el análisis
conjunto de la totalidad del material probatorio acopiado
en el juicio, entre ellos, los testimonios de Blanca Lucía
Rivera, su esposo Ismael Buitrago Lozano y su tía Tránsito
Rivera, aunados a los videos de las cámaras de seguridad
instaladas por la víctima en su domicilio y dos registros de
audio contentivos de conversaciones entre la afectada y
su tía acusada.
Elementos de convicción, todos ellos, que se
estimaron suficientes para tener por demostrado, más allá
de toda duda, que en entre los años 2015 y 2016, MARÍA
DEL CARMEN RIVERA GUERRERO sustrajo las llaves del
apartamento donde residía Blanca Lucila Rivera y, de
manera paulatina, tras múltiples ingresos no autorizados
al inmueble, se apoderó, entre otros bienes, de dinero en
efectivo que la afectada guardaba en un cajón de la mesa
de noche. En total, de una suma superior a $40.000.000.
La argumentación del juez a quo fue la siguiente:
Conforme las exigencias del artículo 381 del Código de
Procedimiento Penal (…) se pudo deducir que no existe duda
acerca de la ocurrencia de los hechos expuestos, así como
tampoco existe duda acerca de la responsabilidad penal de
María Carmen Rivera Guerrero de cara a la conducta endilgada.
No hay duda alguna de que aquella, con pleno cocimiento, con
llave que sustrajera del maletín escolar del hijo de Blanca Rivera
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entró al apartamento de ésta última a fin de hurtar dinero y
mercado. Veamos.
Blanca Lucía Rivera (víctima), manifestó que denunció a su tía
María del Carmen Rivero por cuanto ésta con llave que
sustrajera a su hijo menor de edad ingresó a su apartamento
(…) a fin de hurtarle dinero y enseres. (…) Que el dinero que la
encausada alcanzó a sustraer ascendió a más de $40.000.000
de los cuales $28.000.000 eran de su abuelo Pacífico Rivera,
$13.000.000 de su tía Tránsito Rivera y dinero propio de la
testigo fruto de su trabajo y arriendos. (…) Narró que el jueves
santo del año 2016 enfrentó a la acusada y que ésta le negó
haber ingresado a su apartamento a hurtar, motivo por el cual le
solicitó una prueba de poligrafía y es así que antes de la
realización de la prueba María del Carmen Rivera Guerrero
confiesa el hurto del dinero, que lo veía haciendo desde finales
del 2015 y que ingresó a su apartamento en más de 10
ocasiones.
A continuación, por intermedio de la testigo se reproducen (…)
El video de fecha 16 de marzo de 2016 muestra cuando la
acusada ingresa al apartamento de la víctima dejando las llaves
colgando en la puerta; cuando se dirige a su habitación y luego
a la mesita de noche; cuando abre la nevera; la manera en que
recorre el inmueble; como va cargando con una bolsa negra;
cuando se dirige a la zona de lavandería y cuando abandona el
inmueble con la bolsa negra llena. El video de fecha 22 de marzo
de 2016, fecha en la cual la testigo se encontraba en el
municipio de Mosquera, da cuenta igualmente de cuando la
acusada ingresa nuevamente a su apartamento cuando se dirige
a su habitación y luego a la mesita de noche y la forma en que
abre dicho mueble con las mangas cubriéndole las manos y
como saca dinero de allí. En ambos videos la víctima reconoce a
María del Carmen Rivera como la persona que ingresa a hurtar
dinero y otras cosas en su apartamento, por su contextura y
peinado.
Igualmente se reproducen dos archivos de audio que dan
cuenta, según refiere la testigo, de conversaciones sostenidas
con la acusada cuando decide enfrentarla; (…) las partes que se
oyen claras dan cuenta de cómo la mujer que habla con la
víctima acepta que si entró a su cuarto, que hizo mal, que robó,
que tiene la llave desde el año pasado (2015) y que no cuenta
con el dinero que se hurtó.
Ismael Buitrago Lozano (pareja de la víctima). (…) afirmó de
manera categórica que la víctima en efecto recibió dinero de
parte de su abuelo Pacífico y de su tía tránsito (…) así como
igualmente observó como Blanca recibía dinero por concepto de
arriendos; que es cierto que Blanca guardaba dinero en la
mesita de noche que tenía en su cuarto (…) Que también vio los
videos y pudo reconocer a la acusada como la persona que
entraba y salía de la casa de Blanca.
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Tránsito Rivera (Tía de la víctima). Que el día de cumpleaños del
hijo de la acusada, 22 de marzo de 2016, se encontraba en una
lavandería que queda diagonal al apartamento de su sobrina
víctima y vio como María del Carmen entraba y luego salía con
una bolsa negra llena, estando Blanca fuera de Bogotá. (…) Que
también vio los videos grabados por las cámaras de seguridad
instaladas en el apartamento de la víctima y corroboró que se
trataba de la acusada entrando y saliendo de allí, y que una de
las grabaciones correspondía al día que había visto a María del
Carmen desde la lavandería aledaña.
Así las cosas, de la valoración conjunta de las pruebas
practicadas se pudo dar cuenta de la materialidad de la
conducta investigada y de la responsabilidad penal endilgada.
Reiteramos, no se presentó prueba alguna que diera cuenta de
lo contrario o que arrojara algún manto de duda acerca de la
participación de la acusada en los hechos investigados.
Por ende, dada la plausibilidad y suficiencia en que
se soporta la conclusión cuestionada por el censor, el
reproche por falso raciocinio tampoco puede ser admitido.
c. Por último, no está de más acotar que, tampoco
cabe afirmar, simplemente, la duda como fórmula general
que debería serle reconocida a la procesada, toda vez que
a ella sólo se arriba dentro del espectro de la vía indirecta,
cuando quiera que median errores probatorios en una
cualquiera de sus variantes de hecho o de derecho y, en
este caso, como quedó evidenciado, lejos estuvo el
demandante de acreditar yerro de apreciación alguno que
la respalde.
2.2.2. Ahora bien, en el cargo subsidiario, la
violación directa de la ley la hizo consistir el libelista en la
interpretación errónea de los artículos 63 del Código Penal
y 29 de la Ley 1709 de 2014.
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Es que, según del censor, dada la obligación de los
jueces de aplicar de manera prevalente de la ley “más
permisiva o favorable”, en este caso, la procedencia del
beneficio de la suspensión condicional de la ejecución de
la pena debió estudiarse con base en una combinación de
diferentes nomas. Esto es, con la modificación que la Ley
1709 de 2014 introdujo al artículo 63 del Código Penal,
ampliando el requisito objetivo a cuatro (4) años de pena,
y las legislaciones anteriores en las cuales el delito por el
que fue condenada su representada no estaba enlistado
en el artículo 68A de la misma normatividad.
Pues bien, aunque el cargo se ajusta a la causal
seleccionada, no ostenta la trascendencia necesaria para
ser examinado por la Corte en la medida que el artículo
184 de la Ley 906 de 2004 ordena inadmitir la demanda,
entre otros eventos, «cuando de su contexto se advierta
que no se precisa del fallo para cumplir algunas de las
finalidades del recurso». Y ello es así porque, en este
asunto, luego de examinar la actuación, la Sala advierte
que no se han vulnerado las garantías fundamentales de
las partes ni se ha desconocido el derecho sustancial y,
menos aún, se requiere de su intervención para unificar la
jurisprudencia.
Bien sabido es que, de manera pacífica y reiterada
de la Sala ha descartado, en estos casos, la creación de
una lex tertia. No solo porque ello es labor propia del
legislador, sino porque esa mixtura desnaturaliza por
completo la figura del beneficio o subrogado, termina
contrariando su finalidad y violenta el principio de
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igualdad. Así se precisó en providencia CSJ SP2998-2014,
rad. 42623:
(…) no puede acudirse a una combinación inapropiada de
requisitos de una y otra normas, porque si bien, la Corte ha
aceptado en algunas ocasiones la posibilidad de aplicar la
llamada lex tertia, ello opera en circunstancias muy
particulares, también desarrolladas ya por la jurisprudencia
de la Sala (CSJ SP, 3 sep. 2001,16837), que refieren la
posibilidad de realizar esa mixtura cuando los preceptos
confrontados remiten a institutos, subrogados o sanciones
diferentes, y no en los casos en que se busca aplicar un
beneficio concreto a partir de tomar en consideración
elementos disonantes de las diferentes normatividades en
juego.
Al respecto, señaló la Corte: Lo importante es que identificada
una previsión normativa como precepto, cualquiera sea su
conexión con otras, se aplique en su integridad, porque, por
ejemplo, no sería posible tomar de la antigua ley la calidad de
la pena y de la nueva su cantidad, pues un tal precepto no
estaría clara y expresamente consagrado en ninguno de los
dos códigos sucesivos, razón por la cual el juez trascendería
su rol de aplicador del derecho e invadiría abusivamente el
ámbito de la producción de normas propio del legislador. A
esta distinción de preceptos para efectos exclusivos de
favorabilidad (ella supone una ficción), de modo que
hipotéticamente puedan separarse en su aplicación,
contribuye, verbigracia, el espíritu del artículo 63 del estatuto
vigente, según el cual el juez podrá suspender la ejecución de
la pena privativa de la libertad y exigir el cumplimiento de las
otras (multa e inhabilitación), sin que por ello se convierta en
legislador o renegado de la respectiva disposición sustantiva
que obliga la imposición de las tres penas como principales y
concurrentes, pues la decisión judicial no es norma sino
derecho aplicado.
Actuar en contrario de lo dicho, vale decir, tomar factores
favorables de una y otra normatividades, para así construir el
beneficio o subrogado, no solo implica una suplantación ilegal
del legislador, sino que finalmente la combinación normativa
desnaturaliza por completo la figura del beneficio, desdice de
su finalidad y, no por último menos importante, termina por
violentar el principio de igualdad.
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Por ende, desde tal perspectiva, salta a la vista que
el alegado vicio de interpretación errónea no se desarrolló
a partir de la demostración de la alteración del correcto
sentido y alcance de las normas referidas, sino con base
en una muy personal posición de la recurrente que, como
quedó evidenciado, contraría el criterio que sobre la
materia ya ha definido y decantado esta Corporación en
múltiples pronunciamientos.
En este caso, advierte la Sala, la negativa frente a la
concesión del sustituto de la suspensión condicional de la
ejecución de la pena obedeció, justamente, a la necesidad
de acatar el texto íntegro del artículo 63 del Código Penal,
modificado por el artículo 29 de la Ley 1709 de 2014, el
cual incluye la prohibición de conceder ese mecanismo,
cuando la condena sea, entre otros, por el delito de hurto
calificado.
Así las cosas, está claro que el reproche carece de
aptitud sustancial para infirmar el fallo recurrido, debido a
que no refuta atinada y suficientemente las razones que
sustentan la no concesión del citado beneficio.
2.2.3. En suma, no habiéndose presentado los cargos
en casación con respeto de los requisitos mínimos para su
estudio de fondo, es innegable su indebida
fundamentación, lo cual constituye razón suficiente para
inadmitir la demanda. Además, la Sala no advierte la
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presencia de supuestos justificantes para superar los
defectos del libelo, con el propósito de decidirlo de fondo.
Cabe advertir, para finalizar, que contra la presente
decisión procede el mecanismo de insistencia de
conformidad con lo establecido en el artículo 184 del
Código de Procedimiento Penal de 2004 y con las reglas
que ha definido la Sala en pronunciamientos anteriores a
la presente decisión4.
En mérito de lo expuesto, la Sala de Casación
Penal de la Corte Suprema de Justicia
RESUELVE
INADMITIR la demanda de casación presentada en
nombre de MARÍA DEL CARMEN RIVERA GUERRERO.
ADVERTIR que, de conformidad con lo dispuesto en
el art. 184 inc. 2º de la Ley 906 de 2004, contra la
presente decisión procede el mecanismo de insistencia,
con atención de las reglas definidas jurisprudencialmente
por la Sala.
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CSJ, AP 12 dic. 2005, Rad. 24.322.
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NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE
MYRIAM ÁVILA ROLDÁN
Presidenta
GERARDO BARBOSA CASTILLO
FERNANDO LEÓN BOLAÑOS PALACIOS
GERSON CHAVERRA CASTRO
DIEGO EUGENIO CORREDOR BELTRÁN
JORGE HERNÁN DÍAZ SOTO
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HUGO QUINTERO BERNATE
CARLOS ROBERTO SOLÓRZANO GARAVITO
JOSÉ JOAQUÍN URBANO MARTÍNEZ
NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA
Secretaria
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